Urraca, señora de Zamora y la última custodia del Grial
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
Urraca Fernández, infanta de Castilla y de León es la primogénita del rey más importante de la península ibérica en el siglo XI, Fernando I conde de Castilla y rey de León al desposarse con Sancha I de León. Se supone que nació entre 1033 (M. Pidal) y 1037 (Sánchez Candeira), en todo caso antes de que sus padres accedieran al trono de León en 1038 según la Crónica Silense. Tanto ella como sus cuatro hermanos: Sancho, Elvira, Alfonso y García, por este orden, fueron educados como infantes en las siete artes liberales. Urraca se ocupó tempranamente de la educación de su hermano Alfonso, el futuro Alfonso VI, unos ocho años menor que ella, por el que siente predilección y con el que tendrá una estrecha relación toda su vida. Cuando su padre Sancho I fallece en 1065 el testamento real, lejos de traer la paz pretendida y conformar a los hermanos, será fuente de disputas territoriales con graves consecuencias, pues el rey ha decidido no seguir el derecho visigodo y leonés que adjudicaba la herencia al primogénito, sino el navarro, y así reparte sus tierras entre sus tres hijos varones (a Sancho Castilla, para Alfonso León y las parias de Toledo y a García Galicia y Portugal), dejando a su dos hijas el patronato y los diezmos de todos los monasterios regios ̶ con la condición de que se mantuvieran célibes ̶ y cierto poder en ciudades y predios fronterizos, manifestado aquí bastante tino político, pues bien sabía el rey que los árabes andalusíes interpretaban el Corán según la escuela jurídica malikí1, que prohibía combatir contra mujeres, lo que aseguraba esas tierras.
A la muerte de la reina madre en 1067 se desata la batalla fraterna entre Sancho, el primogénito varón, y Alfonso, el favorito del padre y de Urraca, por la unificación de Castilla y de León bajo una sola corona, después de dejar fuera de combate a García y anexionarse el primero el reino de Galicia. Urraca, siempre a la vera de Alfonso, reside con Elvira en su corte leonesa, hasta que en 1072 Sancho II vence a Alfonso en la batalla de Golpejera y lo exilia a su reino vasallo de Toledo por intervención de Urraca, mientras ella continúa conspirando y preparando su vuelta real. Consagrada a su hermano Alfonso, convertida en su consejera en la sombra, a finales de verano de 1072 se enfrenta al sitio de Zamora por parte de su hermano Sancho II desde la firmeza y seguridad de las murallas de una ciudad que en realidad pertenece al condado de Pedro Ansúrez, fiel partidario de Alfonso VI, para desde allí dirigir la revuelta generalizada del reino leonés contra Sancho II. A pesar de que muchas fuentes la señalan como reina de la ciudad, lo cierto es que no existen indicios históricos fehacientes que lo avalen, pues el testamento de Sancho I solo otorgaba a ambas hijas prebendas monacales y territoriales bien listados, entre los que no figura Zamora (ni Toro para Elvira, como se ha dicho2). Poco importa, pues bien es cierto que Urraca actúa como dueña y señora de la plaza de Zamora, acostumbrada a firmar documentos y comandar milicias, ya que las infantas leonesas conocían este oficio, pues eran las encargadas por tradición de la logística de avituallamiento de los ejércitos.
