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Luz verde en el Senado a la Ley de Memoria Democrática


(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)

Pero si tú me olvidas

quedaré muerto sin que nadie

lo sepa.

Ángel González

Hace unos días, concretamente el 5 de octubre, el Senado aprobó la Ley de Memoria Democrática. Fue un momento solemne, largamente esperado.

Han aparecido algunas informaciones que tienen interés, pero el acto en líneas generales, ha pasado como de ‘puntillas’. La inmediatez, la actualidad lo ‘fagocita’ todo y nos falta ese punto de tranquilidad y de sosiego para reflexionar y para valorar las cosas en lo que valen.

Ahora, solo resta que el texto de la Ley se publique en el BOE y que comience su andadura. Las primeras medidas han de ser rápidas y contundentes. La más urgente es comenzar, en muchos ayuntamientos del norte y del sur, del este y del oeste, a abrir fosas, a exhumar los restos de los republicanos fusilados –muchos de ellos sin juicio- entre los que solía estar el alcalde, que era uno de los primeros a los que los golpistas eliminaban con saña.

El trabajo será ímprobo y estará lleno de obstáculos y zancadillas por parte de la extrema derecha y de la derecha extrema. Permítaseme un punto de ironía, esta Ley no gustará a los que ponen mucho empeño en volver a julio del 36, tanto que han patrocinado canciones que corean en sus mítines y reuniones esperpénticas.

Para los demócratas, para quienes queremos forjar un futuro en común, en paz y rendir un justo y merecido tributo de admiración a quienes dieron su vida por la democracia… es mucha la ilusión, después de haber esperado tanto tiempo,

El articulado de la Ley –sin olvidar su preámbulo- tiene muchos aspectos en los que fijar la atención. Es una tarea que puede hacerse en una valoración de conjunto o bien analizando el contenido concreto, novedoso y valiente de su articulado ‘de mayor calado’.

La Fundación Progreso y Cultura, en colaboración con UGT Madrid y con la Escuela Julián Besteiro, está desarrollando un ciclo con fines pedagógicos y divulgativos, que está a teniendo lugar entre septiembre y marzo del año próximo. Juan Lobato, secretario general de Psoe Madrid, lo inauguró con la ponencia Convivencia y valores democráticos; la diputada y catedrática de Derecho Constitucional, Carmen Calvo, en una brillante intervención pronunció la conferencia La necesidad de la Memoria Democrática, hoy. El próximo acto, será el jueves 20, intervendrá Valentín García Gómez, portavoz de Memoria Democrática en el Congreso de los Diputados, que disertará sobre Memoria y convivencia.

Es de envergadura, desde luego, lo que queda por hacer, mas la dimensión simbólica que tiene la Ley constituye una luz y una guía que nos ayudará a sortear los obstáculos.

Empecemos por preguntarnos ¿cuáles son las finalidades de mayor alcance de esta Ley? Quizás, la principal no sea otra que la formación de una memoria colectiva común. En nuestro país, si queremos ganar un futuro en paz, hemos de construir un relato democrático frente a las tentaciones y visiones totalitarias que, desde luego, no han traído más que dolor, sangre, empobrecimiento, ignorancia y atraso a nuestro país.

Conviene destacar que por los derechos se lucha, los derechos se conquistan… más también, hay que defenderlos una vez conquistados y evitar que las peligrosas marchas atrás y los involucionismos pongan en peligro lo que tanto ha costado conseguir y normalizar. Por consiguiente, la indiferencia y el desinterés son aliados de quienes conspiran contra la Memoria Democrática.

Hemos de estar alerta y demostrar que es la práctica y el ejemplo lo que dará consistencia a la Ley. Hemos de ser conscientes de que la ausencia de cultura democrática, así como la escasa formación histórica, es lo que ha posibilitado hasta hoy, que el discurso de odio, nostálgico de la dictadura, continuara ‘calando’ en ciertos sectores de la derecha, muchos años después de la muerte del dictador.

Para un demócrata recordar es un deber. Recordar y conocer es el mejor antídoto contra el negacionismo y contra los revisionismos, que por otra parte, cuentan con altavoces mediáticos desde los que repetir insistentemente, sus bravuconadas tóxicas y sus apologías tétricas.

Ya el viejo Aristóteles decía que dar el primer paso, con firmeza, es más de la mitad del todo. Para los demócratas la Memoria es un deber moral, hacia quienes dieron su vida por los valores republicanos y por mejorar las condiciones de vida colectiva. La Memoria es inseparable de los logros legislativos, educativos, en pro de la igualdad de la mujer, laborales y de mejora de las condiciones sociales que realizó la II República.

