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¿El miedo a morir ha crecido con la pandemia?


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

La pandemia ha traído, ha dejado en las consultas de psiquiatras y psicólogos una cantidad monumental de pacientes que han sufrido el terror de la muerte de forma muy cercana, han afrontado situaciones límite, no solo desde un punto de vista personal, también social.Tener miedo a la muerte es una aprensión bastante sana y legítima. Nos permite ser precavidos en nuestra vida cotidiana y ponernos límites, pues de lo contrario nos pondríamos en peligro perpetuo."Es importante pensar en la muerte de vez en cuando, siempre que no se convierta en algo invasivo, ayuda a resaltar la naturaleza preciosa de la vida", dice la psicóloga clínica Aline Nativel Id Hammou (2020) entre otros. Pero cuando se lleva al extremo, el miedo a la muerte puede convertirse en algo patológico, neurótico e incapacitante. Esto se suele denominar tanatofobia. Corresponde al miedo excesivo, intenso y duradero a la muerte, que provoca una ansiedad incontrolable en la persona que se enfrenta a un objeto y/o contexto relacionado con la muerte. "Es un miedo irracional e irrazonable a la muerte, ya sea la de los seres queridos (miedo a la muerte) o la propia (miedo a morir)", afirman algunos estudiosos. Este miedo provoca importantes trastornos en la vida de la persona afectada (sociales, profesionales, familiares, psicológicos, físicos), como por ejemplo: la incapacidad de dejar a sus hijos solos, la incapacidad de tomar determinados tipos de transporte, la incapacidad de tener cuchillos en casa, la incapacidad de ir de viaje o de realizar determinadas actividades... El tanatofóbico evita cualquier cosa que pueda conducir o acelerar la muerte. El único lugar en el que se sienten seguros suele ser su casa. Es obvio que con la pandemia se ha acrecentado este tipo de obsesión o manía y tiene su razón de ser, lógicamente. "El miedo a la muerte no es simplemente el miedo a perder la vida, es también el miedo a dejar de existir, a no poder proyectarse de forma positiva, al sufrimiento que puede preceder a la muerte, a verse abrumado por los remordimientos o los arrepentimientos, a dejar de estar en contacto con los seres queridos, a enfrentarse a lo desconocido (el mundo de después, el más allá, el vacío. ...), de ser olvidado, de no haber tenido éxito en la vida, de estar solo, de perder la autonomía, de convertirse en "nada", de no poder controlar ya su vida...". La pandemia de la que continuamos viendo secuelas y secuelas, ha cambiado la forma de vida de todos, apareciendo ciertas fobias y no es de extrañar. Los medios de comunicación han grabado y recordado constantemente ese principio de vida: todos moriremos de alguna o de otra manera.

Todo psicólogo se niega a no poder ayudar a mejorar la vida y salud mental de sus pacientes. Algunas soluciones pueden ayudar a sobrellevarla mejor y a contemplarla con más serenidad. Hacer un trabajo terapéutico con un psicólogo, psiquiatra, médico o iniciar una terapia llamada "corporal" (sofrología, acupuntura, kinesiología...). Hablar con alguien suele ser beneficioso. "Se recomiendan especialmente las terapias cognitivo-conductuales (TCC) para analizar progresivamente el comportamiento, los pensamientos y las emociones para objetivar el miedo, las terapias analíticas para verbalizar el miedo o la hipnosis para comprender el origen del miedo", suelen ser modos de intervención. Este tratamiento psicológico puede ir acompañado, según el caso, de la prescripción de fármacos ansiolíticos tomados ocasionalmente para aliviar los síntomas de ansiedad, dependiendo del caso y del impacto que la persona/paciente haya recibido por ejemplo, después de la pérdida de un familiar de forma traumática.

Leer a los grandes filósofos que han trabajado el tema de la muerte (Platón, Epicuro, Sartre, Heidegger, Hegel, Schopenhauer...) y conocer nuevos enfoques como la terapia existencial creada por Irvin Yalom, psiquiatra y psicoterapeuta. Propone por ejemplo, un ejercicio práctico que consiste en imaginar el propio funeral y describirlo con la mayor precisión posible. "Esto nos permite hacer un balance de nuestras prioridades, de lo que es importante para nosotros (¿es ver que nuestros seres queridos nos echan de menos, es ver quién estará presente el día del funeral, qué pensarán de mí y recordarán de mi existencia, sentiré que me arrepiento?

Otros apuntas a la elaboración de un genograma (árbol genealógico que contiene información sobre los miembros de la propia familia (nombre, edad, fechas de nacimiento, fallecimiento, divorcio, indicaciones sobre enfermedades, ocupaciones...) para comprender todos los acontecimientos significativos de la propia familia. Esto puede ayudar a identificar la causa de ciertas experiencias difíciles y a liberarnos de ellas. El genograma puede utilizarse como herramienta básica en la psicoterapia. Un mejor conocimiento del pasado puede ayudar a comprender mejor el futuro. Hacer álbumes de fotos también nos permite congelar momentos, recuerdos y rostros de forma concreta. Por último, la escritura terapéutica en forma de taller de grupo o de sesión individual puede ayudar a verbalizar las propias ansiedades, a describir lo que se siente y a tomar distancia de lo que aterroriza.

Al mismo tiempo, es importante realizar un cambio activo en la propia vida: "Se trata de hacer un balance de los distintos ámbitos de la vida como la pareja, la familia, el trabajo, los amigos, para averiguar qué es lo que produce malestar y/o sufrimiento y cambiar las formas de hacerlo. Es una oportunidad para realizar regularmente revisiones completas de la vida para evitar arrepentimientos, remordimientos y fuentes de culpa", explica Aline Nativel Id Hammou. Este enfoque en determinadas personas puede aumentar su inseguridad o posición en la vida, pero también puede tratarse de hacer realidad un proyecto (un gran viaje, un nuevo trabajo, un cambio de rumbo, una nueva formación, la compra de un inmueble, una labor humanitaria...), de reencontrarse con un familiar perdido hace tiempo, de hacerse útil a través de una asociación. Ser voluntario y ayudar a los otros, los que están en situación más frágil, puede ayudar a superar nuestros miedos, a empoderarnos de la vida, buscando soluciones, por ejemplo, enfocándonos para “dejar una obra” la que sea, pintura, diarios, álbumes, reportajes de fotos, videos personales…un legado.

Dependiendo de las creencias de cada uno, acudir a una religión o espiritualidad también puede ayudar a liberarse de las ansiedades, a proyectarse en el más allá con más sabiduría y tranquilidad, y a amar mejor la vida, incluso en su finitud.

Por último, recordar que atreverse a hablar de la muerte con los seres queridos (siempre es mejor enfrentarse al miedo que huir de él) y, por qué no, poner en marcha medidas administrativas (hacer testamento, las propias voluntades anticipadas, una solicitud de incineración o de seguro de decesos, medidas en relación con la donación de órganos...). "Esto puede ayudarnos a gestionar mejor nuestros miedos a la muerte, a tranquilizarnos, a reducir ciertas dudas y a recuperar el control sobre nuestro miedo. Esto marca una especie de control sobre el final de la vida, que puede ser muy estructurante para la persona que tiene miedo a la muerte".

Por desgracia cuando todavía muchos grupos y estamentos sociales están intentando salir de esas situaciones de pánico, aparece la guerra y el discurso apocalíptico. Debemos asumir que la muerte es el final o quizá no, porque seguiremos viviendo en otros.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.


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