Casa de muñecas con coronavirus
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«HELMER: Nora, por ti hubiese trabajado con alegría día y noche, hubiese soportado penalidades y privaciones. Pero no hay nadie que sacrifique su honor por el ser amado.
NORA: Lo han hecho millares de mujeres». Casa de muñecas. Henrik Ibsen.
Esta obra de teatro es una crítica a la falta de capacidad jurídica de la mujer para actuar por sí misma en cualquier plano de la vida sin necesitar del aval del varón. También apela a la no supeditación de géneros desde la perspectiva de una época en la que la idea general entre filósofos, científicos y juristas era que la mujer nunca alcanzaría la madurez mental plena. Aunque el autor estaba más interesado en plantear la crítica social, y el tema de los derechos humanos en general, y por mostrar las cosas tal como eran, Nora, la protagonista, terminará convirtiéndose en el paradigma de los derechos de la mujer, hasta tal punto que la prensa europea de la época acuñó el término «noraísmo» (en el momento del estreno de esta obra en 1879, el concepto de feminismo tenía carácter médico y aludía a una feminización de los rasgos faciales masculinos provocada por la tuberculosis). En Casa de muñecas lo que se viene fraguando a lo largo de ocho años de matrimonio burgués se despacha en apenas dos días, que es lo único que se muestra sobre el escenario, cuando todo se precipita de manera tan inesperada que cambia la vida de todos los personajes en vísperas navideñas. Un escenario tan abrupto como el que hemos tenido nosotros para adaptarnos al nuevo decorado que nos ha traído el virus con la Navidad ante portas.
Nora necesitaba dinero para curar a su marido y lo obtuvo falsificando la firma de su padre de un prestamista, que luego será subalterno de su marido y que la chantajeará para que el esposo no le eche del trabajo. Como no lo consigue, este vende a Nora que ve como su autoconstruida felicidad de ama de casa-muñequita se va al traste y se siente tan profundamente humillada y, al mismo tiempo decepcionada por aquél por el que lo dio todo, que cansada de fingir renuncia a su vida, abandonando su hogar, matrimonio e incluso a sus hijos, para buscarse a sí misma y su lugar en el mundo…Un acto de tremenda valentía y un camino en el que las mujeres continuamos hacia el reconocimiento de la igualdad que permita equiparar nuestros trabajos y sueldos a la de los varones.
Por eso quisiera subir a este escenario (antes de que, cansadas, lo abandonen) a todas las mujeres que siguen cuidando de su familia, ese pilar tan firme y entregado que necesita ver sus esfuerzos coronados. No solo por ni a causa del coronavirus, sino por derecho propio y por decencia básica.
Ellas, todas nosotras, me recuerdan a Nora, pero más valientes, porque a pesar de todo el trabajo que soportan sus espaldas no han dejado de seguir encargándose de sus casas, sus hijos y sus parejas; porque se han quedado con todas las cargas, sumándolas, ejerciendo de cabeza de familia y cuidadoras eficientes de enfermos de COVID, sin ayudas ni pagas extras, a menudo sin contratos dignos, por la vocación de entrega de mujeres que han superado el concepto de muñecas vestidas de blanco. Po eso se lo dedico a ellas, a todas mis Noras del mundo. Para que no tengan que dar más portazos.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.