El asedio de Zamora es bien conocido y las leyendas sobre la muerte de Sancho II por Vellido Dolfos y la supuesta culpabilidad de Urraca han originado ríos de tinta literaria, y aquí entra de nuevo la leyenda de la mano del Romance de la Jura de Santa Gadea (recordemos el Cantar de Mío Cid), pero lo cierto es que es muy poco probable que Urraca tuviera nada que ver con ello y que esto fuera más bien fruto de la propaganda política castellana antileonesa. Lo cierto es que con la muerte de Sancho II Alfonso VI tiene el camino libre para coronarse como rey de Castilla, León y Galicia, y así es como logra hacerse rey, llamado a tiempo por su diligente hermana para reclamar sus derechos sucesorios, a pesar de la sospecha de fratricidio. Y Urraca a su vera. Su vida privada es discreta, nunca se casó, quizá porque sabía que esa era la única forma de gobernar sin estar sometida a un hombre, aunque documentos haya que la casen con el conde Ramón3 y aunque también fuera presa de leyendas negras que la emparejaban no solo con su hermano de manera incestuosa, sino incluso con el Cid, haciéndola protagonista celosa del poema Afuera, afuera, Rodrigo4 del Romancero Viejo, (versos también plasmados en un relieve mal conservado en la puerta de Urraca en Zamora, que la representa en la ventana echando con estas palabras al Cid que le proponía ceder la plaza a Sancho II), cuando lo más probable es que solo fuera su madrina al ser armado caballero (era, además 18 años más joven que ella en una época en que esos años eran muchos), e incluso es posible que la idea de emparejarlo con Ximena fuera suya, cumpliendo la promesa del fallecido Sancho II de casar a quien algunas fuentes consideran su hija natural con su capitán general Rodrigo Díaz de Vivar.
Pero además de todo lo dicho, esta domina del infantado, entendido este como la institución de mujeres de la casa real que no maridan y que actúan como señoras feudales, resultaría ser la custodia de la reliquia más a la vista y más escondida del cristianismo según investigaciones históricas recientes. Una tan importante que decide donar sus joyas personales y su corona para crear, y de paso ocultar, la que se considera una de las reliquias más veneradas de la cristiandad, conocida como el Cáliz de Urraca6, un vaso regalo del emir de Denia a su padre Sancho I, el monarca cristiano más poderoso de la península ibérica. Se trata de un cáliz-relicario en el que, según estos estudios novedosos, se ocultaría el Santo Grial bajo la forma de un cuenco de ónice de la época romana de Cristo. Si esto fuera cierto, cobra más sentido que en la bóveda del Panteón de San Isidoro de León, el mausoleo donde yace la familia real, se pintaran unos sorprendentes frescos cuyo tema sea la última cena (todos los apóstoles sostienen una copa blanca menos Jesús, a quien Marcial el copero presenta un cuenco oscuro), aludiendo directamente a la reliquia ahí conservada.
Está claro que Urraca, la del nombre regio7, es mucho más que la dama celosa y caprichosa que una parte de la historia quiso transmitir. Urraca es fuerte, fiel, independiente, inteligente, valiente, culta y determinada. Sabe callar y guardar, también celar y custodiar discretamente lo sacro confiado; sabe de leyes y de fueros, conoce la vida militar, y es capaz de dirigir plazas y ciudades sin dejar de ser mujer. Alcanzó una importancia capital como asesora real en asuntos de gobierno y fue la infanta con más poder en la sombra del mayor reino cristiano bajo el dominio de su querido hermano, ejerciendo prácticamente de canciller en la corte, así que aunque nunca fuera la reina nominal aun siendo la primogénita, sí lo sería a través del rey y su sobrina, la hija de Alfonso VI y Constanza de Borgoña, tan parecida a ella que llevaría su nombre y culminaría sus expectativas al convertirse en Urraca I de León, la primera reina europea e hispánica, conocida como Urraca La Temeraria, la única reina titular de este nombre, digna sucesora de una tía que la vio nacer y crecer, aunque esa ya es otra historia…
Y así vivió y actuó hasta que llegó el momento, pensó Urraca, pasada la sesentena, de alejarse de la corte. Cuando consideró que había cumplido su cometido, eligió un monasterio en León, al que hizo una generosa donación, y se retiró en paz hasta que llegada su hora fuera sepultada en la Basílica de San Isidoro de León, en el Panteón de los Reyes, bajo la cúpula del relicario que salvaguarda discretamente, como así sucedería finalmente en el año 1101 o 1103.
Este es un pequeño homenaje a esta reina virgen sin corona, la posible última custodia del Grial cuya vida le hace inmortal merecedora de no quedar olvidada en el polvo de la historia: Urraca, la infanta de León, la defensora de Zamora.
