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Friedrich Engels: mucho más que la sombra de Karl Marx


Karl Marx (i) y Friedrich Engels (d). Karl Marx (i) y Friedrich Engels (d).

Pronto, el 28 de noviembre, se cumplirán doscientos años del nacimiento de Friedrich Engels. Es, con poco margen de duda, un personaje interesante, un tanto escurridizo. El foco siempre ha iluminado a Karl Marx y el ha quedado en un segundo plano… en la penumbra.

Por eso, cuando se aproxima el Segundo Centenario de su nacimiento, creo que resultará oportuno, dedicarle un pequeño ensayo divulgativo en EL OBRERO, en el que se pongan de relieve aspectos de su vida y de su obra en los que, casi nunca, se suele reparar.

El marxismo hoy no goza del interés ni de la atención que ha tenido a lo largo de casi todo el siglo XX. Con la caída del Muro en 1989, perdió pujanza y hoy sólo algunos marxistas heterodoxos, que a veces se denominan post-marxistas, despiertan cierta curiosidad y gozan de alguna atención mediática.

El capitalismo ha sabido adaptarse mal que bien, a los distintos cambios productivos, económicos, sociales y políticos que han ido sucediéndose tras la Revolución Industrial. Esta adaptabilidad es innegable… pero de un tiempo a esta parte, está mostrando su faz más oscura e indeseable: inestabilidad, desorden, incremento de las desigualdades entre poseedores y desposeídos y una explotación brutal del hombre por el hombre que, por cierto, no hace más que crecer. Quizás por todo esto, no es en modo alguno, ocioso repensar algunas ideas que aparecen formuladas en el “Manifiesto Comunista” que a luz de los hechos cobran una dimensión actual.

La Revolución Industrial tuvo consecuencias sociales devastadoras. El proletariado tras mucho sufrimiento y tras soportar unas condiciones miserables, comenzó a tomar conciencia de la explotación que sufría y a asociarse en sindicatos y en sociedades clandestinas que fueron el germen de los futuros partidos de clase.

Friedrich Engels vió la luz en Barmen (Renania). Se suele aludir a él como intelectual, economista y filosofo pero fue, además, un agitador y un organizador. Procedía de una familia acomodada, vinculada a los negocios textiles, algunos de los cuales estaban ubicados en Inglaterra. Estudió en la Universidad de Berlín y suele adscribírsele a los “hegelianos de izquierda”, es decir, a quienes prescindieron del contenido de la filosofía de Hegel pero adoptaron el Método Dialéctico.

En sus obras se advierte un rigor sociológico a la hora de analizar los hechos. Sus descripciones son de una gran precisión y, sobre todo, certeras. Conoció de cerca las miserables condiciones de vida de los obreros y las plasmó en su libro de 1845 “La situación de la clase obrera en Inglaterra”.

Me parece destacable que su conocimiento de la explotación que sufrían los trabajadores fue directo y empírico. Lo que le da a la obra un valor añadido de quien ha sido testigo de los hechos. Sus planteamientos fueron, con frecuencia, calificados de positivistas. No cabe duda que el positivismo ejerció una influencia sobre él, más, no es menos cierto, que en sus páginas excede con mucho los planteamientos de esta doctrina. Igualmente, era un buen conocedor de lo que podríamos calificar como la Teoría Económica Clásica y puso a Marx en la pista de autores como David Ricardo.

Para Engels la dialéctica constituía un arma eficaz para interpretar la historia. La filosofía tenía como principal objeto, ser una herramienta para la comprensión del mundo y para analizar los sucesivos momentos de la lucha de clases, con la finalidad de llevar a cabo una profunda transformación de la realidad.

Fijémonos en un hecho que me parece crucial, observa con agudeza que los trabajadores no tenían derecho ni siquiera a luchar por sus derechos. De ahí, que fuera absolutamente prioritario, dotarles de instrumentos para comprender su situación y para protagonizar una transformación de las condiciones que padecían. Llega, incluso a más y postula un itinerario meta-histórico que permita asumir críticamente el curso de la historia.

La Historia es algo más que unos hechos que se van sucediendo. De ahí que haya que prestar atención a las distintas coartadas ideológicas, con el fin de desenmascararlas. La posesión de la fuerza genera unos instrumentos de dominio que imposibilitan o dificultan la manifestación de respuestas alternativas.

