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El nacimiento del Carlismo autogestionado


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

En 1955, don Javier asumió personalmente la dirección de la Comunión, nombrando una secretaría nacional donde los carlistas más posibilistas sustituyeron a los críticos en el entorno del Pretendiente y apostaron por la vía de colaboración con el régimen franquista, sin desprenderse de su identidad, con el objeto de lograr el nombramiento de un príncipe de la Casa Borbón-Parma como sucesor de Franco.

En el acto de Montejurra de 1957 fue presentado, por primera vez, el hijo mayor del pretendiente, don Carlos Hugo que asumió, oficialmente, el título de Príncipe de Asturias. Comenzaba, entonces, un proceso original y único: convertir a un universitario francés en un príncipe español. Para ello se le cambió su nombre, para hacerlo más "carlista" y se intentó que toda la sociedad española le conociera. Así, la prensa "descubrió" que trabajaba como minero en Asturias, que tenía conciencia social y cuatro hermanas que fueron noticia y portada en numerosas ocasiones en la prensa, de tal manera que la popularidad de los Borbón-Parma aumentó. En 1964, Carlos Hugo se casó con la princesa Irene de Holanda -convertida al catolicismo- en Roma lo que reforzó sus lazos familiares con la realeza europea. Pero la decisión de Franco al elegir como sucesor, en julio de 1969, al príncipe don Juan Carlos de Borbón, supuso el fin de la última aventura dinástica de los Borbón-Parma, que, al protestar por la designación, fueron invitados a salir de España. Sin embargo, una nueva etapa, no obstante, comenzaba para el carlismo.

El Concilio Vaticano II había afectado muy seriamente a un movimiento político que se consideraba defensor de la Iglesia, pues ahora la misma no quería ser servida como secularmente lo había sido. Muchos carlistas no entendieron ni comprendieron el giro que obligaba el Concilio a los católicos y unos se quedaron perplejos ante los cambios conciliares, mientras otros decidían seguirlos entusiásticamente.

A ello se unió la gran capacidad de convocatoria del carlismo, paralelo a un cambio generacional. Se produjo la entrada de una nueva juventud que no había vivido la Guerra Civil y que no presentaba vínculos directos con el régimen franquista. El auge del obrerismo y del izquierdismo en Europa obligaba, según esa juventud, a una relectura ideológica en clave populista, no intransigente y antiautoritaria. El debate generó, lógicamente disputas y divisiones internas, a veces plagadas de ambigüedad, pero este sector del carlismo no hizo más que profundizar en esa relectura a partir de 1969.

A partir de la ruptura con la anterior estrategia política, don Javier comenzó a ceder responsabilidades a su hijo Carlos Hugo en la marcha del carlismo, del que le confió su gobierno en febrero de 1972, a causa de un grave accidente. Ya entonces, a través de las asambleas en la base del movimiento y los congresos de Arbonne, se impusieron las tesis de los carlistas partidarios de una revisión ideológica. Se transformó la organización política, que fue presentada como Partido Carlista, sustituyendo a la Comunión Tradicionalista, al tiempo que se planteaba una alternativa global basada en la autogestión como columna vertebral de la reforma.

Y así, esos nuevos carlistas defendieron la autogestión ideológica y política para aumentar el carácter popular del partido, presentado como alternativa de masas, dentro de una concepción pluralista de la representación política. Enarbolaron la autogestión económica y social como proyecto alternativa al mutualismo y la caridad tradicional. A través de la empresa y del sindicato, los revisionistas plantearon un socialismo autogestionario. Y optaron por una nueva autogestión territorial, transformando el concepto "Unidad de las Españas" en Estado federal formado por comunidades locales y regionales dotadas de autonomía. Coronando el sistema defendieron una Monarquía socialista.

En definitiva, el Partido Carlista se convirtió en un partido socialista, autogestionario y federal, con el beneplácito de Carlos Hugo y tres de sus hermanas. A partir de la "clarificación ideológica" comenzó a distribuirse y circular folletos y libros explicativos de la misma, lo que motivó que numerosos carlistas se apartaran de la fidelidad a Carlos Hugo, suplidos por jóvenes nacionalistas, antifranquistas y cristianos marcados por los ecos del Concilio. En el otro lado de la orilla, se consolidó un amplio abanico de grupos tradicionalistas e integristas, enfrentados con las nuevas directrices y orientaciones, que se iría desvinculando poco a poco de la formación.

Las autoridades apoyaron, de forma más o menos explícita, a alguno de los anteriores núcleos tradicionalistas, concentrando sus esfuerzos represores sobre los seguidores del "príncipe rojo". Sin embargo, el Partido Carlista desarrolló una gran actividad de frentes de lucha, con los frentes obrero, estudiantil, de barrios, profesional y campesino, aunque el Frente Obrero del Partido Carlista, originalmente vinculado a Comisiones Obreras, fue el único que alcanzó niveles de implantación notables.

Al mismo tiempo, comenzaron los contactos de los carlistas autogestionarios con la oposición interior y exterior al régimen franquista. En la segunda mitad de 1974, el Partido Carlista se incorporó a la Junta Democrática de España, abandonándola a principios de febrero del año siguiente entre acusaciones de centralismo. Más adelante se integró en la Plataforma de Convergencia Democrática -con Izquierda Democrática y el PSOE- que terminaría por fusionarse con la Junta, en marzo de 1976, en Coordinación Democrática. Mientras, los autogestionarios participaron activamente en las abundantes luchas obreras, políticas y vecinales de la etapa de 1974-1977.

Don Javier abdicó definitivamente en su hijo mayor en 1975. Un grupo de carlistas tradicionalistas le solicitó el juramento de aceptación y respeto del ideario tradicional de Dios, Patria, Fueros y Rey. Al negarse, Carlos Hugo rompió todo vínculo con esa rama del carlismo que decidió activar la Comunión Tradicionalista, surgiendo otros grupúsculos legitimistas más. El camino hacia la fragmentación extrema había comenzado.

 

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.


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