El capitán Richard F. Burton. Entre los ismaelíes. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
El inesperado descubrimiento de los ismaelíes, reunidos bajo el manto del joven agha khan Mahallati, les restableció la categoría de fuerza de gran importancia, dentro del islam, con la cual aún era necesario contar. Aunque no fueran excesivamente numerosos, pronto se convirtieron en una esencial ayuda para los ingleses, ya que el joven príncipe imam, resulto ser un oportunista, dotado de una destreza y astucia sin igual.
El sha Qajar, Fath’Ali, falleció en 1834. Su sucesor, el sha Muhammad, fue coronado en 1835, momento en el cual el imam y el nuevo “chargé d’affaires” británico, John M’Neill, se hicieron amigos íntimos. El país se hallaba sumido en continuos tumultos. Las expresiones populares de insatisfacción y, rechazo contra el gobierno de Qajar, menudeaban y aumentaban de tono. Los ascetas vagabundos predicaban por doquier, una doctrina ultramundana, según la cual Dios era inmanente a todas las cosas (eso me suena a Spinoza). Escaseaban los alimentos y, las tropas del sha, comenzaron a saquear los campos. El sha rechazó las ofertas de amistad y concordia, propuestas por los ingleses y, optó por trabar lazos de amistad con los rusos.
Entretanto, el joven agha khan había solicitado, que se le nombrase gobernador de Kerman, aquella provincia de intensa significación emotiva y religiosa, para los ismaelíes. En la zona abundaban de hecho los ismaelíes y, su proximidad con la India, facilitaba el viaje de los “khojas” (fieles ismaelíes). Toda la provincia se hallaba en un estado, que cabría calificar de guerra civil. A la postre, tras varios años de guerras y treguas sin resultado, el agha khan hubo de padecer la ignominia, de verse capturado y encarcelado, por tropas leales al sha. Durante los ocho meses que permaneció internado, en una prisión provincial, los “khojas” fieles llegaron de la India, para rendir homenaje y hacer entrega a su líder espiritual, del consabido tributo anual. El imam fue por fin liberado, bajo la promesa de que se retiraría, a las posesiones de la familia en Mahallat. Y a lo largo de su vida, gozó de la generosidad de sus leales súbditos, que le hicieron entrega voluntaria, de lo que otros gobernantes establecidos en el poder, se veían obligados a recabar mediante impuestos, los cuales sólo se satisfacían, bajo la presión de las amenazas.
Entretanto, los ingleses habían empezado a planear, la invasión de Afganistán, al tiempo que ganaban terreno, palmo a palmo, en las tierras de los amirs, situadas en el bajo Sind. La Compañía de las Indias Orientales, necesitaba una maniobra de diversión en Irán, que impidiese al sha Muhammad, hacer valer sus exigencias sobre Afganistán. A los ojos de la Compañía, toda la región constituía una sola unidad: el control de Afganistán, del sureste de Irán, del Beluchistán, el Sind y el Punjab – territorios de dimensiones imponentes – no solamente le daría la llave de Asia central, sino que también frenaría, el avance de los rusos. De este modo se forjó una nueva alianza secreta, entre la Compañía y el agha khan.
En su supuesto exilio en el Mahallat, el agha khan en realidad se dedicaba a todo. Hizo acopio de un ejército de ismaelíes, con unos 500 caballos, que reforzó mediante la contratación de mercenarios y, en octubre de 1840, emprendió rumbo al sur, hacia Kerman, sin que el sha tuviese conocimiento de esa maniobra y, sin que, por supuesto, le hubiera dado permiso. Unos documentos falsificados, en los cuales se le designaba gobernador de Kerman, le facilitaron el paso, por las pequeñas poblaciones rurales, sin encontrar oposición alguna. En Kerman, sin embargo, se descubrieron sus falsedades. Estalló una batalla contra las tropas del gobernador, una de las muchas en que iban a verse envueltos, a lo largo de los próximos años. La sopesada opinión de Richard F. Burton, después de llegar a conocer al príncipe imam, es que la maniobra no fue sino “un intento absolutamente ridículo, por rebelarse contra el soberano reinante, el sha Mohammad”.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.