HEMEROTECA       EDICIÓN:   ESP   |   AME   |   CAT
Apóyanos ⮕

¿Qué hechos favorecieron en 1873 al Carlismo en guerra?


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

En abril de 1872 los carlistas se alzaron en armas contra la Monarquía democrática existente en esos momentos en España. Sus fracasos iniciales hicieron creer a los mandos militares que la causa estaba en sus últimos rescoldos. Sin embargo, a finales de ese año y comienzos de 1873 volvieron a alzarse y, esta vez, consolidando sus posiciones en el norte peninsular ¿Cómo pudo ocurrir si no lograron sublevar a unidades del Ejército?

En primer lugar habría que tener en cuenta que el avance de la revolución democrática había provocado un fortalecimiento de la contrarrevolución. El nacimiento de la Primera República y las manifestaciones de la prensa más izquierdista, unida al recuerdo de los sucesos revolucionarios de la Comuna de París (1871) asustaron a los sectores más conservadores de la sociedad, que pasaron a financiar, respaldar y engrosar las filas carlistas. Si bien el nuevo régimen convocó elecciones a Cortes Constituyentes sólo participaron en ellas un 40 % del censo electoral. En las zonas con fuerte implantación del voto radical republicano, la población –radicalizada por las aspiraciones revolucionarias- se alzó en cantones independientes. Esta situación en varias ciudades andaluzas y levantinas -unida a la división de los republicanos- desestabilizó aún más al Gobierno central. En muy poco tiempo, se sucedieron cuatro presidentes en el poder ejecutivo. Estos hechos, junto al persistente problema cubano, ayudaron a presentar un estado catastrófico de la nación, sensibilizando sobre todo a los sectores militares, que estaban ya bastante molestos por la falta de una clara dirección en el Ejército, al sucederse un baile de diez ministros de la Guerra entre el 11 de febrero de 1873 y el 2 de enero de 1874. Además el fracaso de la reforma militar, tendente a eliminar el servicio militar obligatorio y sustituirlo por un ejército de voluntarios, provocó descontento en los apoyos sociales del régimen.

Caber recordar también que, si bien no existía una serie de Estados europeos abiertamente simpatizantes de la causa de Carlos VII, la posición de Francia ante los sucesos españoles fue decisiva. La República gal se mostró más preocupada por la radicalización de su homóloga española que por las actividades contrarrevolucionarias, las cuales fueron permitidas en su territorio y muy protegidas por los monárquicos legitimistas franceses, que pusieron su influencia, medios económicos y prensa al servicio de sus hermanos carlistas. Todo lo cual fue observado con recelo por el canciller alemán Otto von Bismarck, verdadero árbitro de las relaciones internacionales europeas, que siempre intentó impedir que la opción carlista obtuviera la victoria. A su entender, el triunfo de los legitimistas españoles alentaría a sus hermanos franceses, uno de los mayores temores del político prusiano, al considerar que tras su éxito se produciría una rápida recuperación de Francia, derrotada por sus ejércitos en 1870.

En tercer lugar, aunque el régimen democrático español contaba con reconocimiento internacional, ninguna nación le prestó apoyo en su lucha contra los carlistas. Portugal mostró su recelo ante un sistema con fuertes tendencias iberistas; Gran Bretaña se esforzó en defender sus intereses económicos; Italia y Austria, aliadas del poderoso Imperio Alemán, neutralizaron las posibilidades intervencionistas de otras potencias.

En España, la situación militar comenzó a cambiar de curso cuando los mandos contrarrevolucionarios decidieron, antes de avanzar sobre Madrid, poner sitio y conquistar la ciudad de Bilbao a fines de año; la simbólica ciudad que no había caído en su manos durante la Primera Guerra debía ganarse en la Tercera. Y así, en diciembre, los legitimistas concentraron numerosas tropas y establecieron el cerco, finalizando un año en que habían consolidado frentes y fuerzas, ante un Ejército liberal con graves problemas internos y múltiples frentes.

El 20 de febrero de 1874 comenzó el bombardeo de la ciudad. Los escasos medios de que dispusieron las fuerzas carlistas para atacar Bilbao hicieron que la vida no fuera excesivamente difícil para sus habitantes, si bien hubo barrios especialmente castigados, progresivamente abandonadas por sus moradores. Los 6.875 proyectiles enviados contra la plaza a lo largo del sitio causaron unos 75 muertos y por más de 300 heridos, a los que debe añadirse el lógico aumento de la mortandad natural. Los días más duros fueron los inmediatamente anteriores a la entrada de tropas liberales, pues los alimentos escaseaban hasta punto de ser una de las mayores preocupaciones del general Castillo, por más que éste tratara de disimularlo. Los daños materiales fueron bastante elevados, estimándose en cerca de diez millones de reales. Y, si bien los carlistas tuvieron finalmente que retirarse, no por ello abandonaron sus esperanzas, por lo que la guerra civil duró dos años más.

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.