El nadador atravesando las aguas del coronavirus
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
Cuando un Neddy Merrill, o un Burt Lancaster en su mejor versión, decide aprovechar su perfecta jornada de domingo para volver a su casa nadando los 13 km de distancia atravesando las piscinas de sus amigos y conocidos, no sabe que su periplo será más duro que la odisea del que no volverá a su casa en años.
No sabe que su libertad está a punto de ser su propia jaula. Ni que perderá el norte buscando la orientación de lo conocido.
Y así estamos nosotros, que hemos redescubierto cada esquina y rendija de nuestras casas, navegándolas al principio como nadadores satisfechos y deportivos, llenos de ánimo, buenas intenciones y mejores deseos, más tarde con cierto frío y cansancio, con una desgana in crescendo, y que aún seguimos recorriéndolas como un hámster corre por su rueda, porque ya no hay otra cosa que podamos hacer. Se trata de continuar, de dar brazadas sin mirar atrás. Con cada salto de valla y de piscina, nos acercamos a Neddy, a nuestro futuro.
La pregunta, no obstante está clara: ¿cuánto tiempo más seguiremos navegando en una piscina que parece no tener final? Por primera vez no solo existe el miedo al confinamiento sino a la liberalización. Muchos no sabrán qué hacer con su recuperada libertad, una vez las jaulas abiertas, ni si dicha libertad será como antes o vendrá cambiada y será limitante por los miedos y cansancios acumulados durante esta larga travesía. Quizás, incluso, perdamos algo de la noción lineal del tiempo y acusemos vacíos de memoria personal y colectiva y obtengamos respuestas extemporáneas de aquellos que creímos ver ayer, cuando en realidad el tiempo ha ido pasando por nosotros sin conciencia.
Y como Neddy el triunfador, el padre de familia, bien situado, apreciado ser social, nos hemos quedado atrapados en el bucle de las ondas de las piscinas ajenas, en aguas cada vez más frías y con personas cada vez menos hospitalarias, más cansadas, crispadas, dolidas y afectadas, que comienzan a vallar sus setos y entradas. Ahora nos comunicamos a distancia, nadando en un mar de palabras con todas las contradicciones acumuladas en la orilla, saltando por un trampolín que no sabemos si es el ideal para la profundidad necesaria del agua contenida, y nos asusta pensar que pronto tendremos que afrontar la cercanía, el fin del periplo… Justo ahora, que casi nos habíamos acostumbrado, que nos sentíamos seguros en nuestra morada de piscinitas disfuncionales, tenemos que seguir y enfrentarnos a nuestro destino para ver que en realidad ha pasado más tiempo del pensado y que lo anteriormente poseído y conocido se ha ido para siempre. Sin remedio ni lugar para el arrepentimiento.
Y que la lección última de toda esta breve y larga historia de contradicciones es nuestra. Y solo nuestra.
Habrá que aprender a empezar de nuevo. Posible y prácticamente de cero.
Como el nadador de John Cheever.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.