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Yevgueni Zamiatin: literatura frente al totalitarismo

La literatura rusa es, en nuestra opinión, una de las más ricas y atrayentes que existen, y no solamente la más clásica del siglo XIX, y creemos que, a pesar de la distancia cultural, existen extrañas conexiones que nos permiten familiarizarnos y fascinarnos con sus autores y sus obras. En los últimos tiempos, gracias al esfuerzo de grandes y pequeños sellos editoriales, se nos están ofreciendo magníficas traducciones de obras que desconocíamos, o que, siendo más clásicas, no estaban muy bien traducidas.

Uno de los autores que no hemos conocido mucho en España es Yevgueni Zamiatin (1884-1937). Ya solamente por su propuesta novedosa en el género de las distopías, antes que Orwell, merece que nos detengamos en su obra y en su figura.

Nuestro protagonista nació en Lebedyan, población cercana a Moscú, hijo de un sacerdote ortodoxo y de una intérprete de piano. Estudió para ser ingeniero naval, profesión que ejerció. En la Gran Guerra estuvo en Gran Bretaña para supervisar la fabricación de barcos rompehielos con destino a la Marina Rusa, y comenzó una fructífera carrera literaria. Sus primeros éxitos le valieron el reconocimiento general y el apoyo de Gorki, especialmente por su Relato sobre lo principal. Se le llegó a comparar con Gógol, uno de los padres de la literatura rusa contemporánea, gracias a sus relatos Los isleños y El pescador de hombres, donde relata su experiencia británica. Simpatizó con la causa revolucionaria en 1905, y hasta estuvo detenido, pero su entusiasmo revolucionario se enfrió muy pronto. De la experiencia en la cárcel salió su cuento Solo.

Su gran novela fue Nosotros (1924), una obra que fue prohibida en la URSS, que tuvo que publicarse fuera del país, y que puede ser considerada una de las primeras distopías de la literatura, influyendo en la novela 1984 de George Orwell. La obra nos relata el control del Estado sobre la vida de los ciudadanos, la destrucción de la intimidad y la anulación del individuo. En ese momento decidió dedicarse más al teatro, habida cuenta que casi todas las revistas donde colaboraba fueron cerradas. Estrenó La pulga con mucho éxito, obra que durará en cartel varias temporadas en el Teatro del Arte, pero de forma repentina es retirada del repertorio del Teatro y se le prohíbe estrenar otras obras. Consigue, gracias a Gorki, poder marchar al extranjero. La inundación (1929) sería su última obra antes de irse de Rusia. En esta novela el autor nos habla de la crecida del Neva y de un drama familiar espléndidamente narrado en una obra no muy larga. También es importante su Autobiografía (1922).

Al no querer plegarse al totalitarismo estalinista que, como tal, abarcó también la literatura y las artes, cayó en el ostracismo. Zamiatin consideraba que los verdaderos revolucionarios eran los “dementes, los ermitaños, los herejes, los soñadores, los rebeldes, los escépticos”. Zamiatin falleció en París.