Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

La Unión Liberal: un intento de centro político en el siglo XIX


Retrato Leopoldo O'Donnell. / © Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. Retrato Leopoldo O'Donnell. / © Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.

Durante las primeras décadas del reinado de Isabel II (1833-1868) emergieron dos grandes partidos que se alternaron en el poder: el Partido Moderado y el Partido Progresista. Sus luchas por el poder -tanto internas como entre sí-, así como el desgaste propio de sus gestiones administrativas en el gobierno, provocaron la aparición de un tercer partido que pretendió ocupar el centro entre ellos, alejándose de los partidos extremistas: carlistas y republicanos.

Los orígenes de la Unión Liberal residen en las disensiones dentro del Partido Moderado. A partir de 1836, los moderados se dividieron ante el reto de la aceptación de la desamortización y de la reforma electoral restringida de los progresistas. Un grupo de ellos, liderado por Francisco Javier de Istúriz, apoyó el criterio con que el progresista Mendizábal había llevado a cabo la transferencia de bienes, pero se mostró crítico sobre el alcance de sus reformas políticas. En definitiva, ese grupo aceptó el reto de las medidas liberales, dispuesto a gestionarlas pero defendiéndolas del radicalismo revolucionario y de la contrarrevolución carlista. Además, aceptó la Constitución de 1837, que ha sido tildada como obra exclusiva del progresismo cuando, en realidad, es el primer texto constitucional ampliamente pactado entre las familias del liberalismo, al diseñar un sistema constitucional homologable con los más avanzados de Europa.

Ese movimiento de notables moderados partidarios del pacto que aceptaba la revolución y sus principios -siempre que ésta se aviniese a una institucionalización razonable- estuvo formado por políticos como Joaquín Pacheco, Nicomedes Pastor Díaz, Antonio Ríos Rosas... uno de cuyos lemas fue “Paz, Orden y Justicia”. Defendieron que el Estado liberal asumiera un papel corrector de las injusticias sociales, una función de centro movilizador de la acción social, de protección y amparo de los más débiles. No negaron que el pueblo que había apoyado el triunfo del liberalismo en la Primera Guerra Carlista (1833-1840) era católico, pero se negaron a asumir las tesis confesionales del carlismo. Además, insistieron en la necesidad de una legislación que deslindara los respectivos ámbitos de las atribuciones del poder central, provincial y municipal. Sus ideas se propagaron, entre otros medios, a través de la prensa afín como El Correo Nacional y El Conservador. El general Leopoldo O´Donnell comenzó a acercarse a personalidades de este grupo, que en 1841 publicaron una elogiosa biografía del joven militar.

Si bien criticaron la deriva cesarista y arbitraria de la regencia de Espartero (1840-1843), se mostraron igualmente decepcionados con el gobierno de Ramón Narváez y aquellos moderados que eliminaron la Constitución de 1837, sustituyéndola por otro texto constitucional en 1845. Narváez comenzó a llamar, despectivamente, “puritanos” a este grupo crítico, por el cual comenzaron a ser conocidos. Estos “puritanos” criticaron la deriva autoritaria de los gabinetes moderados de los años cincuenta, de tal manera que se posicionaron a favor de un cambio.

La Unión Liberal fue el fruto político de la labor de los ”puritanos” pues apoyaron este partido, nacido a fin de hacer frente a la nueva situación surgida de la revolución de julio de 1854, siendo su líder indiscutible Leopoldo O´Donnell. Ante el inicio de la campaña electoral, redactó un manifiesto dirigido a sus electores que fijó los puntos básicos de su programa político: unión de corrientes liberales, defensa de la Monarquía constitucional, libertad de imprenta, elección popular de diputaciones provinciales y ayuntamientos, reforma de los presupuestos nacionales, mejora de la Deuda Pública, leyes orgánicas de instrucción y para todas las carreras públicas, lucha contra la corrupción y el favoritismo en la administración, impulso de los ferrocarriles, etc. El 8 de noviembre de 1854 se abrieron las Cortes, tras las elecciones, ocupando en ellas el mayor número de escaños los afines a la Unión Liberal, lo cual demostró el primer signo de debilidad de los progresistas puros, que obtuvieron sólo cincuenta.

El desgaste del Partido Progresista y de su líder, Espartero, en los dos siguientes años, además del propio de los moderados que les sucedieron en el gobierno, aumentó las posibilidades de llegar al poder. Y así fue, O´Donnell fue presidente del Consejo de Ministros unos tres meses en 1856, pero su verdadera oportunidad -y la de la Unión Liberal- llegó el 30 de junio de 1858. Caso único en el reinado de Isabel II, ese gobierno duró cuatro años y medio, hasta el 17 de enero de 1863, siendo una etapa de crecimiento económico y amplias iniciativas exteriores. Atacado a derecha e izquierda, la Unión Liberal abandonó el poder, pero cabe recordar que O´Donnell no accedió al poder mediante un golpe de Estado ni lo abandonó por otro sino, en lógica con el sistema, por la pérdida de la doble confianza de la Corona y las Cortes.

Los unionistas continuaron peleando por su supervivencia política, como los moderados y los progresistas. O´Donnell alcanzó, por última vez, el poder desde el 21 de junio de 1865 hasta el 10 de julio de 1866, logrando aprobar una reforma electoral importante, anterior a la famosa reforma británica de Disraeli. Sin embargo, superado por las luchas de sus oponentes, la crisis económica y el pronunciamiento del cuartel de San Gil, presentó su dimisión. Tras fallecer su veterano líder, al año siguiente, los unionistas se unieron a los progresistas y demócratas en un pacto político para destronar a Isabel II y fundar un nuevo régimen político.

La Unión Liberal, pues, facilitó la creación de un nuevo sistema político monárquico y democrático, en torno a la constitución de 1869. Sin embargo, los problemas del Sexenio Revolucionario (1868-1874) llevaron a los unionistas a integrarse en la propuesta liberal-conservadora de Antonio Cánovas del Castillo, el cual había pertenecido a ese partido. Si bien la Unión Liberal desapareció, sus hombres se integraron en el Partido Conservador del reinado de Alfonso XII, evitando la vuelta de los antiguos moderados.

El lector interesado puede acudir a

-Moral Roncal, Antonio Manuel, O´Donnell. En busca del centro político, Madrid, 2017.

-Durán de la Rúa, Nelson, La Unión Liberal y la modernización de la España isabelina. Una convivencia frustrada, Madrid, 1979.

-Inarejos Muñoz, Juan Antonio, Intervenciones coloniales y nacionalismo español. La política exterior de la Unión Liberal, Madrid, 2010.

Profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.