Los socialistas ante la mortalidad en Madrid de 1930
A primeros de enero de 1931, El Socialista publicó las cifras de natalidad y mortalidad en Madrid del año que acababa de finalizar.
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Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
A primeros de enero de 1931, El Socialista publicó las cifras de natalidad y mortalidad en Madrid del año que acababa de finalizar.
En el otoño de 1886 la prensa madrileña se hizo eco de que en la capital había más de 21.000 cuartos desalquilados. Los socialistas también reflejaron esta realidad en El Socialista con una serie de reflexiones sobre las consecuencias que este hecho provocaba en la clase trabajadora.
En enero de 1931 se produjo un conflicto de índole religioso en la villa de Alhambra, provincia de Ciudad Real. Allí acudieron cuatro miembros de la Misión Evangélica Española, Félix Vaca, Francisco Gorbau, Bautista García y Sixto Paredes. Se hospedaron en un parador, y padecieron, hostigados por el cura párroco, las iras populares con insultos e intentos de agresión física.
Aprovechando el aniversario del nacimiento de Negrín, que tuvo lugar el 3 de febrero de 1894, recordamos sus declaraciones a L’Humanité, cuando accedió a la jefatura de gobierno en mayo de 1937. Coinciden con las que realizó al poco de constituirse el Consejo de Ministros, y que estudiamos en un anterior artículo en El Obrero.
Constancio Bernaldo de Quirós (1873-1959) constituye una de las principales figuras históricas españolas en cuestiones de criminología, además de haber sido un eminente sociólogo, escritor y, claro está, jurista. Sus obras sobre criminología, vinculada al análisis social, son fundamentales. En distintos momentos colaboró con el movimiento obrero socialista, escribiendo para El Socialista, e impartiendo conferencias. Este es el caso que aquí nos ocupa, ya que en enero de 1902 dio una conferencia sobre delincuencia infantil en el Centro Obrero en Madrid, que se situaba en la calle de Relatores hasta que se abrió la Casa del Pueblo.
Este artículo aporta los datos de los accidentes de trabajo ocurridos en el primer semestre de 1910 para profundizar en la cuestión de la siniestralidad laboral en España, según lo publicado en la Gaceta por la Asesoría General de Seguros del Ministerio de la Gobernación, recogiendo los datos de las Compañías que se dedicaban al seguro de estos accidentes.
Seguimos aportando materiales para estudiar el complejo proceso que vivió el socialismo al terminar la Gran Guerra en el ámbito de su organización internacional.
Siguiendo buceando en la literatura británica del siglo XIX y sus vinculaciones con las ideas sociales nos acercamos al poeta Shelley (1792-1822)
Sébastien Faure escribió un trabajo titulado “¿Quiénes somos?”, que se tradujo al castellano por parte de Ernesto Dubois en La Revista Blanca para publicarse a principios de 1924. El trabajo pretendía, con sentido pedagógico, explicar quiénes eran los anarquistas. Al parecer, la idea le había surgido a Fauré en el tranvía al escuchar una conversación sobre el suicidio de Felipe Daudet, aunque los que hablaban del mismo consideraban que, en realidad, había sido un asesinato porque así podían achacarlo a los anarquistas. Así pues, le parecía útil indicar a los lectores de Libertaire, quienes eran los anarquistas. Nosotros nos centraremos en una cuestión concreta, sin perjuicio de volver sobre este texto tan rico, a nuestro entender, en sugerencias.
El trabajo a domicilio, especialmente en el ramo textil, siempre fue una preocupación del movimiento obrero porque llevaba una carga de explotación mayor que el trabajo realizado en talleres y fábricas, sin regulación de la jornada laboral, salarios más bajos, y menor nivel de sindicación. Es un asunto al que hemos dedicado mucha atención para el caso femenino español, pero también nos hemos acercado a la situación en Alemania, a través de un conflicto acontecido en octubre de 1900, es decir, casi un año antes de la regulación que aquí reseñamos.
La Fundación Cesáreo del Cerro fue creada por las Sociedades Obreras de la Casa del Pueblo gracias al legado del empresario del ramo de la zapatería Cesáreo del Cerro. Este personaje era un industrial con una fábrica y tienda de cueros en Madrid, muy inquieto, ya que escribió un libro sobre la higiene del pie y puso en marcha una revista profesional que duró unos cuarenta años. Siempre se distinguió por sus excelentes relaciones con los obreros, pero nunca tuvo contactos con los socialistas; era liberal y católico. No se sabe las razones íntimas que le llevaron a tomar la iniciativa que dejó plasmada en su testamento, aunque estaba en consonancia con su carácter conciliador y filantrópico, algo muy poco común entre el empresariado español en la transición entre los siglos XIX y XX.
Tristán Marof (1898-1979) fue un escritor, pensador, político y hasta diplomático boliviano, cuyo verdadero nombre fue Gustavo Adolfo Navarro Ameller, siendo un destacado marxista americano. En este artículo rescatamos su visión de la victoria laborista de 1924, dentro de su etapa europea. Supone un interesante contraste con la visión favorable que hemos visto del laborismo en los años veinte por parte del socialismo español, asunto que hemos tratado, y seguiremos tratando en El Obrero.
