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Juan de Arellano y las flores del barroco

Jarrón con flores (Biblioteca Museo Víctor Balaguer). / Wikipedia Jarrón con flores (Biblioteca Museo Víctor Balaguer). / Wikipedia

Juan de Arellano, nacido en Santorcaz (Madrid) en 1614, y fallecido en 1676 en Madrid, es un pintor que ha pasado a la Historia del Arte por su pasión por las flores, como bien nos explica Antonio Palomino en su obra El Museo Pictórico y Escala Óptica (1715-1724), fuente imprescindible para conocer la pintura barroca española. Con este género alcanzó el éxito en vida, y ya en edad madura, lloviéndole encargos de la nobleza, las instituciones eclesiásticas y particulares en Madrid, y que conocemos gracias a los inventarios de los clientes que se custodian el Archivo de Protocolos Notariales. Los Floreros tuvieron una enorme aceptación entre la clientela de pintura de la España barroca, y Arellano pudo ofrecer una producción propia, ya que hasta entonces la demanda se nutría de obras extranjeras.

Por esta razón instaló una tienda-taller en el mismo centro de Madrid. Como era habitual en la época barroca cuando presionaba la demanda tuvo que crear un equipo de pintores para sacar adelante los encargos, que no solo eran de flores, sino de otros géneros también. Su propio hijo, José, trabajó y siguió en esta línea de las pinturas de flores, aunque no con la calidad de su padre. Al parecer, pudo trabajar también con él su yerno, Bartolomé Pérez de la Dehesa, ya que, fue un especialista de pinturas de flores y de guirnaldas.

La producción, por tanto, de Arellano es muy grande, aunque no todos los cuadros estén firmados. Al parecer, comenzó a pintar este género hacia 1646 y durante una década, aproximadamente, se pueden detectar influencias flamencas, ya que los pintores de aquellas tierras siempre fueron especialistas en estas pinturas de flores, como habían sido los Brueghel, o Daniel Seghers, que, según los estudiosos, fue quien más le influyó, como lo demostraría su dibujo elegante y minucioso, además de la disposición del contenido del cuadro, de los denominados Floreros.

Estos cuadros solían presentar un ramo, variado de flores, en el centro de la composición, bastante simétrico, aunque pueden aparecer insectos y detalles para ofrecer un poco de dinamismo. Los ramos salen de recipientes de mimbre o de vidrio, aunque algunos también son metálicos, generalmente dorados.

Las flores son muy detalladas, pintadas al natural, lo que denota esa primera influencia flamenca, pero los Floreros luego se reelaboraban porque las flores que aparecen en los ramos son de estaciones distintas, por lo que era imposible pintarlas al mismo tiempo.

Posteriormente, adoptó más la influencia italiana de Mario Nuzzi (Mario dei Fiori). Así, Arellano fue abandonando un tanto la minuciosidad y el detalle por una pincelada más libre, dando más dinamismo a sus cuadros, además de imprimirles un colorido más vivo y variado, en una línea más barroca. En todo caso, Arellano tampoco abandonó su primigenia influencia flamenca, y la combinaba con esta nueva italiana, seguramente adaptándose al gusto de cada cliente.

Tanto el Museo del Prado como la Real Academia de San Fernando conservan estupendas colecciones de sus Floreros.

Sobre este pintor es interesante acercarse a la monografía de Luna, J. J.: El bodegón español en el Prado. De Van der Hamen a Goya, Museo Nacional del Prado, 2008.