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EL PERIÓDICO
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Luisa Marco Sola

Doctora en Historia Contemporánea. Autora de diversos libros y artículos sobre el Catolicismo y la Guerra Civil española.

Luisa Roldán: Una mujer escultora en el siglo XVII

Nacida en Sevilla en 1652, Luisa Roldán tuvo la suerte de formarse en el taller del escultor más prestigioso de la ciudad: Su padre. Pedro Roldán en aquellos tiempos dirigía un obrador tan reconocido que acumulaba encargos y se veía forzado constantemente a ampliar la plantilla de aprendices y ayudantes. Allí se formó la que sería llamada La Roldana, y de ninguna otra forma podría haberlo hecho siendo mujer, pues los gremios no lo permitían.

La mujer más peligrosa

Emma Goldman nació en la Rusia zarista, en Kaunas (hoy Lituania), en 1869. Su infancia transcurrió en San Petersburgo bajo la sombra de un padre severo y machista que la preparó para una vida de domesticidad. Emma recordaba a su progenitor en sus memorias como “la pesadilla de mi infancia”. Cuando se le presentó la oportunidad de huir a América junto con su hermana Helena no lo pensó dos veces, llevaba desde los trece años trabajando en una fábrica textil y su padre acababa de acordar “a buen precio” su boda. En 1886 desembarcó en Nueva York, la Tierra Prometida. Dejaba atrás su Rusia natal pero se llevaba con ella la rebeldía que siempre la acompañaría y el modelo a seguir, el de mujeres rusas antizaristas como Vera Figner, Olga Liubatóvicht o Elizabeth Noválskaya, mujeres que vivían para la revolución y no para los hombres.

La profecía autocumplida de Camille Claudel

La obra más importante de la escultora Camille Claudel, La edad madura (1895), es más que arte: Es un reflejo lúcido y emotivo de su propia, y trágica, existencia. Al frente del grupo escultórico un hombre que se aleja llevado de la mano por una mujer. Tras ellos, de rodillas, rota de dolor, una tercera figura joven y sensual, la propia Camille. El conjunto plasma con una sinceridad arrebatadora la dramática historia de amor entre Camille y su maestro, Auguste Rodin (1840-1917), y cómo éste siempre se negó a romper con la que luego sería su mujer, Rose Beuret (1844-1917). Las figuras desnudas envueltas en drapeados logran un efecto de movimiento, de velocidad, sin parangón. Pero, sobre todo, muestran sin ambages la verdad de los personajes, sus pasiones y flaquezas. Ésta fue siempre la principal preocupación artística de Claudel.

Artemisia Gentileschi: Mujeres pintoras, heroínas y justicieras

El Museo del Prado, una de las pinacotecas más importantes de Europa -si no la más-, expone 1.160 pinturas. Destacan las colecciones de Velázquez, El Greco, Goya, Tiziano, Rubens, El Bosco, Murillo, Ribera, Zurbarán, Tintoretto o Van Dyck. Diferentes estilos, diferentes épocas, diversas temáticas y técnicas. Pero dentro de esta enorme colección una constante se repite: Es una selección abrumadoramente masculina en la que sólo seis de las obras expuestas son de pintoras. Las elegidas son: Sofonisba Anguissola (1535-1625), la más representada con tres obras; Clara Peeters (1589-1621), con dos cuadros expuestos; y Aremisia Gentileschi (1593-1654), con su Nacimiento de San Juan Bautista (1635). Frente a ello, 240 de los cuadros son desnudos femeninos. Protagonistas, sí, pero como objetos que admirar.

