El nacimiento de una nueva prensa durante el Sexenio Revolucionario (1868-1874)
- Escrito por Antonio Manuel Moral Roncal
- Publicado en Historalia
Tras la revolución de septiembre de 1868, se descompuso de la mayor parte de la prensa del reinado de Isabel II (1833-1868). Paradójicamente, los periódicos progresistas que más habían trabajado para crear un ambiente propicio al cambio político, sufrieron el cierre. Habían soportado una serie de medidas represivas por parte de los últimos gobiernos moderados tan fuertes que no pudieron recuperarse. En cuanto a la prensa moderada y dinástica, no pudo oponerse al ataque de los revolucionarios que pretendían, con su cierre, demostrar su fuerza arrolladora. Se inició una práctica que habría de repetirse durante todo el sexenio: el cierre de periódicos y el encarcelamiento de periodistas. Así, desaparecieron La Constancia, dirigida por Cándido Nocedal y La España, por Pedro de Egaña, el 28 y 29 de septiembre de 1868. El escritor tradicionalista Francisco Navarro Villoslada, director de El Pensamiento Español, y su hermano, administrador del diario, fueron encarcelados. Por otra parte, los revolucionarios intentaron incendiar el edificio de La Época, aunque luego se conformaron con llevar a su director, Ignacio José Escobar, ante un tribunal popular.
En cambio, nacieron muchísimos periódicos, nacidos bajo una nueva legislación favorable a la libertad de prensa. La inundación de prensa fue impetuosa de tal manera que en los primeros dos años surgieron de trescientos periódicos nuevos en Madrid. El interés por el hecho político y el aumento del abanico de partidos explican, asimismo, el incremento del número de periódicos y de sus tiradas. La Correspondencia llegó a editar cincuenta mil ejemplares; La Igualdad oscilo entre treinta y seis mil y quince mil.
El aumento de la polémica política, en la que tuvo un papel determinante tanto la prensa de partido como la de opinión, fue un hecho que fue acompañado de una respuesta contundente por parte del gobierno de turno: el cierre de la prensa de oposición. Asimismo, tuvo una triste fama la célebre Partida de la Porra, brazo armado del gobierno contra determinados órganos de prensa. Entre sus víctimas debemos destacar a don Juan Rico Amat, periodista que, desde un punto de vista conservador, había criticado a ciertos personajes de la nueva sociedad revolucionaria, ridiculizando sus actitudes y conductas. Director de Don Quijote, un periódico politico-satírico, sufrió tal paliza de los porristas que murió a los pocos meses por consecuencias de las heridas. Igualmente, Juan Azcárraga, director de El Papelito, fue atacado y asesinado el 31 de julio de 1871 por esos mismos delincuentes. También quedaron malheridos José María Fernández de Bremón y José Gutiérrez de Aguilar, redactores de El Siglo.
En aquellos años, también surgió con fuerza una prensa político-satírica, de indudable éxito popular, que intentó demostrar -desde la sátira y la caricatura- que los periodistas tenían un importante papel que desempeñar en el nuevo régimen. Como veremos, también sufrió suspensiones y recortes por parte de las autoridades gubernativas, demostrando de esta manera el alcance de sus críticas. Y es que la crispación política alcanzó importantes cotas, enervada por el enfrentamiento ideológico, del que los medios de comunicación no fueron inmunes. Muy pocos fueron los periódicos que intentaron realizar una oposición constructiva o que defendieron la necesidad de atemperar los enfrentamientos entre los diversos partidos políticos. La mayoría ayudó a la formación de culturas de confrontación entre las diversas familias liberales, internamente, y entre ellas y el carlismo.
En la prensa política, las crónicas parlamentarias aumentaron en importancia y comenzaron a tomar un aire polémico; se mantuvo la revista de prensa, es decir, la recopilación de opiniones vertidas por otros periódicos, también desde una perspectiva conflictiva; se implantaron en forma continuada los artículos de fondo; se incrementó el espacio reservado al folletín, es decir, a las secciones de diversiones, espectáculos, novela por entregas, amenidades que tomaron cuerpo definitivo, tendiendo a dilatarse.
En cuanto a la distribución, se observó una tendencia a la reducción drástica de la suscripción para pasar a venderse mayoritariamente en las calles, sobre todo los periódicos liberales. De esta manera, la prensa recuperó su espíritu callejero, habitual en los períodos revolucionarios de 1820-1823 y 1854-1856. Por otra parte, la mayor parte de los periódicos buscaron ingresos a través de la publicidad. En este sentido, La Correspondencia llegó a obtener beneficios de treinta a treinta y cinco mil duros al año. La empresa de El Imparcial abarató el precio del periódico a costa de imprimir en sus locales otro tipo de prensa para rentabilizar esa política, pues no se podía llegar ser deficitario.
A la hora de valorar la prensa política no resulta tan fácil la distinción entre los periódicos de opinión y los de partido. En ocasiones, un órgano de prensa puede adscribirse en ambos grupos, aunque en diferentes épocas. Por otra parte, existió una prensa oficial: La Gaceta de Madrid, medio que fue utilizado, desde el primer momento por los revolucionarios. En ella, las decisiones y acuerdos de la Junta Superior Revolucionaria aparecieron insertos entre septiembre y octubre de 1868, en lugar preferente a las disposiciones del Gobierno Provisional. Más adelante, se convirtió en el órgano político del gobierno de turno. En el campo legitimista, y durante la Tercera Guerra Carlista, El Cuartel Real asumió las funciones de su rival madrileña en el territorio dominado por sus ejércitos, además de El Boletín Oficial del Principado de Cataluña, impreso en San Juan de las Abadesas, El Cuartel General en La Seo de Urgell, y El Boletín Oficial en Villahermosa, en la provincia de Valencia.
Antonio Manuel Moral Roncal
Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.