Las políticas de Putin y los límites del poder ruso
- Escrito por José Félix Tezanos
- Publicado en Opinión
La opinión pública está viviendo un clima de continua agitación. No solo estamos ante dinámicas de alta preocupación, sino que los propios elementos de inquietud se acumulan unos con otros, dando lugar a auténticas tormentas críticas.
Actualmente, los estados de opinión se ven agitados, de manera acumulativa, por las preocupaciones suscitadas por una grave pandemia de coronavirus, que ha llevado a los sistemas sanitarios al límite del colapso, causando una gran mortandad, sobre todo en los primeros momentos y entre el propio personal médico, con sucesivas oleadas de contagio, que han acabado repercutiendo en prácticamente todas las estructuras existenciales, obligando a un esfuerzo hercúleo a la industria farmacéutica y a las empresas y entidades asistenciales
Confluencia de crisis
La crisis de la COVID ha coincidido con una situación económica y social crítica que está suscitando inestabilidades y problemas financieros no resueltos, así como retos de ajuste, que conciernen a las necesidades de adaptación de los empleos y los mercados de trabajo a las nuevas condiciones –y necesidades– del trabajo en unos horizontes de robotización revolucionarios; con consiguientes repercusiones en la distribución y la calidad de los empleos y los sistemas de remuneración preestablecidos. Todo lo cual está dando lugar a un colapso de los modelos que habían garantizado los equilibrios sociales, económicos y de distribución de la etapa de desarrollo de los Estados de Bienestar. Lo que está conduciendo a peligrosos procesos intergeneracionales de movilidad social descendente que afectan a amplios sectores de la población; sobre todo, entre las nuevas generaciones. Algo que está alimentando tendencias de malestar y desafección.
A todos estos elementos perturbadores se han unido más recientemente las preocupaciones ante el cambio climático, con una elevación alarmante de las temperaturas, sobre todo en los últimos meses, y una exacerbación de otros fenómenos meteorológicos.
Y, por si no estuvieran suficientemente saturadas las capacidades de preocupación entre la población, y no fueran suficientes los cuatro jinetes clásicos del Apocalipsis, la agresión desencadenada por Rusia en Ucrania ha adquirido nuevas dimensiones con las amenazas de utilizar armas nucleares –tácticas o no– ante los fracasos de la invasión de Ucrania.
Putin y la amenaza nuclear
Después del fracaso del viejo y temido “Ejército Rojo” en su segunda –y pretendidamente definitiva– invasión de Ucrania, con el trasfondo de un claro intento de apropiación de grandes recursos en minerales y capacidades agrícolas –otra vez la codicia ante el “granero de Europa”–, la opinión pública mundial está asistiendo al fracaso de una enorme maquinaria bélica en su intento de ocupar un país de mediano tamaño y potencial limitado.
Aunque se realizaran muchos análisis sobre las razones de este fracaso, lo que no puede negarse hoy por hoy es que la invasión de Ucrania ha estado pésimamente diseñada y ejecutada, y que el Ejército ruso ha visto deteriorado su prestigio y la misma capacidad intimidadora de sus cuantiosas tropas blindadas y de su famosa Armada, con el hundimiento de algunos de sus navíos más emblemáticos y presuntamente indestructibles, y con unas tropas cuya efectividad y moral de combate ha quedado cuestionada debido a su escasa capacidad para conquistar territorios, e incluso para poder defenderlos y mantenerlos, después de emplear la misma estrategia que en sus últimas intervenciones militares (en Siria, Chechenia, Georgia, etc.) en territorios en los que habían demostrado una notable capacidad de intimidación de la población y de las fuerzas de resistencia, con bombardeos de saturación, seguidos por ocupaciones brutales ejecutadas con una aplastante superioridad de fuerzas. Lo que hacía no solo inútil, sino incluso impensable cualquier resistencia.
Esto es, precisamente, lo que está fallando en Ucrania, con el resultado de kilométricas columnas bien enfiladas de vehículos blindados “cazados” como si de patos se tratara por los resistentes ucranianos, con tropas agotadas y en ocasiones sin munición suficiente, que salen corriendo en cuanto escuchan las cadenas de los blindados ucranianos, muchos de ellos arrebatados a los propios invasores.
