No.
- Escrito por Rafael Fraguas
- Publicado en Opinión
Convocar elecciones ahora, no. Ir a una huelga general en estas condiciones, tampoco. Estas dos decisiones, si se adoptan ahora, van a implicar, sin la menor duda, la victoria compelta de quienes han fomentado en gran medida esta y las demás crisis, es decir, la derecha extrema y la extrema derecha, con sus terminales judiciales y mediáticas; son vasallas de los fondos buitre culpables del sufrimiento generalizado de los inquilinos, sector mayoritario de la población del país. Estos partidos y sus instituciones adjuntas, Judicatura y Prensa dependiente, han impedido desde hace ocho años y medio cualquier tipo de consenso o acuerdo para tomar medidas de Estado, como las que el gravísimo problema de la vivienda necesita y requiere para su resolución. Y sin medidas de Estado, es decir, sin meter en cintura a los especuladores de altos vuelos, con la espalda protegida de sus zarpazos, no hay salida posible de la crisis que estas fieras generan gracias a sus aliados políticos de aquí.
Es preciso imaginar las consecuencias a medio y largo plazo que un desmantelamiento, ahora, del Gobierno de coalición, el primero en 50 años, puede llegar a implicar si se convoca hoy a las urnas. Porque sin tiempo para preparar mínimamente una alternativa política de unidad de las izquierdas progresistas, el revés electoral estará sin duda servido.
A corto plazo, desde luego, la indignación existente es palpable. Clama al cielo la arbitrariedad de los desahucios a sangre fría. Y la cantidad de personas maltratadas por unas leyes injustas. Pero los calentones emocionales de indignación son enemigos directos de las soluciones racionales y duraderas. Ya sabemos quiénes tienen aquí el monopolio de lo emocional, de las reacciones viscerales y testiculares: los que se llenan la boca de la palabra España mientras vacían ese bello término de todo contenido. Los que hablan de “cazar inmigrantes de uno en uno”…
Cuando se habla de huelga general, ¿contra quién se orienta esta medida tan crucial? ¿Contra la única capacidad que las mayorías sociales tienen de que sus intereses, salarios, pensiones, derechos… se defiendan, es decir, contra la mayoría gubernamental-parlamentaria, mayoría que ha intentado avanzar y ha avanzado legislando favorablemente en esas dimensiones tan vitales como lo es la vivienda? ¿Hay realmente fuerza para diluir hoy la coraza reaccionaria con la que la derecha extrema, judicial y mediática, oprime a la mayoría social de este país desde que Mariano Rajoy decidió ausentarse del Parlamento y fumarse un puro en un bar de copas de millonarios de la Puerta de Alcalá pese a la abrumadora corrupción que caía sobre sus hombros?
No. No hay fuerza suficiente estos días para impedir que los haraganes, valedores de los buitres, de los genocidas y de los narcisistas del otro lado del Atlántico se enseñoreen otra vez de la vida política de nuestro país si cometemos el error de facilitarles el regreso. Y tanto la huelga general, en estas condiciones, sin organización, sin unidad, sin la presencia de los sindicatos de clase mayoritarios, sin acuerdos políticos y económicos firmes ni tiempo para ensamblarlos para frenar tanta irresponsabilidad de la derecha extrema, tanto, digo, la convocatoria electoral hoy como la huelga general mañana se van a volver de frente contra los intereses de la mayoría social de quienes hoy más sufren las consecuencias de las exacciones de políticos vagos, jueces prevaricadores y pseudoperiodistas a sueldo. Por todo ello, conviene esperar. Y reorganizarse adecuadamente. Con tiempo, ideas y cambios decisivos.
