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La reseña de la biografía de Fouché de Stefan Zweig por Manuel Albar en 1931

Después de muchos años de leída la biografía sobre Fouché de Stefan Zweig, creemos interesante el ejercicio de estudiar la reseña que se publicó sobre dicha obra por parte de Manuel Albar en El Socialista, en marzo de 1931. La edición española fue publicada por Editorial España con traducción de Máximo José Kahn y Miguel Pérez Ferrero.

Albar fue un destacado miembro del PSOE, tipógrafo y periodista zaragozano, procedente del anarquismo se acercó al socialismo en 1926, llegando a ser miembro de la Comisión Ejecutiva, diputado por Zaragoza, y luego, de nuevo miembro de la Comisión Ejecutiva en el exilio.

La biografía de Zweig era para Albar un prodigio de estudio psicológico, demostrando, en opinión del aragonés, que en ese momento no había quien superara al austriaco en el género biográfico. Sin lugar a dudas, esa fama contemporánea se ha mantenido en el tiempo, siendo esta biografía, precisamente, una de las más logradas debida a su pluma, en nuestra opinión. Era como si el escritor tuviera una visión doble. En el laberinto que supondría la vida de un personaje se adentraba hasta lo más profundo, dominando “el secreto del misterio”, y con la seguridad que saldrá “airoso de la aventura”. Solamente un biógrafo como Zweig podía acometer la empresa de estudiar la biografía de Fouché, todo un enigma. En ese sentido, debemos recordar que estamos hablando de un personaje con un inmenso poder en un momento histórico complejo como fue el de la Revolución francesa el Imperio napoleónico y la Restauración monárquica, participando en las tres etapas y conseguir salir indemne, además de ser uno de los padres de la policía moderna. Para Albar, el escritor estudiaba más que la vida de Fouché el espíritu “lleno de sombras” del mismo. A diferencia de los que se habían contentando en definir al francés como un ambicioso vulgar que compraba el poder a cambio de traiciones y servilismo, Zweig se adentraba en la psicología de un personaje que, a nuestro entender, no deja de fascinar, precisamente porque no brilla, pero está ahí siempre. No era solamente un traidor o un intrigante, sino el prototipo de la traición y de la intriga. A pesar de las aparentes curvas de su vida, en realidad, dibujó una línea recta, porque Fouché no perdió nunca su camino. Fouché era un enemigo poderoso porque actuaba en la sombra, clave en su éxito. El francés trabajaba entre bastidores, por eso, apuntamos nosotros, no había sido considerado un personaje de primera línea por la historiografía en una época con tantos protagonistas, a pesar de que pocos de esos protagonistas tuvieron tanto poder como Fouché. Actuaba sin ruidos, recogiendo los hilos que le daban la victoria. Sin que nadie lo notara fue venciendo a sus adversarios y traicionando a sus amigos. Así en la Convención traicionaría a los girondinos para pasarse a la Montaña, y otras más traiciones, pasando de la República al Imperio, y de Napoleón a servir a Luis XVIII.

Albar hizo en su reseña también un ejercicio comparativo con Talleyrand, algo que ha sido casi habitual al tratar de Fouché. Eran iguales en su ansia de poder y riqueza, pero harto distintos. Ambos procedían del ámbito eclesiástico, con un gran punto de cinismo, capaces de traicionar sin escrúpulos, y amantes de la intriga. Pero Talleyrand siempre mantuvo un espíritu aristocrático frente a un Fouché plebeyo, a quienes todos temían, pero nadie admiraba. No olvidemos que al comenzar la Revolución Talleyrand era un príncipe de la nobleza, arzobispo de Autum, y Fouché, en cambio era un eclesiástico oscuro. Talleyrand sería siempre un verdadero cortesano, amante de las mujeres, el vino y el juego, frente a un Fouché que acumulaba riqueza, pero vivía como un avaro. Pero para Albar frente a la fama y la gloria de Talleyrand estaría el verdadero poder, y ese lo tuvo siempre Fouché porque conocía todos los secretos, y podía inclinar la balanza de los acontecimientos. Fouché venció siempre desde los Estados Generales hasta Luis XVIII. El duque de Otranto, el título que alcanzó, sobrevivió a todos y todos. Cuando falleció murió el genio de la intriga, un político que hubiera sido admirado por Maquiavelo.

No podemos dejar de estar más de acuerdo con esta reseña de Manuel Albar. No nos queda más que recomendar la lectura del libro que, en la actualidad, ha sido editado por Acantilado con traducción de Carlos Fortea.

La reseña de Manuel Albar se publicó en el número 6883 de El Socialista de 1 de marzo de 1931. Sobre Albar podemos acudir al Diccionario Biográfico del Socialismo Español donde, además de reseñar extensamente su biografía, se incluyen referencias bibliográficas.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.