En este breve trabajo planteamos el esquema del inicio del movimiento obrero organizado en Barcelona antes de su vinculación internacionalista.
A finales el invierno de 1932 visitó España Joseph Lewis (1889-1968), fundamental librepensador norteamericano, fundador y presidente de la Sociedades de Librepensadores de América, además de poner en marcha una editorial para difundir textos de librepensamiento. Entre sus propias obras destacó La tiranía de Dios (1921).
El movimiento de los bóxers en China a finales del siglo XIX debe enmarcarse en la reacción ante la creciente presencia extranjera con fines de dominación y explotación económicas, y que tuvo marcados tintes de xenofobia. En el norte de China surgió en la década de los años noventa del siglo XIX un fuerte sentimiento de xenofobia. Los bóxers eran miembros de una sociedad secreta denominada “Puños de Justicia”, que realizaban una suerte de ejercicios que, supuestamente, les hacían inmunes a los disparos. Comenzaron a tener mucha importancia gracias al caldo de cultivo que suponían unas condiciones sociales muy deterioradas. Su presencia se canalizaba a través de acciones esporádicas contra los extranjeros en Shantung a partir de 1898. Los bóxers criticaban claramente a los Ch’ing pero la situación cambió cuando la emperatriz viuda Tz’U-hsi y el príncipe Tuan decidieron pactar con ellos en 1899. La emperatriz lanzó a los bóxers contra los enclaves extranjeros de Pekín y Tientsin en el mes de junio de 1900, y declaró la guerra a las potencias extranjeras. Estos asaltos se saldaron con la vida de unos 250 extranjeros y multitud de chinos cristianos. El asedio de las embajadas causó unos 75 muertos. Muchos recordarán la versión cinematográfica de los 55 días en Pekín, rodada en España.
Las potencias extranjeras organizaron una expedición de castigo y ayuda a sus legaciones en ambas ciudades. La emperatriz tuvo que huir a Siam donde tuvo que asentar su corte durante un año. Las tropas expedicionarias liberaron las embajadas y enclaves, asaltaron el Palacio de Verano y lo arrasaron. En los meses siguientes se realizaron diversas expediciones a otras ciudades del norte de China para castigar a los culpables, ejecutándose a algunos cabecillas.
La desunión y los diferentes intereses de las potencias evitó un mal mayor a China, como podría haber sido su desmembración. Al final se firmó el Protocolo Bóxer de 1901. China tendría que pagar una indemnización de 333 millones de dólares, y que debía abonarse en el plazo de cuarenta años.
Pues bien, en este contexto, la Socialdemocracia alemana publicó un manifiesto a principios de 1901 en el que, por un lado, interpretaba lo que estaba ocurriendo en China, y por otro protestaba.
Los socialistas alemanes exponían que en el último medio año las potencias asolaban el Extremo Oriente, robando, matando y violando. La responsabilidad de la guerra no podía recaer en China, como afirmó contundentemente Bebel en el Reichstag. China era la víctima.
El Manifiesto hacía un repaso de la escalada de la tensión hasta el conflicto de las embajadas, que hemos comentado al principio de este artículo. El levantamiento era interpretado como el intento de una China que no quería ser despedazada como un cadáver, defendiendo su independencia y libertad. China estaba en todo su derecho de defenderse porque la guerra habría sido provocada por Europa.
Los socialdemócratas alemanes recordaban los acuerdos tomados en la Conferencia de La Haya que obligaban a las naciones firmantes a no entregar al saqueo una ciudad tomada por asalto, a tratar con humanidad a los prisioneros de guerra, a no herir a un enemigo que se hubiera rendido, a no declarar que no se “daría cuartel”, y a no atacar o bombardear ciudades, pueblos, casas o edificios que no estuvieran defendidos. Pero Francia, Alemania, Rusia, Inglaterra, Austria, los Estados Unidos y el Japón, potencias firmantes, no los habrían respetado: saqueos en ciudades tomadas, fusilamientos, acuchillamientos de prisioneros o muertos a garrotazos, y hasta oficiales y misioneros habían reunido en pocos días grandes fortunas. También se había ejercido violencia contra las mujeres y los niños.
El SPD exigía que la guerra terminase, alzándose contra los “codiciosos proyectos de los capitalistas”, pero también contra el proselitismo “sangriento” de los religiosos, y la “embriaguez brutal” de los militares.
Las legaciones diplomáticas ya estaban salvadas desde hacía muchos meses y desde entonces China había pedido la paz. Es más, los norteamericanos, japoneses, rusos, austriacos e italianos ya habían retirados sus tropas, pero no Francia, Inglaterra y Alemania.
Los socialistas alemanes reconocían que no tenían aún poder suficiente para hacer triunfar sus propósitos y evitar los conflictos sangrientos que resultaban de la administración “autocrática, monárquica o burguesa” de los estados, pero no por eso dejaba de llamar la atención ante esas administraciones y denunciar las violaciones de sus propios principios.