Lo cual se ha complicado con las cuantiosas bajas infringidas al Ejército ruso y las propias dificultades para reclutar nuevos efectivos para un tipo de guerra de agresión que la mayor parte de la población rusa ni entiende, ni comparte. Lo cual puede ofrecer la peor imagen de un Ejército desmotivado y mal entrenado y pertrechado.
Razones y poderes de Putin
Los hechos objetivos son que la apuesta de Putin en Ucrania se está saldando con un fracaso, al igual que su acción intimidatoria basada en la utilización de sus recursos energéticos como instrumento de presión ante aquellos que pudieran apoyar –apoyan– a Ucrania. Algo que es una peligrosa arma de doble filo, que afecta también de manera negativa a las propias potencialidades económicas rusas, con una elipsis de retrocesos y costes que presentan condiciones y rasgos como para convertirse en un ejemplo inverso de manual. De ahí la sensación de fracaso que se está viviendo no solo en los entornos de poder de Putin, sino en amplios sectores de la sociedad rusa, pese al férreo control ejercido en la comunicación. Una limitación adicional es que los grandes aliados potenciales de Rusia, a los que podían recurrir en búsqueda de apoyo y ayuda, no han mostrado ninguna inclinación a salir en apoyo de su socio. Sino más bien todo lo contrario, entre otros motivos por simple cautela –no solo económica– y sobre todo por sentido práctico y de oportunidad. Ya que la imagen pública de la situación en Ucrania es casi imposible de maquillar, en la medida que se trata de una invasión a un país libre e independiente por parte de una potencia aparentemente muy poderosa.
En los círculos de poder establecidos en Rusia a partir de las élites de los servicios de inteligencia, hace tiempo que se ha entendido que las actuales capacidades de la economía rusa no pueden sostener en el tiempo los despliegues estratégicos neoimperiales de Putin, que con su fallida ocupación de Ucrania ha podido traspasar el umbral de “realidad”.
Ante tal mapa general, la amenaza con las armas nucleares –¡palabras mayores!– no puede dejar de interpretarse como una última carta un tanto a la desesperada, que esgrimen Putin y su círculo más cercano, ante una situación adversa y difícil a la que no es fácil encontrar salidas.
Cálculos geoestratégicos
Cuando Putin menciona la posibilidad de utilizar armamento nuclear, posiblemente no está haciendo otra cosa que darse un ultimátum a sí mismo –y a su política– ante un marco de cálculos estratégicos sin salida plausible.
Aunque las capacidades de análisis e información objetiva sobre lo que está ocurriendo en los círculos de poder en Rusia son muy limitados, y plausiblemente están muy mermados y/o sesgados, hay que pensar que dichos círculos hace tiempo que han entendido que ni las operaciones del Ejército Rojo en Ucrania garantizan un éxito militar, ni el actual esfuerzo neo-imperial de Putin es sostenible en el tiempo con las actuales capacidades económicas y militares de Rusia.
En la medida que las actuales élites de poder económico, político y social de Rusia se han nutrido a gran escala de las élites del viejo KGB, con sus capacidades analíticas y con toda su logística operativa, hay que presuponer que no han sido solo unos pocos plutócratas económicos los que han visto que Putin se estaba metiendo en un avispero y podía poner en riesgo mucho de lo que esa tecno-estructura de poder burocrático había logrado alcanzar. Es decir, en términos elementales, casi todo el mundo ha entendido que es imposible que la economía rusa pueda sostener tamañas veleidades expansivas y neo-imperiales de Putin.
En los años ochenta se publicó un libro que al- canzó bastante difusión, que aportaba una explica- ción plausible –también– del colapso irreversible de la URSS: “Auge y caída de las grandes potencias” del profesor Paul Kennedy, que sostenía que las causas de las crisis de los grandes imperios y potencias mundiales, estribaban precisamente en llevar sus gastos imperiales y sus costes de despliegue militar y de ocupación, por encima de sus capacidades de obtener fuentes de ingresos económicos que pudieran sostener el volumen de gastos que implicaban las pretensiones imperiales. De ahí que una especie de ley de hierro del desajuste de gastos e ingresos siempre acabase determinando la caída de los grandes imperios que se han conocido en la historia.
