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A propósito de la exposición de los Brueghel: las alegorías

Uno de los apartados de la exposición sobre la familia de los Brueghel en el Palacio de Gaviria de Madrid está dedicado a las alegorías. Al parecer, Jean Brueghel el Joven era un verdadero maestro en las mismas a través de la representación mitológica, y la muestra da buena cuenta de su genio.

En nuestro mundo se ha perdido el significado de las alegorías, a pesar del dominio actual de la imagen. Las alegorías no son otra cosa que metáforas a través de las imágenes, pero centradas en su carácter simbólico, la causa de que hoy no se aprecien, ya que hemos perdido toda la cultura simbólica acumulada desde la Antigüedad y acrecentada con el acervo cultural judeocristiano. La alegoría pretende representar un concepto o idea por medio de figuras o de atributos. Con el paso del tiempo nos puede ser difícil deducir qué se nos está contando si no conocemos el significado de los símbolos, las figuras o los atributos que acompañan las mismas, como ocurre en muchos cuadros de temática religiosa, pero también con otros con figuras mitológicas.

El arte pretende con las alegorías emplear objetos materiales que presentan una analogía con un concepto inmaterial, con una idea. Por eso es fundamental conocer toda ese acumulado saber. Las alegorías tienen una clara vocación didáctica, enseñar el concepto abstracto, la idea a través de la imagen. Así lo hacían los grecolatinos, donde la mitología juega un papel fundamental, y así se hizo con todo el arte cristiano medieval para enseñar a los creyentes en las iglesias, para luego pasar con mucha fuerza al Renacimiento, y al Manierismo, momento cubre de la alegoría porque dicho estilo estuvo definido por un marcado intelectualismo y sofisticación, para pasar al Barroco y al Neoclasicismo, arte que marcó mucho el sentido pedagógico de la alegoría en la defensa de valores ciudadanos, relacionados con los profundos cambios políticos que se avecinaban. El mundo imaginario e inconsciente resucitó la alegoría a partir del siglo XIX.

En la exposición aparece un tipo de alegoría muy interesante. Junto con las figuras humanas que personifican entidades superiores, estados del alma o ideas. para encarnar la paz, las virtudes, la abundancia o la divinidad, se añaden animales exóticos en aquel momento con el fin de dar un sentido tangible o material, algo muy propio de la cultura artística de los Países Bajos.

Las alegorías que podemos disfrutar tienen que ver con la paz y la guerra, un tema fundamental en la Europa renacentista y barroca, pero, sobre todo, con las dedicadas a los elementos, que también disfrutaron de una gran popularidad. Vesta representaba el fuego, Ceres, la tierra, mientras que Urania el aire, para, por fin, Anfítrite simbolizar el agua. Estas alegorías de los elementos se basaban en el modelo de Empédocles. Su filosofía nos habla desde el siglo V a. C. de esos cuatro elementos, que se vinculaban o asociaban a cualidades. El aire era la luz, el agua, en cambio las emociones frente a la tierra que se asocia a la estabilidad, y, por fin, el fuego era el deseo.

Por fin, es importante destacar que las alegorías de esta pintura holandesa también recogían su peculiar forma de representación pictórica, basada en el realismo, en lo minucioso de los detalles, especialmente de las vegetaciones, todo un placer estético después de disfrutar del intelectual que nos ofrecen la alegorías.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.