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Margaret Mead: Sexo, temperamento y aborígenes de Nueva Guinea

Margaret Mead (1901-1978) nació en un entorno privilegiado. Su padre era profesor universitario y su madre activista social. Buena parte de la educación temprana de Mead tuvo lugar en el hogar. Su abuela, maestra, convivía con ellos y tomó parte en la formación de sus nietos. La madre de Mead, una pionera de la sociología que llevaba a cabo estudios de campo sobre inmigrantes italianos, se llevaba a Margaret con ella cuando iba a entrevistarles. Los juegos infantiles de la pequeña Margaret, de hecho, consistían en entrevistar a sus hermanos y consignar las respuestas en un cuaderno como el de su madre. De personalidad arrolladora, Mead fascinó a todos los que la conocieron. El antropólogo Robert Murphy afirmaba en su libro The body silent (1987) cuán difícil era definirla porque ella era “como el aire que se respira”.

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Lumina Sophie “Surprise”: La desconocida líder de la insurrección comunal de Martinica.

La Comuna fue un movimiento insurreccional que tuvo lugar en distintas ciudades francesas entre septiembre de 1870 y mayo de 1871. Tras la derrota de Napoleón III en la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871) y la caída del Imperio, la población se encontraba exhausta y profundamente decepcionada con la actuación del gobierno provisional de la República presidido por Adolphe Thiers. El movimiento comunal eclosionó por todo el Hexágono: Lyon, Marsella, Narbona, Limoges, Toulouse y muchas otras se unieron a la ola de ira. En conjunto, estas insurrecciones se caracterizaron por su brevedad. La mayoría de ellas apenas duraron varios días, siendo la más larga la de París, que se prolongó durante setenta y dos días, del 18 de marzo al 21 de mayo de 1871. En este caso, se puso en marcha el primer ensayo de un gobierno dirigido por la clase obrera de la historia, regido por el socialismo autogestionado. Promulgó una serie de decretos revolucionarios que pretendían paliar el estado de extrema pobreza en que por aquél entonces vivía la mayoría de la población.

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Las sansimonianas frente a los sansimonianos: Los límites de la utopía.

El sansimonismo fue una doctrina económica, política y social basada en los escritos del socialista utópico Claude-Henri de Rouvoy (1760-1825), conde de Saint-Simon. Entre otras cuestiones, consideraba que los individuos debían ser clasificados según su capacidad y remunerados en función de sus obras. Sus seguidores llevaron a cabo la primera experiencia práctica basada en el socialismo, si bien de una naturaleza concreta difícil de definir.

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Olympe de Gouges (1748-1793): El Feminismo y la Revolución

“La mujer que tiene derecho a subir al cadalso, también debe tener el derecho a subir a la tribuna”.

Olympe de Gouges

Marie Gouze, pues ese era su nombre real, era hija de un carnicero y una lavandera de Montauban (Francia). Sus padres le concertaron un matrimonio a los diecisiete años con un hombre mucho mayor. Tanto, que apenas dos años después fallecía dejándola sola con un hijo a su cargo. Paradójicamente, Marie conocía así una de las pocas vías a la emancipación que durante mucho tiempo conocieron las mujeres, la viudedad. Sobre todo cuando esta ocurría entre las clases pudientes. A partir de ese momento, gracias a los 70.000 francos de renta que le legó su marido, Marie podría dedicarse a la literatura y el ensayo con total libertad.

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María de la O. Lejarraga, la mujer detrás de “Gregorio Martínez Sierra”.

Ocultarse bajo un pseudónimo a la hora de escribir fue durante tiempo una práctica habitual. Y mucho más tratándose de mujeres. Durante el siglo XIX se convirtió en un recurso habitual para aquellas que osaban romper los moldes y lanzarse a la aventura de las letras. Los motivos eran diversos. Por un lado, protegían así la propia obra literaria, puesto que todo lo escrito por “señoritas” era, de partida, considerado como de género menor, más superficial, inocuo. Por otro, se protegían a sí mismas del desprestigio social que acompañaba a las mujeres con ansias intelectuales.

Flora Tristán, o Por qué el Socialismo no puede avanzar sin el Feminismo

El camino a la militancia se hace a veces a través de una reflexión intelectual y pausada; otras muchas, transitando los inhóspitos senderos de la supervivencia más cruda. Tal fue el caso de Flora Tristán (París, 1803 - Burdeos, 1844), figura clave por méritos propios tanto del socialismo como del feminismo.