«Cuantas más vueltas le doy más cosas comprendo, y cuanto más cosas comprendo más miedo me da» (Otra vuelta de tuerca, Henry James)
Hablemos de fantasmas, de abducción y de pérdida de la inocencia. Con una sola condición: nunca debemos importunar al señor que nos paga.
Me asusta saber que no podemos reducirlo al relato de alguien que ve visiones; no obstante, todo depende del punto de vista que decidamos adoptar en esta realidad-verano de 2020. Tampoco debemos realizar una simple transferencia del miedo en la que los sobreentendidos nos sigan jugando una muy mala pasada. El entramado de sospechas, suposiciones y evidencias cambiantes acerca del coronavirus hace que el miedo se propague por todos nosotros. Ante este panorama mi primera duda es: ¿quiénes somos, la institutriz mentalmente desequilibrada o los seres malignos que atormentan a los vivos?
Yo ya no sé si es que oigo voces apocalípticas en mi cabeza o si realmente las escuché en algún medio de comunicación anunciando el terror como arma arrojadiza. A la velocidad con que son desmentidas y sustituidas por otras nuevas noticias me hace pensar que estoy siendo víctima de la histeria colectiva, pero me niego a que me falle el corazón y me quede in albis sin saber cómo termina esta apasionante historia de apocalipsis fantasmal mundial. En realidad, creo que empiezo a tener algo de señorita solterona decimonónica inglesa, con una fantasía más que notable y tendencia a elucubrar ̶ yo creo que ya más por puro aburrimiento y enfado ante lo que estamos viviendo que por creencia inamovible. En fin, que me aburro tanto como la institutriz en el caserón de la campiña británica y voy a terminar más loca que Nicole Kidman en Los otros. Esos mismos otros que nos están haciendo dudar de la realidad y que nos atenazan con el miedo, sea este real o no, sabiendo que es el sentimiento más poderoso. El otro es el amor, pero ese no lo practican. Entre medias, nos han vendido una novela de terror con un punto de inflexión magistral en el que no sabemos si todo es producto de nuestra imaginación o si de verdad es para morirse de miedo.
Así que cuanto antes lo entendamos mucho mejor, porque será menos probable que perdamos la perspectiva; y mientras más alejados nos mantengamos de presencias malignas, de botarates de una y otra ideología al mero servicio de su propio bienestar y de esos profetas cargados de buenas intenciones (como el ama de llaves del libro) que terminan endiosándose y creyendo que su misión mesiánica es el fin último y por la que no dudarán en sacrificar todo cuanto se interponga en su camino dando todas las vueltas de tuerca que sean necesarias, más probable es que no perdamos el norte y salgamos de esta. Así que vamos a ver si espabilamos ya y nos despertamos de este sueño de sombras chinescas.
Hay que hacerlo pronto, que se avecina el otoño y quedarse encerrado en casa abre las puertas a muchos demonios. Que nos corran las cortinas.