El contacto de Engels con los movimientos reivindicativos y con ideas progresistas como las de Robert Owen o algunas manifestaciones de el Cartismo le fueron de gran utilidad, para tener un conocimiento real de los problemas y expectativas de la clase obrera y valorar lo que de revolucionario tenía que buscasen asociarse, para mediante la unión luchar por sus derechos, exigir una legislación laboral más justa y mejorar sus condiciones de vida.

Creo que la obra de Engels que puede resultar de mayor interés, aquí y ahora, es “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”. Comenzaré por señalar que la reflexión sobre el Estado es un aspecto, apenas esbozado, en la obra de Marx. Engels, por el contrario, siguiendo al antropólogo Lewis Henry Morgan intenta conformar un tratado de carácter divulgativo sobre el Materialismo Histórico, apuntando una teoría, en consonancia con sus planteamientos materialistas, sobre el origen del Estado.

Considera frente a otros enfoques, que el Estado no ha existido siempre. Antes de llegar a la etapa de la Civilización, la evolución ha pasado por el Salvajismo y la Barbarie, donde la única organización existente eran las agrupaciones de cazadores y recolectores. Con la aparición de la agricultura y la domesticación de animales, los hombres se convierten en sedentarios.

Para hacer frente a las nuevas necesidades era necesario conseguir una mayor fuerza de trabajo. Así, los prisioneros de guerra pasan a convertirse en esclavos y se pone en marcha una división del trabajo más compleja. De ahí, nace para Engels un aparato de dominación que es, a un tiempo, político, religioso y cultural. Podemos llamar Estado a ese aparato de dominación. Evidentemente, esa situación genera explotadores y explotados. Los poseedores de los medios de producción son, también, los dueños de las personas, que pasan a ser consideradas meros objetos.

Por su parte el Capitalismo nace de la evolución de las sociedades feudales, donde juega un papel destacado el comercio. ¿Por qué se crea el Estado, según Engels? A fin de que una pequeña parte de la sociedad utilice unos mecanismos coercitivos, con la finalidad de someter a la mayoría.

¿Cuál es la originalidad de este planteamiento? Nada menos que considerar ese poder impuesto que es el Estado, no como algo que viene de fuera sino que viene a ser, contra la opinión de Hegel, un producto de la propia sociedad. Cuando los dueños de los medios de producción necesitan instrumentos para ejercer su poder a través de la fuerza y de mecanismos ideológicos de control, no dudan en recurrir a elementos simbólicos como los religiosos. Por consiguiente, el Estado es un poder nacido de la sociedad pero que se coloca por encima de ella como si así fuera el orden natural de las cosas.

No puede pasarse a la ligera por este texto de Engels, puesto que se aleja de las posiciones contractualistas y de otras interpretaciones sobre el origen del Estado. Lo sitúa en el empleo de la fuerza, por parte de los privilegiados para mantener dominados aquellos sobre los que ha logrado imponerse. Para ello, obviamente, necesita instrumentos coercitivos pero, también, elementos religiosos, culturales y simbólicos que garanticen la continuidad del control y del poder que se ejerce.

Es de notable interés, asimismo, los matices que aporta sobre la futura desaparición del Estado en una sociedad sin clases, así como la complejidad de las relaciones entre la infraestructura económica y la superestructura ideológica con sus aspectos jurídicos, culturales, simbólicos, políticos…

Me parece de justicia señalar que probablemente, el intelectual italiano Antonio Gramsci ha profundizado, con enorme habilidad, en las relaciones entre infraestructura económica y superestructura ideológica, convirtiendo en plenamente dialéctica esta relación para conceptualizar, con rigor, su concepto de hegemonía, incidiendo con especial acierto en la eficacia simbólica de algunos de estos elementos de dominación. Dotando así de gran versatilidad y dinamismo, sus análisis y rompiendo esquematismos rígidos.

Friedrich Engels y Karl Marx se conocieron en 1842. El encuentro tuvo lugar en la redacción de la Gaceta Renana. Al principio tuvieron varios desencuentros, que dieron lugar, poco después, a una larga amistad y fructífera colaboración, que duró cuarenta años.

No se ha puesto, prácticamente nunca de relieve, que algunas ideas de “El Capital” le fueron sugeridas a Marx por Engels pero, sobre todo, que este fue su albacea y que es más que probable que no dispusiéramos hoy de “El Capital”, tal y como lo conocemos o que hubiera llegado a nuestras manos, de forma un tanto desestructurada e inconclusa, sin una labor callada y silenciosa de organizar y estructurar las ideas de Karl Marx.