Algo que la Unión Soviética estaba experimentando ya en los años ochenta y que llevó a una rápida desintegración que ahora es imposible revertir. Como se está viendo. Sobre todo, después del sobre-esfuerzo alentado por Putin, desplegando bases aeronavales y tropas de infantería en diferentes lugares del mundo. ¿Cómo van a cubrir los ejércitos rusos tales costes y los derivados de una prolongación de la guerra de Ucrania, mientras se atienden otros focos de conflicto y se mantienen importantes despliegues internacionales de tropas, más propios de una potencia que dispone de recursos muy importantes?
Controles y equilibrios de poder
La difícil gestión de la crisis internacional de carburantes que ha sido generada por las discutibles es- trategias de Putin, es otro elemento adicional de incertidumbre que se acumula sobre las espaldas del jerarca ruso y de su cada vez más reducido círculo de fieles.
El problema a corto y medio plazo estará en lo que pueda ocurrir si ese círculo de fieles no es capaz de racionalizar todos los inputs que están generándose en el mapa geoestratégico en el que Rusia está inserta, y en el que hoy por hoy no es fácil identificar salidas razonablemente exitosas. De ahí la tentación de recurrir a la carta nuclear como atajo de salida que permita garantizar el futuro de Putin y su círculo más cercano. Un Putin al que, por si todo esto fuera poco, los observadores internacionales ven afectado por altas dosis de corticoides, como indicio de un tratamiento que en opinión de algunos no vaticina nada bueno en términos de su capacidad de empatía y de altruismo vital de cara a un futuro. Un futuro que algunos presumen que él ya no puede garantizar suficientemente.
Pensar en salidas viables
Ante una encrucijada tan peligrosa es evidente que se requieren nuevos enfoques y planes de contingencia que no se limiten solo a esperar “soluciones desde dentro”, por mucho que resulte evidente que, desde los círculos económicos, poderosos oligarcas, antaño cercanos a Putin, han visto como sus vidas y sus fortunas han acabado –o pueden acabar– trituradas de manera tan rápida y rotunda como habían comenzado. Por lo que no es seguro que la capacidad analítica y previsora de la actual tecnoestructura de poder rusa sea capaz de imponer la lógica de una racionalidad positiva en el panorama conflictual en el que se ha metido Rusia. Por lo que prácticamente solo cabe esperar que las reacciones que se necesitan sean impulsadas con garantías de éxito por los círculos de poder más cercanos a Putin. Como, por cierto, ya ocurrió otras veces en ese mismo ámbito geográfico Entre otros por el círculo de mayor confianza de Stalin, que conscientes de la deriva a la que llevaba su régimen dejaron agonizar al dictador durante toda una noche, sin mover un dedo para intentar salvar su vida.
A medida que el Ejército ruso quede expuesto a mayores fracasos tácticos y de despliegue en Ucrania, mayores serán las tentaciones para intentar utilizar la carta nuclear como argumento intimidatorio y resolutivo.
De ahí que, amén de confiar en las capacidades de análisis y racionalidad de los seres humanos –en es- pecial los que ocupan mayores responsabilidades– los demás actores del panorama internacional tienen que entender la gravedad de la situación actual y obrar en consecuencia, propiciando salidas plausibles y mínimamente dignas que puedan ser asumidas por aquellos que sean capaces de entender que nada bueno puede salir, para nadie, de los callejones sin salida a los que conducen determinadas peripecias de la historia. Historia que nos enseña que, a veces, el curso de la civilización y del progreso se ve alterado por los comportamientos y decisiones de auténticos locos irresponsables. De ahí la perversión y el peligro sistémico que caracteriza a los regímenes basados en poderes personales, cuyos riesgos son mayores a medida que ese poder es más absoluto y carece de mecanismos de control y de reequilibrio interno.
José Félix Tezanos
José Félix Tezanos Tortajada es un político, sociólogo, escritor y profesor español, presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas.