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No saber perder. ¿Por qué las derechas españolas no aceptan sus derrotas en las urnas?


(Tiempo de lectura: 6 - 11 minutos)

Uno de los principales problemas de España a lo largo del siglo XX y lo que llevamos del XXI es el mal perder de las derechas en las urnas, su resistencia a abandonar el poder y prescindir de sus resortes estructurales de dominación. Por eso, casi todos los procesos de modernización de España han acabado truncados por involuciónes ultra-conservadoras y a veces por reacciones sumamente violentas, como ocu- rrió en 1936 cuando perdieron las elecciones de la República en marzo y acabaron dando un Golpe de Estado el 18 de julio de ese mismo año. Solo cuatro meses después de haber sido derrotados en las urnas.

Tal forma de proceder ha supuesto un hándicap para las posibilidades de desarrollo, de modernización, e incluso de culturización de España y los españoles, que con tal dinámica hemos estado encadenados a un destino recurrente de oscurantismo, ignorancia y atraso secular. Retraso ejemplificado por el famoso “¡Muera la inteligencia!” que el General Millán Astray lanzó al rostro a Miguel de Unamuno ¡en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca!

Las derechas extremas españolas tienen “mal perder” y no aceptan los resultados de las elecciones, reclamando la celebración inmediata de nuevas elecciones prácticamente desde el día posterior a haber sido derrotados en las urnas. 

La esperanza democrática

Después de tantos traspiés e involuciones, durante la Transición Democrática parecía que el extremismo de las derechas españolas podía quedar superado en un nuevo ciclo político que incorporaba definitivamente a España a Europa y a un destino positivo de paz y progreso. De hecho, después de una etapa “centrista” (¡Aleluya!) liderada por Adolfo Suárez, todo indicaba que las derechas estaban dispuestas a asumir su derrota en las urnas por un PSOE renovado liderado por Felipe González y Alfonso Guerra, con el importante apoyo de una UGT encabezada por otro destacado líder del PSOE (Nicolás Redondo).

La contundencia del triunfo electoral del PSOE en 1982 parecía que había sido capaz de convencer a las derechas de que “Europa siempre sería mejor”, y que lo más pertinente era asumir la nueva realidad y desligarse de los residuos franquistas que hasta entonces no habían parado de urdir conspiraciones antidemocráticas.

La historia se repite

En nuestros días muchos españoles, otra vez, estamos perplejos y preocupados ante la senda que están siguiendo las derechas, con reacciones y comportamientos que, aunque no son nuevos —y ni si- quiera lo fueron durante el ciclo de la Transición—, están causando en buena parte de los españoles impresiones inquietantes.

De hecho, durante las últimas etapas de los gobiernos de Felipe González y de José Luis Rodríguez Zapatero los núcleos más duros de las derechas demostraron hasta qué punto eran incapaces de soportar gobiernos del PSOE. Los que vivimos aquellos años y conservamos la memoria despierta recordamos bien los últimos años del gobierno de Felipe González y la extraordinaria dureza con la que fue perseguido, hasta su práctica rendición en un contexto sumamente tensionado, al que se han referido prohombres de la derecha cultural de entonces como José María Anson, reconociendo que se habían “pasado”, poniendo en riesgo “la misma estabilidad del Estado” en su afán de intentar “aplastar” al PSOE de Felipe González.

La “tranquilidad” de las derechas

El gobierno presidido por José María Aznar, que sustituyó a Felipe González, llevó a España de nuevo a un remanso de paz, no porque las bases sociológicas de la sociedad española cambiaran de repente, sino sencillamente porque el PSOE y otras fuerzas democráticas asumieron su derrota (parcial) y no se empecinaron en tensionar la vida política de manera extrema. Lo que las derechas aprovecharon para dar marcha atrás en no pocas políticas sociales —como hacen siempre—, al tiempo que “su” hombre en el gobierno no paraba de “hacer la pelota” a su querido “amo americano”. Y así continuó hasta que el PSOE ganó las elecciones de nuevo.

Las derechas entroncadas con los residuos del franquismo tardío solo respetan el mensaje de las urnas cuando el resultado es tan contundente como en octubre de 1982. 