El manifiesto fue traducido al castellano, y publicado en el número 782 de El Socialista, de 1 de marzo de 1901.
El Socialista teorizó en febrero de 1901 sobre lo que, en ese momento, al parecer, la patronal hablaba, o clamaba sobre la supuesta tiranía que les hacían sentir los trabajadores. Rescatamos aquel texto porque nos puede ayudar a comprender más la postura del socialismo en relación con la conflictividad social en los inicios del siglo XX.
En primer lugar, tenemos que tener en cuenta que la crisis de 1929 fue tan intensa y extensa que puede decirse que las políticas liberales clásicas hicieron que sus efectos se agudizasen, especialmente el paro, el más importante de todos. No era la primera crisis, y la de 1873 fue una depresión muy importante con consecuencias evidentes en el auge del proteccionismo y de la concentración empresarial y financiera, pero la de 1929 fue especialmente grave. El capitalismo es un sistema económico que evoluciona en ciclos, unos de expansión y otros de crisis o depresión. Terminaron por ser aceptados por los economistas liberales que se dedicaron a medir y estudiar estos ciclos, pero no a defender intervenciones importantes porque siguió habiendo un fetichismo sobre los mecanismos del mercado para garantizar la superación de las crisis. En los ciclos negativos las empresas menos sólidas sucumbían y los supervivientes se fortalecían poniendo las bases del ciclo favorable siguiente. 1929 trastocó, como hemos dicho antes, todo este planteamiento clásico.
Los jardineros madrileños estaban agrupados en la Sociedad de Jardineros y Similares “La Aromática”. En el verano de 1931 fueron convocados a una conferencia en la Casa del Pueblo, que impartió Lucio Martínez, destacado sindicalista del ámbito del campo y socialista, que fue concejal en Madrid, diputado por Jaén-Capital y Madrid, y miembro de la Comisión Ejecutiva del PSOE. La conferencia, en cuestión, versó sobre la importancia de la organización y la lucha de los trabajadores del campo y de la jardinería porque, según el conferenciante la situación de los trabajadores de la jardinería no podía continuar como estaba.
En algún trabajo hemos abordado de forma concreta algunas gestiones que el Partido Socialista realizó ante la Presidencia del Consejo de Ministros y/o a algunos Ministerios, aludiendo a que esta era una tarea que no ha sido muy estudiada a la hora de abordar la Historia del PSOE. Efectivamente, es una función poco conocida, pero muy intensa, especialmente en el reinado de Alfonso XIII. No sólo se trabajaba en el Congreso de los Diputados por parte de la minoría socialista, sino también ante las instancias de poder para plantear reclamaciones, peticiones, denuncias, y para que se solucionasen problemas o se adoptasen políticas y medidas sobre casi todos los asuntos. En este artículo exponemos las gestiones se produjeron entre el Congreso del PSOE de noviembre de 1918 y el de diciembre del año siguiente, centrándonos en la preocupación socialista por los trabajadores españoles en el extranjero.
En un anterior artículo de la serie que estamos dedicando al debate producido en el Congreso Socialista de diciembre de 1919 donde se discutió sobre las Internacionales estudiamos la mayoría de la Ponencia, que era favorable a abandonar la Segunda Internacional para ingresar en la Tercera. Pero también avisamos que había un Voto particular de Antonio Fabra i Ribas y Óscar Pérez Solís, y una Adición de la Federación Socialista Asturiana. Este artículo trata de estos dos documentos, para conocer todas las posturas.
Este año se cumple el 120 aniversario de la creación de la Federación Socialista de Asturias, en un Congreso que se celebró el domingo 27 de enero de 1901.
Unas semanas antes de que se produjera la creación de la Federación Socialista Asturiana, hecho producido a finales de enero de 1901, El Socialista publicó una columna exponiendo la realidad del socialismo asturiano al terminar el siglo XIX.
La importancia de la discusión que se inició en el Congreso de diciembre de 1919 sobre las Internacionales en el PSOE nos obliga a abordar la cuestión en varios trabajos, dentro del objetivo que nos estamos marcando sobre esta materia en el presente año. En esta serie de artículos, que iniciamos con el presente, estudiamos la proposición de la Ponencia de Política Internacional, firmada por Mariano García Cortés, José Verdes Montenegro y Manuel Núñez Arenas, el Voto Particular de dos miembros de dicha Ponencia, Antonio Fabra i Ribas y Óscar Pérez Solís, y la adición al Voto particular de la Federación Socialista Asturiana, firmada, por su parte, por Isidoro Acevedo, Teodomiro Menéndez y Bonifacio Martín, planteándose dos posturas, y provocando el primer e intenso debate, aunque, ya había comenzado en el propio Comité ejecutivo, como tendremos oportunidad de comprobar. Comencemos con la propuesta de la Ponencia mayoritaria.
Una de las mujeres más luchadoras en favor de la paz desde el último cuarto del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial fue, sin lugar a dudas, Berta von Suttner.
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