Instemos pues al Gobierno a mantener un criterio valiente de racionalidad por encima de un ramalazo de emocionalidad. De las pancartas exhibidas en la puerta del Sol, qué curioso, ¿quién la colocaría allí?, la ubicada en el centro más visible de la plaza convertía a Sumar y al PSOE en “responsables de nuestra miseria”. ¿Quién elaboró una ley de la Vivienda que los Gobiernos autonómicos del PP se niegan a cumplir sin que los jueces les llamen al orden? ¿Quién, de un lado, subió el salario mínimo un 30% y garantiza las pensiones, los derechos vinculados al género, quién humaniza la relación con los migrantes y, del otro lado, quién se niega en redondo a respetar todos los avances sociales, económicos conseguidos durante esta legislatura? ¿Quién se compra un ático de seis millones de euros cuando millones de españoles apenas pueden afrontar un alquiler que exceda los 500 euros? Los precios y sus alzas son responsabilidad del sacrosanto mercado y de la irresponsabilidad del señor del tupé rubio para montar guerras desastrosas.
Desmontar hoy el Gobierno mediante elecciones anticipadas no tendría otra alternativa coherente que asumir como meta unitaria enfrentarse de pechos contra el capitalismo, ese sistema que convierte no solo las viviendas en negocio sino a cada trabajador o parado en mera mercancía desechable, según convenga al capricho del sacralizado mercado. Es el sistema que hoy se frota las manos cuando enfrenta a caseros con inquilinos al ver que, por ignorancia, se iguala como rentistas a fondos buitre con pequeños propietarios.
Y, con la mano en el corazón, ¿tenemos fuerza las clases asalariadas, para podernos plantear hoy esa meta de desbancar al capitalismo?¿Hay condiciones para proponer una huelga general que paralice nuestro país y detenga a quienes desorbitan los precios de los productos que necesitamos para sobrevivir, a quienes pisotean con sus insultos la convivencia parlamentaria, a quienes sentencian sin pruebas, a quienes se llenan la boca de consignas belicistas y pretenden, a propósito de Ceuta, reeditar las guerras en África que tanto dolor causaron a nuestro país? No, de momento no las hay en estas condiciones, sin tiempo para reorganizarse, sin crear un programa unitario común, sin dejar que las emociones den paso a la razón y la mayoría social se organice como es debido para atajar la sangría social de la precariedad de viviendas.
Una cosa es salir de esta crisis y otra bien distinta, salir del capitalismo en crisis. Para la primera opción, hay salida provisional, si se exige al Gobierno de coalición valentía para continuar al frente y para proponer de nuevo decretos paliativos inmediatos y alternativos a los recientemente tumbados por las derechas, para atajar las rasgaduras del tejido social más venenosas del siniestro pico de los fondos buitre; hay salida inmediata decretando prórrogas establecidas con criterios de humanidad, no de negocio inhumano, así como alternativas habitacionales retroactivas para todos los casos de ejecuciones judiciales tan arbitrarias como muchos jueces acostumbran decidir aplicando implacable y asocialmente en tantas ocasiones leyes que son objeto de renovación urgente.
Y, por favor, no olvidemos quiénes desde Washington y Tel Aviv, el disfórico narcisista atolondrado Donald Trump y el criminal de guerra Benjamín Netanyahu, han puesto la proa más tóxica al primer Gobierno de coalición de izquierda en España en cincuenta años de democracia. Ahora, con la ayuda de sus socios locales, se proponen llevar a España y a Marruecos a una guerra: ¿vamos a darles ocasión a que satisfagan sus criminales caprichos en nuestras propias carnes? Pensemos pues en lo que conviene y no conviene hacer. Desde luego, ir a una huelga general o convocar elecciones en noviembre serían dos errores descomunales, peligrosísimos para tod@s. Reconocer las limitaciones propias y pertrecharse, con tiempo, para enmendarlas, es condición ineludible para impedir ser arrasados por nuestros propios errores y por la voracidad de quienes nunca han querido dejar de ser nuestros enemigos, los enemigos de la mayoría social española, los que generan tanta desesperanza y esgrimen tanta irresponsable maldad. Confiemos en la prudencia y en la razón democrática, nuestras mejores armas.
Rafael Fraguas
Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Central y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.