Después de otro período de progreso y avances sociales y en derechos con José Luis Rodríguez Zapatero —que, por cierto, no era el líder que querían y apoyaban determinados sectores históricos del PSOE de entonces—, las derechas volvieron a las andadas convirtiendo en un verdadero suplicio los últimos tramos del gobierno de Rodríguez Zapatero.

Las derechas españolas en la era Trump

Con Pedro Sánchez, las derechas nostálgicas del pasado pronto hicieron lo mismo desplegando una hostilidad extrema. De forma que, antes incluso de que ganara las elecciones, intentaron sepultar su liderazgo interno en el PSOE con el apoyo de algunos medios de comunicación social y otros aliados de su confianza. ¿Por qué? Sencillamente porque no “le controlaban” y porque temían que pudiera realizar las reformas sociales, económicas y culturales que luego han llevado a cabo sus gobiernos.

Todo ello con un elemento añadido: la excelente gestión económica realizada por Pedro Sánchez, haciendo de España una referencia internacional aclamada en todo el mundo, en unos momentos en los que Donald Trump está desplegando una estrategia de dominación, de intimidación y de persecución de sus “antagónicos”. Lo que hace que su hostilidad recurrente hacia Pedro Sánchez y lo que representa sea un motivo de honor para los demócratas españoles y, al mismo tiempo, una mota de indignidad para sus vasallos y fieles seguidores en España.

Trump y sus seguidores forman parte de un en- tramado de apoyos e intercambio de favores y supeditaciones económicas y financieras a escala mundial, con redes de control y sumisión a los intereses del propio Trump, de su familia y de su núcleo de oligarcas superricos, que premian o castigan a los líderes políticos mundiales, según sean o no sumisos a sus intereses y demandas expansivas. Lo que hace que las derechas y los núcleos de poder más regresivos de diferentes países estén quedando perfectamente alineados en este pandemónium en el que se está convirtiendo el mundo.

Y así hemos llegado en España al momento político actual, en el que las derechas extremas pugnan en demostrar que no “aceptaron” el resultado de las urnas, ni en las pasadas elecciones, —OJO— ni en las próximas.

Nuevas elecciones

Cuando se realizaron las últimas elecciones en España hace ahora tres años (en julio de 2023), las derechas propalaron previamente la especie de que ellos las ganarían por un importante margen de ventaja. Ventaja que sus encuestadoras más fieles estimaban en 180-185 diputados. Pero, cuando vieron que las urnas no confirmaban sus “deseos”, enseguida empezaron a clamar contra la alianza de gobierno fraguada por Pedro Sánchez. Alianza a la que calificaron de antiespañola y traicionera. Lo que dio lugar inmediatamente a ofensivas sumamente desmedidas y exageradas, forzando a algunos de sus “aliados ocultos” a quitarse por completo las caretas y sumarse a su demoledora crítica política.

Las derechas llevan más de tres años intentando hacer insufrible la vida social y política española. 

Pero lo más sorprendente no fue solo lo exagerado y retorcido de sus argumentaciones y proclamas, sino que inmediatamente empezaron a reclamar la celebración de nuevas elecciones para desalojar del poder –decían sin recato– a quienes ellos veían como okupas ilegítimos y “traicioneros”, que osaban estar al frente de algo que solo a ellos les correspondía por herencia divina y derecho natural. Bajo el beneplácito y respaldo del todopoderoso Donald Trump.

Y así llevan más de tres años, pisando cada vez un poco más el acelerador, intentando hacer insufrible la vida social y política española. Y, sobre todo, esforzándose en intentar llevar a la cárcel a los que ellos “sospechan” que no van a ser capaces de ganar en las urnas. A los líderes, a sus familias, a sus colaboradores, a sus amigos y a todos los que piensan que puede causar dolor y preocupación a su gran enemigo sistémico, al que tampoco soportan ver junto al Papa León XIV.