1La segunda más importante de las cuatro escuelas de jurisprudencia árabe fundada en el s. VIII por el imán de la ciudad de Medina y la más extendida en Al-Ándalus.
2https://www.condadodecastilla.es/personajes/urraca-fernandez-infanta-de-leon/. «La historiografía más actual rechaza la noticia recogida por Rodrigo Jiménez de Rada, en su De rebus Hispaniae, procedente de fuentes juglarescas, de que Urraca y Elvira heredaron el gobierno de las ciudades de Zamora y Toro, respectivamente».
3Flores, Henrique, España sagrada, teatro geographico-histórico de la iglesia de España, tomo XIX, 1792.
4Charo Moreno, Instituto-Seminario Menéndez Pidal, Universidad Complutense de Madrid, en: https://journals.openedition.org/e-spania/10843?lang=es. «El romance tuvo una gran vitalidad en la imprenta del Siglo de Oro, como muestra su publicación en el Cancionero de Romances sin año1 y en el de 15502 (de donhttps://elobrero.es/administrator/index.php?option=com_k2&view=item&cid=51244#de se toma en el resto de ediciones), la Silva de Zaragoza3, así como en los Romances de Sepúlveda4 y en las Rosas de Timoneda5, en un pliego conservado en la Universidad de Praga6, entre otros. Llega al teatro de la mano de Lope de Vega, con Las almenas de Toro7, de Francisco de Quirós, El hermano de su hermana, y de la de Guillén de Castro, con la comedia Las mocedades del Cid donde el dramaturgo hace un uso notable de las fuentes romancísticas tal como ilustró Stefano Arata en su edición».
5Torres, Margarita y Ortega del Río, José Miguel: Los Reyes del Grial 2014. Según fuentes documentadas por los autores: el cáliz de Cristo estuvo hasta el s. XI en Jerusalén, luego pasó al califa de El Cairo, como parte del saqueo egipcio a Jerusalén, de ahí se envía al emir de Denia como regalo por la ayuda recibida en Egipto contra la hambruna, y este lo regala como prenda de buena voluntad política al rey de León, sabedor de la importancia que una reliquia así tiene para el cristianismo. https://www.youtube.com/watch?v=g2EUFUqhJac
6Margarita Torres: https://www.youtube.com/watch?v=UcVFWJvUiEE&t=326s. Porqué el Santo Grial es el Cáliz de Doña Urraca de León.
7revistas UCM.es. art.22726-1-10-20110607 Jaime de Salazar y Acha 2. Urraca. En la España medieval, ISSN 0214-3038, Nº Extra 1, 2006 (Ejemplar dedicado a: Estudios de genealogía, heráldica y nobiliaria/coord. por Miguel Ángel Ladero Quesada), ISBN 84-95215-29-2, págs. 29-48. Un nombre egregio en la onomástica altomedieval. Sobre la interesante etimología de Urraca: «Esta palabra en su etimología viene del nombre propio «Urraca»; conferido de «marica», del latín tardío «gaia», del francés «margot» y del inglés «mag» denominaciones de la urraca provenientes del nombre propio femenino. Lo cierto es que, si observamos con atención la documentación altomedieval, podremos comprobar de forma palmaria que el nombre de Urraca tiene su origen geográfico en el área onomástica vasconavarra, es decir, el primitivo Reino de Pamplona y la zona aragonesa del Pirineo. Su ámbito originario es el mismo, por tanto, que el de muchos otros nombres peculiares, en ningún caso de origen germánico, cuya etimología no se ha estudiado bien, pero cuya raíz eusquérica o latina eusquerizada, queda fuera de toda duda. Así Sancho, Galindo, García, Íñigo, Fortún, Velasco, Lope, Aznar, Jimeno, Diego, usados por los varones, o Urraca, Oneca, Mencía, Velasquita, Sancha, Jimena o Toda, por las mujeres».
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.