La personalidad en política
El frenesí de los acontecimientos a los que asistimos desdibuja el papel real de las personalidades y personajes dotados de liderazgo en la determinación de las decisiones que los enmarcan. Caben dos cautelas iniciales: la primera señala que la personalidad en política está limitada por la impersonalidad impuesta por estructuras poderosas, como mercados, multinacionales, estados mayores o agencias diversas, que diluyen la importancia del ser humano en la vida política; y, en segundo término, el condicionante adopta la forma de una masculinización que ha desatendido el estudio de la mujer en este ámbito, pese a su creciente acceso al más alto nivel político. Intentando superar estos condicionantes que le salen al paso, podemos afirmar que la personalidad política puede ser descrita de numerosas maneras. Nos interesan, desde luego, aquellas personas que adquieren relevancia social, antesala de la importancia política. Con todo, la personalidad relevante implica una singularidad de la cual la persona concernida es consciente y va a incorporarla a sus convicciones. Esa singularidad habrá de ser perceptible por su entorno social, que determinará su futuro liderazgo.
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