004 la Antártida. El periodo clásico
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Durante este mismo periodo foquero o lobero, se produjo el primer contacto, con la tierra firme continental, realizado en las costas de la península Antártica, aunque los historiadores no logran ponerse de acuerdo, sobre la primacía del evento. Mientras los norteamericanos dudan, entre Palmer y Davis, los rusos apuestan por Bellingshausen – descubridor de la isla de Alejandro I en 1820 y, los ingleses por el capitán escoces Robert McFarlane, que llegó a dichas costas, a finales de octubre de 1820.
Al periodo foquero sucedió, el llamado periodo clásico de las exploraciones antárticas, integrado por tres expediciones, que se desarrollaron entre 1838 y 1843. Fueron la del geólogo francés Dumont d’Urville, la del norteamericano Charles Wilkes y, la del inglés James Clark Ross. Con ellos se inició una etapa dorada, durante la cual el Sexto Continente se reveló como tal, con un tamaño más humilde, que el que le había atribuido la fantasía, de los geógrafos renacentistas y, se incorporó definitivamente, al escenario del quehacer humano. A Dumont d’Urville, le debemos el intento inaugural, de localizar el Polo Sue magnético. Wilkes exploró 2.500 km del litoral correspondiente, al cuadrante australiano, aunque no pudo determinar, si lo que se prolongaba, era una costa continental, o un conjunto de islas soldadas entre sí por el hielo. Pero fue James Clark Ross, quien se llevó la palma, en cuanto al número y variedad, de resultados exitosos. Tras bordear el “pack” – superficie de hielos de origen oceánico – se introdujo en el mar que, en adelante, llevaría su apellido. Descubrió la descomunal barrera de hielo homónima y, más allá, en las avanzadillas de la Tierra Victoria, observó dos volcanes: Erebus y Terror. La plataforma de Ross, el más profundo de los golfos polares, sería el camino que conduciría, a comienzos del siglo XX, a la conquista, del Polo Sur geográfico.
Tras el viaje de Ross, incomprensiblemente, se produjo una interrupción de 50 años, durante la cual el Continente Blanco, recuperó su turbada soledad. La visita que, a finales de 1873, realizó el primer barco de vapor – el ballenero “Grönland”, bajo el mando del capitán E. Dallman – a las estribaciones de la península Antártica, es meramente anecdótica.
En las dos últimas décadas del XIX, desde que los noruegos inventaron el cañón arponero, la Antártida paso a ser feudo exclusivo, de los cazadores de ballenas.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.