Y todo esto los lleva a subir un grado más el diapasón de su odio y agresividad hasta llegar a “acusar” (sic) al actual Presidente legítimo de Gobierno de España de no convocar ya –hoy– las elecciones porque –dicen– sabe que no las va a ganar. A lo que añaden al argumentario de sus encuestadoras obedientes, que ya no les auguran solo 180-185 escaños (acompañados de VOX, por supuesto), sino 220-230. O los que haga falta para evitar que los dichosos “márgenes de error” sociológicos, al final, les hagan quedarse —otra vez— un poco cortos.

Dos huevos duros más

Y como no hay medida, ni capacidad de autocontrol en el propósito de que determinados partidos permanezcan ligados a los intereses y necesidades de la ultraderecha, añaden algunas otras medidas y proyectos regresivos, antisociales y antisindicales, que ya ni siquiera están en el propósito ni en el imaginario de los empresarios de talante europeo y visión moderna. Lo que anticipa lo que en estos momentos podrían introducir y desarrollar en sus eventuales programas de gobierno si las derechas lograran auparse nuevamente al poder.

Pero, amén de este “huevo duro más”, como en el famoso camarote de los Hermanos Marx, hay otro huevo duro adicional que ya propalan las derechas y sus portavoces mediáticos: la especie de que en las próximas elecciones el PSOE y sus aliados están preparando un pucherazo. Pucherazo que, según ellos, se va a sustentar en las nuevas inscripciones de inmigrantes en los censos electorales, de los hijos y nietos de exiliados republicanos y quizás de algunas pandillas de paleocomunistas obedientes al famoso “oro de Moscú”, que no se sabe si aún queda algo por ahí suelto.

La deriva de las derechas españolas trasluce una voluntad de desalojar del poder, como sea, a los que ellos ven como intrusos políticos. 

Ante tanto despropósito, hay quien empieza a pensar que quizás lo que está ocurriendo ya no obedezca solo a la inveterada desesperación que sufren las derechas españolas cuando no están en el poder, sino que en esta ocasión estamos ante problemas y cuestiones adicionales diferentes, que revelan no solo muy poco respeto y lealtad a la letra y el espíritu de la Constitución de 1978, sino que traslucen una voluntad de desalojar del poder, como sea, a los que ellos ven como intrusos políticos. Aunque ello suponga despreciar lo que piensa y representa la inmensa mayoría del pueblo español. Un pueblo que está harto de tanto odio y tanta persecución personal e institucional, que no soporta tanta incertidumbre y confusión, que no quiere volver a lo que supuso la dictadura franquista, que no tolera que nos vuelvan a meter en el túnel de la historia, que está deseoso de decir ¡basta ya! a la posibilidad de una involución tardo-franquista, que quiere una España moderna, europea, tolerante, libre y abierta, con un gobierno que tenga corazón social y cabeza racional, que trate con respeto y solidaridad a sus semejantes, que no desprecie, persiga ni castigue a los que han venido a nuestra tierra a trabajar, a ayudarnos a que prospere nuestra economía. Un gobierno, en definitiva, que se esfuerce para que arraigue nuestra voluntad humana solidaria…

Por eso, precisamente, muchos de los que estamos comprometidos con el proyecto que está liderando Pedro Sánchez últimamente escuchamos en la calle, entre nuestros vecinos, entre los compañeros/as de trabajo y en muchas personas de buena fe mensajes bastante claros: “no os rindáis, no paréis, no deis marcha atrás, no os dejéis llevar por el miedo y el pesimismo, somos muchos los que estamos con vosotros. ¡Otra vez no!, no más españoles de rodillas, ni encarcelados, no más esperanzas truncadas, no más mujeres maltratadas, no más jóvenes sin futuro… ¡Hay que continuar hacia adelante!”.

Y hay que hacerlo con una victoria clara y contundente en las urnas para que las poderosas derechas nacionales entiendan claramente el mensaje del pueblo y dejen gobernar a los que ganan las elecciones.

PD: Escribo este artículo como una muestra de afecto y homenaje a los artículos valientes y veraces como los que están escribiendo en Temas, en Sistema Digital y en otros lugares compañeros y amigos tan cercanos y apreciados como Javier García Fernández, César Luena, Rafael Simancas y muchos otros. 

 

 

José Félix Tezanos Tortajada es un político, sociólogo, escritor y profesor español, presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas.


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