Prácticas pedagógicas postpandemia: una fractura metodológica transformada en pragmatismo
La cultura del aula es una base muy importancia de convivencia en España así como en los países vecinos. La forma presencial en las aulas, garantiza una unidad de tiempo y espacio que permite a todos los alumnos beneficiarse de una oferta pedagógica común. El encierro cuyo comienzo fue en la primavera de 2020 puso un freno brutal a la conciencia de grupo de clase. Aniquiló lo que era posible y casi natural para los profesores y también para los alumnos. Alrededor de un tercio de los educadores se encontraron con la sensación de que su actividad estaba impedida o incluso mutilada, por la ausencia de encuentro con su alumnado. Una gran parte de esta clase –profesores universitarios- trató de recuperarse como pudieron, y otra gran parte de ellos buscaron nuevas formas de enseñanza y construyó nuevos recursos didácticos, también como automotivación. Han sobrevivido a este caos, los grados y másters que nacen concebidos como educación elearning, online para entendernos. Ya está todo construido para que se pueda desempeñar con alto nivel académico una enseñanza compleja pero de rigor, que asiste de una forma muy personalizada al alumnado. Bien es verdad que hay algunas disciplinas –medicina, fisioterapia, odontología- cuya mayor carga lectiva se realiza sobre la práctica presencial. Pero otras formas se han desarrollado a escalas inimaginables: las humanidades, las lenguas, los debates, las conferencias…han sido recursos muy loables de implementación en grados como el derecho, el magisterio o las ciencias políticas y filosofía.
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