Antes de la firma del Tratado con los rusos, en el otoño de 1917, el alto mando alemán proyectó una gran ofensiva para la primavera siguiente concentrándose en intentar aplastar a los británicos, al mando de Haig, después del evidente agotamiento de esta fuerza expedicionaria producido en las últimas batallas. Hindenburg y Ludendorff eran conscientes de que había que correr porque el tiempo seguía siendo un factor contra sus intereses, y más desde que Estados Unidos había decidido entrar en la Guerra, y Wilson, en enero de 1918 había presentado sus famosos Catorce Puntos, que fueron rechazados por los Imperios Centrales. La situación en Alemania no era buena, ya que se pasaba hambre, siendo la situación en Austria-Hungría aún peor. El descontento interior en ambos Imperios estaba creciendo con huelgas y no sólo por problemas estrictamente sociales, sino porque se quería la paz.