El corazón de las tinieblas del coronavirus
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Hay un aire de muerte, una idea de la mortalidad en la mentira que es de forma precisa lo que más odio y detesto en el mundo, lo que más me gustaría olvidar» (El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad)
Vámonos de exploración con Marlow a ver si en el continente origen de la humanidad logramos encontrar al jefe de la explotación de marfil o sea, parafraseando, nuestro propio Apocalipsis Now redivivo. En esta novela corta de iniciación y locura podemos vernos reflejados en nuestra búsqueda incesante de la normalidad perdida, de las relaciones cambiadas, de tanta pérdida y bajada a los infiernos y de la falsa idolatría de estos tiempos raros y convulsos. Vámonos de periplo en un barco, metáfora recurrente del viaje de la vida, y maduremos de una vez por todas afrontando los cambios que esta enfermedad nos ha traído a todos: los buenos y los malos. Miremos de frente al horror al que Kurtz alude al final de la novela y adentrémonos en esta jungla de dimes y diretes que nos alejan cada vez más de lo racional conocido y nos impelen a reaccionar a veces de forma impulsiva e instintiva porque estamos dejándonos llevar por un salvajismo apadrinado por este caos falto de toda civilización.
Estamos empezando una bajada a los infiernos de un subconsciente donde todo son suposiciones y alusiones a terceros, comparaciones y desprestigios varios, sin que nadie parezca llevar realmente el timón con firmeza. La lucha por repartirse el pastel continúa, abanderada por distintos países que, a su vez, encaran el coronavirus con medidas muy diferentes y cuyo único denominador común es que aparentemente todas y ninguna parecen funcionar. Me temo que el efecto de plaga bíblica que tiene el coronavirus en este recién estrenado, sofisticado y tecnológico milenio, ha sido como una bofetada con una mano abierta que no supimos ver de dónde nos venía.
Así que aquí estamos por sorpresa contra un mundo y una realidad para los que no estábamos preparados, nosotros, tan orgullosos y dependientes de los avances de una tecnología que nos hizo creer que éramos intocables. Y de repente vemos que un virus, que se mata con algo tan viejo y simple como es el jabón, nos está diezmando. O no. En cualquier caso, cuidado: no podemos dejarnos caer en las manos de un embrutecido Kurtz desquiciado (o Marlon Brando-John Malkowich si le queremos ponerle cara cinematográfica) y desestimar otros posibles tratamientos y/o curas contra el bicho, solo porque no provengan de la ciencia aceptada que consideramos civilizada. Tenemos que saber qué es lo que nos controla; esa cosa que a veces disfraza y oculta a seres con una extremada ambición por explotar unos recursos que mueven demasiados millones y les otorgan un poder muy goloso sobre la vida y la muerte de todos nosotros. Ese el verdadero corazón de las tinieblas al que no podemos doblegarnos en esta carrera ciega por ver quién logra coronarse vencedor de un virus ambiguo y enigmático, disfrazado bajo la aureola rojiza del enigma que lo oculta y corona. A veces, lo más escondido queda a la vista. Solo hay que verlo.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.