Por eso, la primera tarea es abrir las fosas en las cunetas y en los cementerios, porque es ‘el nudo gordiano’ que desatará muchas resistencias. Añado aquí que la implicación del Estado en exhumar a las víctimas y reconocer lo que les debemos es una de las ‘claves’ de mayor importancia de la Ley. Es por ello que, realizar una función pedagógica rigurosa, tendrá unos efectos terapéuticos indudables.

La memoria es un río que fluye. La lección de Heráclito, el padre de la dialéctica, hay que tenerla presente. La memoria no es estática, es dinámica y las aguas del río, en su recorrido se van enriqueciendo. Es cierto que el tiempo a veces las coagula…más en esos momentos hay que tener el valor cívico de volver a hacerlas fluir.

La ausencia de memoria puede ser, también, un arma represiva, un instrumento en manos del poder para intentar despojar de su dignidad y de sus principios a quienes somete. Hay ocasiones en que no somos conscientes de que no sólo tiene una dimensión política, sino social y cultural. Por eso, precisamente por eso, es tan necesario el espíritu crítico que conduce a la independencia de criterio.

Hay que tener serenidad y fortaleza para que las descalificaciones y diatribas llenas de odio, estupidez e ignorancia no logren sus propósitos destructivos. Contamos, ahora, con una Ley que sanciona los abusos y que penaliza las exaltaciones totalitarias. Para un demócrata la memoria debe ser racionalidad y sensibilidad.

De alguna manera, venimos a ser arqueros de la memoria. Por tanto, como Aristóteles nos recuerda en su Ética a Nicómaco, el arco ha de estar tensado y el brazo firme para que la flecha recorra el espacio y el tiempo y dé en el blanco.

La memoria es un fino cristal a través del que mirar la vida y contemplar la historia ¡Qué nos dejen pensar por nosotros mismos! La historia no es el burdo cuento que nos han contado. Nosotros construimos nuestro futuro, dialogamos con el pasado y sabemos de dónde venimos y quiénes han iluminado el camino que ahora recorremos.

La memoria es, también, un espejo en el que mirarnos colectivamente y, en ese espejo vemos reflejado hacia dónde hemos de dirigimos y, machadianamente, la senda que nunca se ha de volver a pisar.

La lucha y la actitud de todos los días es la que da firmeza y vigor al andamiaje. La memoria es también, un reconocimiento a la dignidad de quienes fueron privados ignominiosamente de la vida, por defender derechos y libertades. Me gustaría añadir, asimismo, que la memoria del pasado ayuda a construir la democracia del presente.

Hemos de incrementar los esfuerzos contra quienes predican una falsa equidistancia, de hecho –predicar es lo suyo- presentan el olvido casi, casi como el ‘bálsamo de Fierabrás’. Sabemos o deberíamos saber, que no hay remedios mágicos. Téngase en cuenta, sin embargo, que el olvido es un instrumento, para quien ha tenido el poder político y económico y, piensa que conviene a sus intereses ocultar los desmanes del pasado y, como por encanto, empezar de cero.

La Memoria Democrática, tanto tiempo enterrada, debe salir a la luz y quienes la defendieron obtener la reparación y el reconocimiento a que se hicieron, con creces, acreedores.

Llegados a este punto, haré una breve disquisición sobre el memoricidio. Hay crímenes que cuesta olvidar, uno de ellos es el de quienes han pretendido durante décadas, matar la memoria. El miedo de nuestras abuelas a hablar de la guerra civil y cómo se ocultaba, por temor a las consecuencias, la represión sufrida. Ese miedo a recordar debe desaparecer… como acabó desapareciendo el miedo a ser señalado.

Quiere esto decir que ha de librarse un combate por la memoria y los valores democráticos. Ese afán reivindicativo, ni ha sido ni será, tiempo perdido. Todo lo contrario, es sentar las bases, los cimientos de un futuro compartido. Todavía hay que limpiar muchos ojos de las telarañas del pasado, que les impiden ver con claridad.

Necesitamos saber, para clausurar una etapa de tergiversaciones, de sufrimientos y de manipulación. Debe formar parte de nuestra actitud cotidiana como ciudadanos, reaccionar con contundencia contra la agresividad ambiental.

No son pocos quienes atizan el fuego aunque más tarde, hipócritamente, derramen lágrimas de cocodrilo, ante las consecuencias del incendio que ellos mismos han provocado.

Las proclamas vacías, torpes, huecas vienen a demostrar, una vez más, que cuando se apela a que la historia dé marcha atrás, no sólo regresa como farsa sino como vodevil.

Hay quienes diariamente intentan infundirnos un pesimismo tóxico que nos atemorice, nos aliene y nos convierta en seres fáciles de controlar. Hay que responder que es un hermoso proyecto construir un futuro sin hipotecas tóxicas ni miedos. No tendrá éxito su transgresión trasnochada de la agenda ilustrada.


En cualquier caso de nosotros depende.

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.


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