Ya es hora de que se diga, alto y claro, que Friedrich trabajó infatigablemente la obra cumbre de Marx. Sus huellas son palpables. No sólo aportó datos y estadísticas que Marx incorporó, sino que su influencia va mucho más allá. El primer tomo se publico en 1867 y, puede considerarse a Marx el único responsable. Sin embargo, la II y III parte fueron revisadas, ordenadas y completadas por Engels. Creo que es de justicia destacar este hecho porque en algunas ocasiones, tiende a omitirse.

El Capital” es una obra poliédrica que difícilmente puede adscribirse a un determinado género. En cierto modo podría decirse que inaugura uno de carácter inter y trans disciplinar. Es un tratado, de eso no cabe duda, de economía política pero su vinculación con la filosofía y con una interpretación materialista y dialéctica de la Historia son innegables.

Entre Marx y Engels hay complicidad, amistad y firmes relaciones de afinidad. No obstante también hay contrastes, que es conveniente poner de relieve, para que la figura de Friedrich Engels deje de ser considerada un mero apéndice.

Algunos historiadores británicos han valorado, especialmente, sus análisis sobre la Revolución Industrial. Centró algunos de sus textos en el salario de los obreros y en sus paupérrimas condiciones de vida. Conviene resaltar, para apreciar en toda su crudeza las observaciones de Engels y su exactitud, al hacer hincapié en que los obreros percibían salarios más bajos que aquellos con los que se retribuía a los campesinos y artesanos en la etapa preindustrial. Por otra parte, las condiciones insalubres que se veían obligados a soportar, el hacinamiento y la elevadísima mortalidad infantil son otros aspectos que no deben pasar desapercibidos.

Repensar a Engels en el Segundo Centenario de su nacimiento no es una tarea, en modo alguno, baladí. He pretendido resistir la tentación de un planteamiento hagiográfico. Valorar hoy su legado, debe partir del reconocimiento de que en la actualidad interesan más determinados aspectos de su pensamiento que otros y que, por ejemplo, su opúsculo de 1882 “Socialismo utópico y socialismo científico” peca de un notable esquematismo y unos análisis mecánicos y rígidamente positivistas.

Es más, una corriente de pensamiento que desde los años noventa del siglo XX viene haciéndose presente, es una denuncia del concepto científico aplicada al socialismo y una recuperación de elementos del socialismo utópico que pueden sernos muy útiles en este presente incierto y desconcertante. Estos planteamientos vinculados a una visión heterodoxa del marxismo, en algunos sectores gozan de cierto predicamento. Para ellos el camino a recorrer no es del socialismo utópico al socialismo científico sino justamente el inverso. De un concepto esclerotizado del marxismo, desde la óptica de un marxismo heterodoxo, con un rechazo explicito de todo planteamiento mecanicista… contempla el horizonte utópico como una meta a la que dirigirse y que conceptualiza la Historia como el desarrollo progresivo y gradual de la utopía, incorporando una serie de análisis formulados por Ernst Bloch en su “Principio Esperanza

Otra perspectiva, desde la que algunos han valorado a Engels en las últimas décadas, es que sus posiciones se fueron atemperando hasta adquirir matices muy próximos al reformismo. No suele mencionarse que Eduard Bernstein fue su colaborador varios años y que sus ideas, que arraigaron, en la socialdemocracia, en cierta forma, las había asimilado de los planteamientos de Friedrich Engels que fueron bastante más templados en sus últimos años.

Otro aspecto que no debe dejarse al margen, es que desde joven creía en los valores republicanos y en los principios laicos y que, posteriormente, no se apartó ni un ápice de ellos. Lo que le da un aire moderno en contraste con otros pensadores, de cartón-piedra, cuyas teorías han envejecido ostensiblemente.

Lo que me parece incuestionable es que la figura de Engels puede y debe ser repensada, en sus justos términos y, por tanto, con independencia de la de Marx, con quien compartió como es evidente, una serie de proyectos, ya que coincidían tanto en el análisis teórico como en la estrategia a seguir para llevarlos a la práctica.

La idea de EL OBRERO de repensar a Engels, aquí y ahora, con motivo de su II Centenario, me parece elogiable y oportuna, sin paliativos. Este ensayo divulgativo es una de las numerosas colaboraciones, que irán apareciendo sobre la actualidad y el interés del pensamiento de Engels, en los próximos días y semanas.

Considero que para los lectores, tal vez constituya una agradable sorpresa, el tener la oportunidad de valorar a Engels por sí mismo, es decir, eliminando algunos de los tópicos y lugares comunes que han dificultado, durante muchos años, la cabal comprensión de su figura histórica.

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.