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Muere Emiliano Aguirre, descubridor de Atapuerca y paladín del evolucionismo


Restos de un morador de Atapuerca. Restos de un morador de Atapuerca.

La reciente muerte de Emiliano Aguirre Enríquez (El Ferrol, 5 de octubre de 1925-Madrid, 11 de octubre de 2021) proyecta sobre la vida intelectual española la densa sombra de su ausencia. Aguirre ocupa ya un lugar preferente en la Historia de la Ciencia, con la credencial de su extraordinaria contribución a la Paleontología evolutiva, por sus investigaciones en Atapuerca, uno de los yacimientos de homínidos más importantes del mundo, que él descubrió y evaluó a partir de 1976. El científico desaparecido era Licenciado en Filosofía y Humanidades por la Universidad de Alcalá de Henares; licenciado, asimismo, en Ciencias y Doctor en Biología por la Universidad de Madrid, además de teólogo por la Universidad de Granada; perteneció a la Compañía de Jesús hasta 1974.

Como autor del primer proyecto de investigación en el enclave arqueológico burgalés, situado a 15 kilómetros de la ciudad castellana, Emiliano Aguirre fue pionero y paladín en España de la Paleontología, disciplina científica que se asienta en el estudio de los restos de seres vivientes depositados en formaciones rocosas. Las investigaciones paleontológicas han permitido averiguar y explicar el origen y desarrollo de la vida humana sobre la Tierra. Concretamente, Aguirre pudo documentar la presencia de cuatro tipos de homínidos en el yacimiento burgalés de la sierra de Atapuerca. Antes, había dirigido investigaciones en Torralba y Ambrona, en Soria, y Porriño, en Pontevedra, entre otros enclaves.

Como docente, Emiliano Aguirre ejerció como Profesor ayudante de Antropología, Biología Médica y Paleontología en distintas Universidades de Madrid (UCM y UAM), Zaragoza y Lima, Perú. Era Académico de la Real de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Dirigió una treintena de tesis doctorales y hasta 1990, perteneció al equipo investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC. Con él colaboraron paleontólogos de nombradía internacional, como Philip Tobías y Clark Howell, entre otros. Sus logros, señaladamente los relativos al Pleistoceno, le granjearon, entre muchos otros galardones, el Premio Príncipe de Asturias de Ciencia y Tecnología en 1997. Tres años después, Atapuerca sería declarado Patrimonio de la Humanidad. Él pasaría el testigo de la dirección del yacimiento burgalés a Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell.

Evolucionismo versus negacionismo

Los hallazgos de Emiliano Aguirre, firmemente evolucionista, entraron en abierta contradicción con el negacionismo creencial que, aún hoy, en sociedades desarrolladas como la estadounidense, atribuye al ser humano un origen divino totalmente desvinculado de su nexo con animales superiores como los primates. Emiliano Aguirre fue uno de los primeros científicos españoles en publicar en la revista Science.

En 2003, al cumplir el paleontólogo 75 años, una tertulia científica montada a modo de homenaje en el Museo de Ciencias Naturales -que Aguirre dirigió a partir de 1985- reunió en torno suyo a arqueólogos y paleontólogos discípulos suyos de gran ascendiente como el prehistoriador y director del Museo Arqueológico de Alcalá de Henares, Enrique Baquedano, rector de las excavaciones de Pinilla del Valle y Garray, entre otras; el catedrático de Paleontología de la Universidad Autónoma, José Luis Sanz; Jorge Morales, director, entre otras, de las excavaciones madrileñas de Cerro Batallones; el geólogo Alfredo Pérez González y Antonio Rosas, paleo-antropólogo vinculado a Atapuerca.

