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No a Prieto como presidente del Gobierno


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En la primavera de 1936, la tensión política en España aumentaba rápidamente. Como resultado de su derrota electoral en febrero, la derecha tomó la decisión de librar su batalla, contra las reformas propugnadas por el Frente Popular, más allá de la escena parlamentaria. En el mes de mayo, Prieto, al enfrentarse con la amenaza creciente de sedición, intentó reforzar el gobierno republicano, asumiendo su presidencia. El ascenso del entonces presidente del gobierno, Manuel Azaña, a la Presidencia de la República, le dio a Prieto la oportunidad que necesitaba, para reintegrar a los socialistas en el gabinete de gobierno.

Este había sido el objetivo fundamental de Prieto, desde la recuperación del pacto republicano-socialista en 1935. Sin embargo, tanto la izquierda del partido, como la UGT, frenaron dicha iniciativa. El 6 de mayo, la UGT amenazó de nuevo con romper el Frente Popular, si la Ejecutiva del PSOE permitía la entrada de socialista en el gobierno. A pesar de que tanto la Comisión Ejecutiva como el Comité Nacional del PSOE, respaldaban a Prieto, dentro de la minoría parlamentaria socialista, resultante de las elecciones de febrero, la hostilidad caballerista era evidente. La mayoría caballerista en el grupo parlamentario, condenaba al fracaso la propuesta de Prieto, de un gobierno del Frente Popular.

Por consiguiente, cuando el 10 de mayo, Azaña juró como nuevo Presidente de la República, y encargó a Prieto la tarea de formar gobierno, éste rechazó dicha propuesta, fundamentándola en que no podía contar, con el apoyo de la minoría socialista en las Cortes.

La debilidad de los grupos republicanos, había sido el punto de partida de la política prietista desde 1931. Pero mientras que esta percepción, había llevado a los centristas del PSOE, a defender la colaboración en el gobierno, como condición previa fundamental, para una auténtica reforma, en 1936 la izquierda del partido, adoptó un nuevo marco de acción. En vista de la crisis manifiesta del republicanismo, los caballeristas aguardaban, de forma poco realista, que la administración republicana cumpliera el programa del Frente Popular, antes de forzar un gobierno exclusivamente socialista.

Apartar de la jefatura del gobierno a Azaña, el hombre fuerte de la izquierda republicana, y el elemento de cohesión más importante, entre los partidos de la izquierda, en un momento de tanta tensión, sólo podía justificarse si se le podía sustituir, por alguien de la misma capacidad política. Era manifiestamente reconocido, que dicho vacío sólo podía llenarlo Prieto. Sin embargo, también era conocida, la total oposición de la izquierda del PSOE a su nombramiento. Y nos resulta hoy difícil de comprender, como un político tan astuto como Prieto, pudo comportarse como si no fuera consciente, de que los bolchevizadores del PSOE no tolerarían la repetición de una coalición como la de 1931-1933.

Los caballeristas, abogaban por la formación de un “partido único” de clase. Y, ya en abril de 1936, la Agrupación Socialista Madrileña (ASM) tenía la intención de presentar, en el próximo Congreso del PSOE, una proposición para la unificación de socialistas y comunistas. Así, el enconamiento de la izquierda con Prieto, no surgió de improviso, al presentarse en mayo, la posibilidad de elevar a Prieto a la Jefatura del Gobierno.

Si D. Inda, no estaba preparado, y claramente parece que no lo estaba, para ir tan lejos sin tener en cuenta la posición de la izquierda socialista, y aceptar la responsabilidad, por el daño inevitable, que ello iba a infligir, en la ya de por si precaria unidad en el partido, Prieto, en opinión de muchos, incluida la mía, no debería haber respaldado con tanta fuerza, el ascenso de Azaña a la Presidencia de la República.

Pues eso.

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.