Gloria in excelsis Maricarmen
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
Max Aub dice en un pasaje de la “La calle de Valverde”, que “ancha muerte la tarde en la calle de Alcalá”. No ha podido decirse en este otoño resistente “ancha muerte la tarde en la calle Sainz de Baranda”. Maricarmen, todo junto es separado y separado es todo junto, ha dejado un recuerdo despeinado y en ropa coloquial, con algo de parecido al cantautor Paco Ibáñez, que las biografías prolongadas producen rostros de homogeneidad de género. El nombre ya común de la patrona del mar y los océanos, a quien los creyentes le añaden el prefijo de virgen, Carmen, ha resucitado del santoral y de los registros civiles para inundar con sus vocales y consonantes todas las perspectivas, incluso las públicas y políticas, que vienen a intercambiar significados idénticos.
Maricarmen ha superado incluso el lugar común del vecino del programa de sucesos, dispuesto a hablar con corrección del residente en el quinto A, “siempre buenos días, buenos días”, aunque después estrangulara a su padre al atardecer. El vecino del orden que proporciona la ley de arrendamientos urbanos ve peligro en una anciana de 87 años con amigos con pegatinas de inquilinas sin fronteras, un poner. Maricarmen no ha podido terminar la reproducción del pasaje de Max Aub, que tan bien recordaría Antonio Muñoz Molina, y ha abierto, después de muerta, los recorridos rememorados infantilmente por Rodrigo Díaz de Vivar. Todo lo que suceda de aquí al 29 de noviembre, mes que lleva siempre al remoquete de Cecilia, “como siempre sin tarjeta, un ramito de violetas”, estará demediado por nuestra patrona del mar de calles y avenidas tambaleantes de ternura/discordia, según la lente aplicada al sentido de la visión. Los silencios decretados por la ciudadanía ensordecerán los escándalos de las instituciones. Claro que la muerte de Maricarmen, tan callada, no es el atentado de Sarajevo, ni tampoco la detonación de la calle Téllez y Atocha, pero contiene el hálito de la sorpresa que a su vez produce el conjunto de las interrogaciones.
Aquellos que creen en los designios proféticos de la residencia de la Mareta, en la isla de Lanzarote, lugar de descanso del presidente de gobierno, nacimiento del odio y la maldad universales, en su fuero interno con tendencia a su fuero externo afrontan el sentimiento de la pena por la sorpresa final de Maricarmen. El lugar designado para el próximo mito, símbolo, mártir, nombre sacrificial, tiene una candidata que se maneja por los recorridos del tiempo presente con proyección al futuro con la etiqueta del derecho a la vivienda: Maricarmen, con la cola de estrella como las que se montan en los belenes del candor y la esperanza. La frustrada segunda etapa residencial de Maricarmen en Sainz de Baranda, primer alcalde de Madrid, por la interrupción de la categoría inapelable de la muerte habitará como una neblina persistente y con resistencia a los sopladores de la historia. Ahí permanecerá por mucho tiempo y las elecciones y sus campañas de promoción serán sus ocasionales vecinas del tercero B, a las que el del cuarto C observará por la mirilla panóptica por si le llaman un día del programa de Ana Rosa. El principal beneficiado del conocimiento público abreviado de Maricarmen, así sin más, es el primer dirigente de Vox, cuya dictadura del patronímico le hacía compartir el mismo con la inquilina del firmamento y superficie de la notoriedad y del lamento nacionales.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.