Thor Heyerdahl y “Rapa Nui”. VI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Al proseguir la excavación el equipo de Thor Heyerdahl, aparecieron más anzuelos de pesca, junto a esquirlas de hueso, conchas marinas, carbón vegetal y dientes humanos. Luego, a mayor profundidad y, cuando ya todos creían haber alcanzado, niveles de un pasado muy remoto, el doctor William Mulloy (llamado familiarmente Bill) arqueólogo principal de la expedición, encontró ¡una perla veneciana azul! El propio Mulloy pudo identificarla, como una muestra de las que los europeos intercambiaban con los indios americanos, 200 años atrás.
En cuanto al curioso hallazgo de Bill, podía explicarse, a través de cualquiera de las visitas a la isla, acaecidas durante el siglo XVIII (¡Felipe González!1770; Cook, 1774; La Perouse, 1786) pero no era posible remontarse más allá de la primera de ellas, la del almirante Jacob Roggeveen, quien fondeó frente a sus costas, el 5 de abril de 1722. Afortunadamente la duda se resolvió a las primeras de cambio, mediante la rápida consulta del cuaderno de bitácora, del marino holandés. Cuenta en él Roggeveen, que al primer nativo que alcanzó a nado, el costado de su navío, se le permitió subir a bordo, donde le obsequiaron con un espejo, unas tijeras… y un par de collares de perlas azules. “Nada más natural”, apunta Heyerdahl, “que algunas de aquellas perlas, hubiesen llegado a la mansión real de Anakena”. Y añade: “Lo cierto es que ahora sabíamos, que valía la pena, excavar en la yerma isla de Pascua”.
Había mucho que hacer, demasiados enigmas que resolver. Y el de las fechas de las supuestas inmigraciones y, poblamiento posterior de Rapa Nui, por estar en el origen de todo lo demás, reclamaba prioridad. La expedición noruega iba a solucionarlo en parte, pero todos, incluidos el padre Sebastián y, sus ya conturbados “súbditos” pascuenses, estaban lejos de sospechar, la increíble verdad de lo hechos.
La península del Poike, conforma el vértice oriental de la isla de Pascua. El nombre significa, en pascuense, “lugar donde se quiebra la noche”, poética y, sobre todo, gráfica expresión, porque es, en efecto, el primer sitio que iluminan los rayos del sol naciente. Se trata de u promontorio de unos 3 km. de ancho, por 4 de largo, el cual se hallan algunos de los cerros más altos – alrededor de 400 m. - de Rapa Nui. Por sus costados norte, este y sur, el Poike se desploma sobre el mar, en tremendos acantilados; sólo hacia el oeste desciende en suave pendiente, hasta nivelarse con la llanura, a través de lo que parece una depresión rectilínea del terreno, en dirección norte-sur, la fosa de Iko, de luctuosa fama entre los pascuenses.
El promontorio culmina en un pequeño cráter, donde en la actualidad prospera un bosquecillo de eucaliptos El Pu-aka-tiki – que así se domina dicho cráter – es la primera cumbre, que alcanza a verse desde la lejanía, viniendo en barco; desde él, a su vez, puede divisarse la totalidad de la península, además de espiar cualquier movimiento de un hipotético enemigo, al otro lado de la supuesta depresión. Al contrario que en el resto de la isla, el rasgo físico dominante en el Poike, es la ausencia casi total de piedras en sus laderas, que aparecen recubiertas de un lustroso pasto verde. Esta circunstancia insólita y, el aspecto de zanja defensiva, de la fosa de Iko sugieren, inevitablemente, algún tipo de intervención humana en el pasado, con fines inciertos.
Aquel día el padre Englert, estaba de excelente humor. Activo por temperamento, exudaba dinamismo por todos sus poros y, estudiaba a Heyerdahl, con aire aparentemente distraído, mientras ordenaba papeles y cartas, en la mesa de su despacho. Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.