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Estambul en el siglo XVI

La capital del todopoderoso Imperio turco en el siglo XVI se convirtió en una de las principales ciudades de Europa de la época moderna. Era la más poblada, llegando a más de setecientos mil habitantes a finales de la centuria. Era la capital más cosmopolita de todas por la diversa composición de su población. La mayoría estaba constituida por los turcos, algo más de la mitad de sus habitantes. Pero había gran cantidad de cristianos renegados de todas las orillas del Mediterráneo y muchos judíos. Debía ser sumamente plástico planear por el aire sobre las calles de Estambul y diferenciar a sus habitantes por el color de sus turbantes. Los turcos usaban el color blanco frente al amarillo de los judíos y el azul de los griegos.

Estambul tenía un puerto inmenso, el Cuerno de Oro, que se encontraba bien seguro entre el mar de Mármara y el mar Negro, lleno de todo tipo de embarcaciones. Además de este enclave comercial marítimo fundamental en el cierre oriental del Mediterráneo, la capital del Imperio de la Sublime Puerta, era un punto estratégico del comercio terrestre porque allí convergían las rutas orientales de caravanas asiáticas que llegaban a Scutari frente al núcleo central de Estambul al otro lado del mar. Pero también era la puerta de Europa, a través de los Balcanes.

Estambul estaba dividida en barrios bien definidos, ya que estaban separados por el agua. En realidad, el conjunto general se componía de tres grandes núcleos. En primer lugar, estaba la ciudad de Estambul propiamente dicha, limitada por el mar de Mármara, el Cuerno de Oro y por tierra por una impresionante muralla de unos siete kilómetros, destacando las Puertas de Eyub y de Adrianópolis en la parte norte y el Castillo de las Siete Torres al sur, al borde del mar de Mármara. Era la parte con mayor densidad de población, aunque no faltaban los espacios verdes con jardines, plazas y paseos. Las manzanas o cuadras de casas eran anchas con casas bajas muy juntas, generalmente de madera y ladrillo, y con fachadas de colores suaves. Estambul contaba con unas cuatrocientas mezquitas con sus respectivas plazas. Las calles eran sinuosas y estrechas, fruto de la larga historia de esta ciudad que hundía sus orígenes en la Antigüedad, y que conservaba, aunque transformado el esplendor de Bizancio. En Estambul había barrios famosos, como el Bazestán, bazar de varios pisos donde era posible encontrar casi cualquier producto o mercancía. En la parte sur habría que hablar del Serrallo, lugar de esparcimiento y diversión. También debe citarse el espacio donde se levantaba la enorme mezquita de Solimán, rodeada de jardines, escuelas coránicas, bibliotecas y un hospital. Por su parte, la antigua Santa Sofía, cumbre del arte bizantino, fue convertida en una gran mezquita. También hay que aludir a los tekkes, lugares de reunión y retiro para celebrar ritos sufíes. La construcción principal de Estambul, desde donde se gobernaba el Imperio, era el Palacio de Topkaki, levantado a partir de la conquista turca de Constantinopla. Estaba situado al borde del Cuerno de Oro. Es un conjunto de edificios, patios y jardines de más de setecientos mil metros cuadrados, rodeado de una vieja muralla.

Al otro lado del Cuerno de Oro se encontraría Gálata-Perea, donde habitaban los extranjeros occidentales y los embajadores de las distintas potencias, así como los grandes comerciantes y banqueros. Destacaban las grandes mansiones y palacios, pero también los arsenales, muelles y almacenes para el comercio. También estaban las casas de corretaje y seguros, destacando la colonia judía. Las colinas de Pera estaban plantadas de viñas. Desde allí se podían contemplar espectaculares vistas del conjunto de Estambul y sus alrededores.

Scutari, en el continente asiático y con el islote de Leandro era, como hemos indicado, el lugar a donde llegaba y de donde salían las caravanas. Albergaba un inmenso mercado de caballos.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.