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Flores e insectos a propósito de la 'expo' de los Brueghel

Ya hemos dedicado un artículo a la exposición exhaustiva de los Brueghel en el madrileño Palacio de Gaviria a propósito de las alegorías, pero la muestra da para muchísimo más, ofreciendo sugerencias de todo tipo. Una parte fundamental de la misma está dedicada a las flores y, por extensión, a los insectos.

Las flores han sido un género, dentro de las naturalezas muertas, muy cultivado en la Historia del arte, y los Países Bajos no fueron una excepción, especialmente en la época barroca, como la exposición nos demuestra.

Regresando a la Historia, la flor se asoció con el ciclo de la vida natural desde la Antigüedad clásica, además de convertirse en símbolo del amor y la galantería, y hasta fue un ornamento arquitectónico en algunos órdenes clásicos. Después, el cristianismo transformó las flores para darles nuevos significados. Es interesante recordar la importancia de las mismas y las plantas en la iconografía de la Edad Media en relación con el hortus conclusus, con el paraíso. La azucena se convirtió en una flor muy destacada al ser símbolo de la pureza de la Virgen, frente al iris que se asoció con el dolor de la misma. Después, en la Contrarreforma, en la época de la exposición, las flores se asociaron a virtudes cristianas que debían ser potenciadas en el nuevo programa ideológico de la Iglesia Católica.

Las flores, además, aparecen como un elemento muy importante del género de la vanitas, ya que son uno de los más claros ejemplos que proporciona la naturaleza de la belleza efímera, que muere en poco tiempo, como la vida, posibilitando reflexiones sobre lo que es realmente importante.

Pero las flores también respondían a una pasión general vinculada a los descubrimientos de nuevas especies provenientes de las Indias orientales y occidentales. Tal pasión llegó a ser un furor popular a través de la conocida como tulipomanía, uno de los primeros fenómenos de especulación económica, pero en relación con los bulbos de tulipanes que se negociaban como en un mercado de valores, inflándose los precios de tal manera que, en 1637 cuando la escalada de los precios se disparó de tal manera que provocó un verdadero “crack bursátil”, sin que las autoridades holandesas pudieran hacer nada.

En relación con los descubrimientos geográficos se desarrolló en Europa todo un arte asociado a la botánica. Se elaboraron muchos tratados con finalidad científica, pero con un alto valor artístico, que se basaban en representaciones iconográficas muy detalladas, precisamente por ese objetivo a favor de la ciencia. Por otro lado, esos repertorios se convirtieron en modelos para los pintores de flores, no siendo en la época barroca común la observación directa de la naturaleza porque los bouquet de flores contienen especies de lugares muy distintos y, sobre todo, que florecen en épocas diferentes. Para pintar esas flores tenían, por lo tanto, que conocer esos tratados o modelos como los del pintor Flegel, o los Florilegios. Regresando a la exposición, no cabe duda que Jan Brueghel el Viejo debía poseer muchos de estos repertorios y Florilegios para componer los cuadros de flores.

Y estos cuadros de flores tienen insectos, mariposas, mariquitas, moscas y otras especies que se deslizan por los tallos o se posan en los pétalos de las flores. ¿Qué significado tenían los insectos?, ¿son meros reflejos de la realidad o simbolizaban algo? Es verdad que se intentaban plasmar lo más real que se pudiera como se hacía con los tulipanes, o las rosas, pero también es verdad que los insectos simbolizan en la cultura occidental nada bueno, más bien el mal. Las moscas se vinculan al demonio, ya que Belcebú es el señor de las mismas. Pero no todos los insectos son símbolos de la maldad. Ahí estarían las mariposas, insectos que nacen de un capullo, y se pueden vincular a la resurrección y la salvación desde una óptica cristiana.

Si lugar a dudas, las pinturas de flores de esta exposición nos fascinarán y nos motivarán a investigar sobre este género en aquella época, en otros lugares, y sobre su evolución posterior hasta el arte actual con nuevos y matizados significados.

Existe un fascinante libro titulado La naturaleza muerta, publicado por Electa en España en 1999 sobre una traducción italiana que nos explica en un capítulo, escrito por Lucia Impelluso, la importancia de las flores en la Historia del Arte, y que nos ha servido como fuente para completar este artículo.