Fue en aquel homenaje donde Emiliano Aguirre hizo una reveladora confesión ante los allegados reunidos a su alrededor: "Una de las frustraciones científicas de mi vida ha sido la de no haber podido yo -ni haber hallado ningún alumno que quisiera- investigar un hecho singular que descubrí en un convento situado en la linde de la provincia de Toledo con la de Madrid", les dijo. Y les relató su hallazgo: "En una visita realizada décadas atrás, me fueron mostrados allí restos venerados desde hacía siglos por ser considerados reliquias óseas de una santa. Pero, casi a simple vista, junto con restos humanos, pude observar mezclado con ellos un hueso de las extremidades de un gran animal del Pleistoceno (desde 1,8 millones de años hasta 10.000 años)”. Según explicó Aguirre, “se trataba de una falange de unos seis centímetros de longitud, casi con certeza perteneciente a un gran bóvido, tal vez al animal precursor del toro actual". Su sorpresa no terminó allí. Entre aquellos restos halló también un hueso, llamado fórcula, del esternón de un ave presumiblemente de una época coetánea. El descubrimiento conmovió la conciencia de Emiliano Aguirre quien, entre numerosos otros episodios de su intensa vida, había pertenecido a la Compañía de Jesús hasta 1974, año en el que la abandonó. Posteriormente, contraería matrimonio con Carmen Bule.

Del culto a las reliquias

España es uno de los países donde se conserva mayor número de reliquias atribuidas a santos por la devoción popular y, en menor medida, por la Iglesia católica. Sólo en el monasterio de San Lorenzo de El Escorial se guardan hasta 7.500 piezas óseas asignadas a casi otros tantos miembros del santoral. Felipe II, coleccionista impenitente, mandó acopiarlas por toda Europa, las zonas protestantes incluidas, tarea que encomendó a un jesuita portugués que organizó un comando entre miembros de la nobleza provisto de mucho dinero y de armas, por si las bolsas de oro no resultaran suficientes. A punta de espada, cosecharon miles de reliquias que trajeron en carromatos hasta las faldas del monte Abantos.

Las reliquias escurialenses se guardan hoy en 507 cajas o relicarios escultóricos diseñados por el arquitecto del monasterio, Juan de Herrera a petición del rey. En buena parte, fueron construidos con magnificencia por el orfebre Juan de Arfe Villafañe. Algunas presentan formas de cabezas, brazos o piernas. Los restos se distribuyen por diferentes estancias conventuales pero en buena parte se concentran en la Basílica. Las de santas y mujeres mártires se encuentran en el lado del Evangelio. En el lado opuesto del altar se hallan las de santos y varones mártires. El cronista oficial escurialense Fray José de Sigüenza dijo que, salvo las de San José, Santiago el Mayor y San Juan Evangelista, el monasterio madrileño albergaba reliquias de todos los santos.

La pezuña de Satanás

Los relicarios españoles contienen enorme variedad de restos. En una ermita de Cuenca se venera una llamada Pezuña de Satanás que, según algunos testimonios, bien pudiera tratarse de uno de esos fósiles del Pleistoceno confundidos, por la superstición de siglos, con la extremidad del auténtico diablo. Miles de capillas, cenobios y lugares de oración conservan objetos extraños, como exvotos de diferentes materiales moldeables que, por su aspecto, no parecen parangonables con los huesos humanos que persiguen representar. Muy posiblemente, otros residuos de animales prehistóricos fosilizados se han visto mezclados con reliquias cuya veneración pública, en ocasiones desmesurada por el fanatismo, indujo un comercio de falsificaciones documentado y denunciado como sacrílego por numerosos clérigos.

La explicación que el paleontólogo Emiliano Aguirre proponía a propósito de las reliquias examinadas por él en un convento toledano era la siguiente: "la confusión entre fósiles y reliquias puede derivar de los procesos de evaporación de carbonatos cálcicos, que crean sedimentos en los que los fósiles quedan encapsulados", apuntaba. "Quizá las catacumbas romanas, de fácil excavación, de donde procede la mayor parte de las reliquias existentes en España, son escenarios de las mismas aunque posteriores sedimentaciones". Aguirre formulaba entonces un desafío: "¿Hay algún un joven paleontólogo dispuesto a probar esta hipótesis o bien a descubrir una explicación mejor?".

Emiliano Aguirre, hombre signado por la curiosidad investigadora, el compromiso personal con la ciencia y la afabilidad social, deja tras de sí una estela de arqueólogos, paleontólogos, prehistoriadores y biólogos unidos a él por profundos lazos de amistad. Ellos y ellas consolidan hoy la presencia científica española en el mundo que él, con su inteligencia, su esfuerzo y ejemplo, abrió a la modernidad.

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Negra y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.

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