Quantcast
HEMEROTECA
             SUSCRÍBETE
ÚNETE A EL OBRERO

Joan Peiró será recordado en Mataró como víctima del nazismo

La Generalitat ha informado que el que fuera destacado sindicalista Joan Peiró, ministro de la República, detenido por los nazis para se entregado a las autoridades franquistas que terminaron por fusilarlo en el año 1942, será recordado como víctima del nazismo con un adoquín ‘stolpersteine’ en la puerta de su último domicilio en Cataluña, en Mataró.

En El Obrero nos hemos acercado a la figura de Peiró en dos artículos. Uno de ellos, firmado por Eduardo Montagut, de octubre de 2017, con el título de “Joan Peiró”, y otro de Julián Vadillo, uno de los principales expertos actuales en historia del anarquismo y del anarcosindicalismo, titulado “Un sindicalista llamado Juan Peiró”. Ambos trabajos suponen sendos acercamientos a su intensa vida desde que nació en Sants, trabajando en el sector del vidrio, su ingreso en la CNT, donde tendría un intenso protagonismo, participando en sus debates estratégicos. Fue uno de los protagonistas de la conversión de las Cristalerías Mataró en una cooperativa.

En los años veinte, en plena represión de la Dictadura de Primo de Rivera, ingresaría en la FAI, aunque nunca fue muy partidario de la misma. Estuvo en el Manifiesto de Inteligencia Republicana para colaborar en la llegada de la República, un hecho que le valió bastantes críticas cenetistas. En ese momento también tuvo mucho protagonismo en las discusiones sobre el papel del anarcosindicalismo en el nuevo régimen republicano.

Peiró sería uno de los firmantes del Manifiesto de los Treinta en el verano del 31, que, aunque criticaba al Gobierno republicano, también lo hacía a los más radicales de la FAI. La CNT debía ser una organización revolucionaria pero alejada de la algarada y el motín. Todo esto generaría una clara división que terminaría por superarse en 1936.

Al estallar la sublevación, Peiró se hizo cargo de la vicepresidencia del Comité Antifascista de Mataró. Dos de sus hijos fueron a la guerra. Peiró, fiel a sus ideas desde los tiempos del fin de la Dictadura de Primo, defendió la presencia de la CNT en la Generalitat y en el Gobierno de la República. Justificaba esta presencia porque parecía necesaria para evitar políticas contrarias a los obreros. Llegó a pensar en una especie de República Social Federal para cuando terminase la guerra. También fue muy crítico con los grupos descontrolados que proliferaron en el verano de 1936 en Cataluña.

Peiró sería, junto con Federica Montseny, Juan López Sánchez y Juan García Oliver, uno de los cuatro anarquistas que entrarían en el Gobierno, de la mano de Largo Caballero, un hecho inaudito en el mundo. Peiró se haría cargo de la cartera de Industria. Estando al frente de este Ministerio se elaboró el decreto de incautaciones y se proyectó la creación de un banco de crédito industrial. Negrín, como ministro de Hacienda, siempre se opuso a sus proyectos.

Cuando Francisco Largo Caballero dejó su responsabilidad de dirigir el Gobierno, Peiró regresó a Mataró y la Cooperativa. Pero, además, dictó conferencias y se dedicó a atacar a los comunistas en la prensa en relación con el asunto del POUM.

Posteriormente, sería nombrado comisario general de energía eléctrica. Peiró fue un convencido antiderrotista y denunció el quintacolumnismo, además de la necesidad de que el anarcosindicalismo hiciera una reflexión sobre su papel en la guerra. En esa época estuvo preparando un libro sobre la gestión de recursos económicos españoles.

En febrero de 1939 pudo cruzar la frontera francesa. En Perpiñán sería detenido, aunque luego pudo marchar a Narbona donde se encontraba su familia. En París fue el representante de la CNT en la JARE, es decir, Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles. Peiró consiguió sacar a muchos anarcosindicalistas de los campos de concentración franceses para que pudieran marcharse a México.

Fue detenido y las autoridades policiales francesas emitieron una orden de expulsión, por la que podría pasar a la Francia no ocupada, pero los nazis no estaban dispuestos a permitir que se escapara Peiró. Fue de nuevo detenido y enviado a Alemania. El Gobierno franquista, a través de Serrano Súñer, solicitó en 1941 su extradición. El 19 de febrero fue entregado en Irún. Fue conducido a Madrid para ser interrogado y torturado. En abril pasaría a Valencia.

En diciembre comenzaría su juicio. Se da la circunstancia que destacados responsables de la administración franquista emitieron informes favorables, destacando el falangista Luys de Santa María. Al parecer, fue uno de los que le ofreció que colaborase en el nuevo sindicalismo, lo que explicaría la tardanza en comenzar a ser juzgado. En todo caso, Peiró se negó en redondo a colaborar para salvar la vida, y eso provocaría que después de esta tardanza, se acelerase el proceso en la primavera de 1942. También la policía de Barcelona confirmó que Peiró se había distinguido contra la represión indiscriminada en la guerra.

En su contra se encontraba la Falange de Mataró. El fiscal llegó a acusar a Peiró de ser uno de los organizadores de la Semana Trágica del verano de 1909, pero su principal delito, en realidad, había sido ser ministro de la República.

El 21 de julio de 1942 fue declarado culpable. Junto con compañeros de la CNT sería fusilado en Paterna tres días después.