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⮕ APÓYANOS

Thor Heyerdahl y “Rapa Nui”. VIII


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Al llegar al punto donde dejamos la historia de Rapa Nui, en el anterior texto, la tradición local personalizaba los sucesos. Hablaba de una “hanau momoko” llamada Moko Pingei, para unos, esposa de un “hanau eepe”, para otros, contratada por éste como cocinera. Así que Moko Pingei vivía en el Poike, o tenía acceso libre a él. El relato hacía hincapié, en los sentimientos de esta mujer – que se afligía y lloraba por su gente – quizá para disculpar su traición (no debemos olvidar que la leyenda, era patrimonio de los “hanau momoko”, la raza de Hotu Matua). El caso es que Moko Pingei se reunió con los suyos, fraguaron un ardid y, convinieron una señal para ejecutarlo.

Una noche, próxima ya la madrugada, los espías de los “hanau momoko”, distinguieron a su colega femenina, sentada en uno de los extremos de la enorme trinchera, trenzando un canasto. Era la indicación que esperaban: significaba que los “hanau eepe” dormían a pierna suelta tras una gran fiesta. Silenciosamente, las huestes atacantes se aproximaron a donde Moko Pingei les aguardaba y, fueron entrando en el Poike de uno en uno, por el borde del acantilado. Así continuaron avanzando, hasta rodear toda la península, completando un semicírculo, a retaguardia de sus enemigos. Al romper el día, el resto del contingente de guerreros “hanau momoko, concentrado en el llano, se lanzó en dirección al foso de Iko, esgrimiendo sus armas y dando alaridos. Al oírlos, los “hanau eepe” se levantaron para repeler el ataque y, prendieron fuego a la zanja, sin darse cuenta de que, al hacerlo, caían en una trampa mortal. Súbitamente, los subrepticios invasores surgieron a sus espaldas y, se produjo la encerrona. La batalla fue sangrienta, porque los “hanau eepe” luchaban con desesperación por salvar sus vidas, lo cual no consiguieron. Los “hanau momoko” los echaron a las mismas llamas, que sus rivales les tenían destinadas. Fue el fin de la estirpe de los “hanau eepe”. Y la tradición local concluía la historia, agregando que “la zanja se llenó por completo y, el buen olor a carne asada de las víctimas, subió por los aires”, en clara alusión a un canibalismo prácticamente en boga, por aquellos tiempos.

Solamente 3 “hanau eepe” lograron escapar, dando brincos a través de la inmensa hoguera. Eran Ororoina, Vai y un tercero, del cual la tradición ha olvidado el nombre. Corrieron después a ocultarse en una cueva, que todavía hoy, se muestra a los turistas. Pero sus enemigos los persiguieron hasta allí y, por la apertura de la caverna, acuchillaron con estacas aguzadas, a dos de los supervivientes, hiriéndoles de muerte. El tercero, Ororoina, no cesaba de exclamar: “Orro, orro, orro”, palabras de su propio idioma, que sólo él entendía. Pero su grito, preñado del terror y la agonía, de quien sabe que su fin es inminente, movió a compasión a sus acosadores; conscientes estos, de que era el último de los de su raza, le perdonaron la vida para que pudiera procrear.

Ororoina fue aceptado en la casa de uno de sus enemigos, Pipi Horeko, que moraba en el “maunga” (‘cerro’) Toatoa, un montículo puntiagudo, en las cercanías del Rano Raraku, el volcán de las estatuas. Se casó posteriormente con una “hanau momoko” de la familia de Haoa y, tuvo numerosos descendientes, algunos de los cuales viven hoy, entre la población mayoritaria de nativos del tronco racial de Hotu Matua.

“Yo creo en esa leyenda”, apostilló el padre Sebastián, al acabar su narración. “Sé que para la ciencia ese foso es natural, pero los científicos también se equivocan. Conozco muy bien a mis indígenas. Conservan de la tradición de ese lugar, una impresión demasiado viva, para que sea todo, una simple fantasía”. Heyerdahl no tenía otra salida, que aceptar lo que el sacerdote le pedía. A esas alturas, además, él se había interesado también, en descubrir lo que podría haber de verdad, en el fondo de aquella cuestión. Sin pensárselo dos veces, prometió a su ilusionado interlocutor, que los arqueólogos excavarían la fosa de Iko.

Pues eso.

(Continuará)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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