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Sin pasado. La Historia en manos de los dioses


(Tiempo de lectura: 7 - 13 minutos)

Sin pasado. La Historia en manos de los dioses

El mayor éxito de los actuales poderes ha sido apartarnos de la curiosidad histórica y del enfoque abstracto. Nada diremos de la capacidad crítica, que suena a desorden. Han logrado una generación que se ufana de un pensamiento concreto y realista, sin veleidades utópicas, según ellos. La vida entendida como el motor de una moto, tornillo arriba, tornillo abajo.

¿Todo esto es secundario? No puede haber naciones verdaderas si los ciudadanos no saben cuál es su papel en la sociedad. Es más, el mal rebasa lo personal y se traslade a la nación. No basta con invocar diariamente la democracia, la civilización, la cultura; hay que practicarlas efectivamente. El mundo no es un simulacro. Pero adquirir tal consciencia es muy difícil, y se han de aunar todas las fuerzas. La lucha por el conocimiento comienza en la familia (que ha de autoeducarse), en la escuela, en uno mismo desde el momento en que se comienza a madurar. Y debe continuar en todas las instancias perjudicadas. ¿Prueba? Hay demasiadas, empezando por creer que estos asuntos es mejor reservarlos a revistas especializadas a la que accede gente que… no necesita ser alertada. El periodismo es más de lo que algunos periodistas creen. Es el sistema circulatorio de la sociedad. Debe asumir su verdadero papel. Ha olvidado cómo nació. Larra, Unamuno, Gasset no hablaban de la última noticia. Las crónicas de Azorín nada tenían de contingentes.

No obstante, los docentes sí son conscientes de todos estos problemas: están arrinconados por una modernidad técnica y burocrática la cual rebota sus propias culpas contra ellos. En los setenta se propuso al gobierno de los EE.UU. racionalizar la enseñanza de las matemáticas. Se opuso. ¡Dicen que en nuestro país hay escolares que no entienden lo que leen! (quizás ni lo que escriben). No sería extraño que les hayan hecho las pruebas de lectura con el Ulises de Joyce o El Aleph del anglófilo Borges. ¿Por qué elegimos estos casos como refuerzo? El primero porque para nosotros que esté en la cúspide es un misterio no resuelto convincentemente. Pareciera que sólo existe él. De entre lo que se entiende, nada especial dice que beneficie a la humanidad, y si es por el estilo literario valdrá para los angloparlantes, no para nosotros. El traductor de los Hermanos Marx se sorprendía de que riéramos sus chistes, que eran locales. Nos quedamos en el gesto. Quizás ahí empezó todo. La destrucción de la idea, del lenguaje por la pantomima. El segundo por ese menosprecio al idioma español que tanto se aplaude incluso en España. En una entrevista en la televisión pública norteamericana, masivamente aplaudida, ("Borges: South America's Titan") el aludido dice que escribe en español porque respeta demasiado el inglés. Agrega que el español es algo limitado. El entrevistador, (William F. Buckley Jr. y otras yerbas y aromas), cuyas poses parecen sacadas de una película ambientada en Oxford, le ayuda: “el hecho es que el español tiene menos recursos que el inglés”. Díxolo Blas, punto redondo”. Según ambos ilustres no cabe un “amén”, sino un “ita est” que no aprende de la experiencia. No era la primera vez; antes editó “El tamaño de mi esperanza” (1926) y el “El idioma de los argentinos” (1928). Libros que hablan más (desorientada y denigratoriamente) de costumbres que de lingüística. La prueba de su consistencia es que prohibió reeditarlos. A su muerte se volvió a la carga y se publicaron nuevamente.

Más que negocio.

¿Es esta una digresión inútil? Nosotros, conscientes de que España carece hoy día de peso mundial, creemos que hay algo que concita enemistad contra ella. ¿Una posición geográfica central a dominar? ¿Un continente plus ultra al que también se le quiere afonizar la voz? Pero no es este ahora el asunto, sino que en esa confusión en la que estamos sumidos, cuenta mucho la defensa y el ataque al idioma. Y entre desprecios, anglicismos, hechos diferenciales idiomáticos, papanatismos, jotas y sardanas, alguien va contra él.

Volviendo a los ínclitos, es evidente que ambos personajes no tienen idea de lingüística. A no ser que no les importe mentir. El hipérbaton (flexibilidad para variar el orden de las palabras, imposible en la rigidez sintáctica del inglés); la ortografía fonémica (sonido y escritura coinciden, por lo que no necesita diccionarios fonéticos, no hay que explicar cómo se pronuncia un apellido y evita la acumulación de letras impronunciadas, que dificultan una ortografía correcta, como en los casos de hough, through, thought thorough); el sujeto elíptico (-yo- corrí, -yo-vi,–yo-vencí y –yo-descansé); los enclíticos (posibilidad de juntar verbo y pronombre (permite-me-lo); el matiz entre ser y estar (ser tonto y estar tonto); la diferencia flexiva y la variabilidad verbal (el inglés apenas conjuga, mientras en español hay una amplia variedad de tiempos, modos y personas; el modo subjuntivo es, frente al indicativo, un instrumento extraordinario para expresar lo irreal (si fuera), lo subjetivo (hubiera venido), lo virtual (alguien que hable); el condicional, por su parte, dota al español de una sutileza psicológica de la que carece el inglés (todo lo contrario de lo que afirma la pareja); el equilibrio entre vocales y consonantes, que otorga al idioma no ruido, como dice Borges, sino una gran musicalidad (frente al nasal angloamericano –la entrevista es en EE.UU) ; hablando de excesos, la Ñ supo encoger la NN; la ortografía acentual, que orienta la pronunciación (en inglés las palabras contest de concurso y contest, de reclamación, suenan distinto; los signos dobles o dígrafos, tan orientadores para anticipar la comprensión de la frase… son ejemplos de la pobreza idiomática del español. Si el propio escribidor escupe en la escudilla en que come, y se empeña en mostrarnos su ignorancia, ¿por qué ocultarla? ¿Es obligado respetar lo que no respeta? Hispanoamérica también sale bien servida. El Borges que considera incompleto el español escribió dos libros sobre el asunto ("El tamaño de mi esperanza" ,1926 y "El idioma de los argentinos", 1928), de los que luego se sintió vergüenza, por lo que prohibió su reedición. A su muerte se ignoró su decisión. Más vale el tizne que la precisión. No hablaremos del ultraderechismos ni de brumas políticas londinenses. Si el autor afirma que el Imperio Británico actuó bien, pues vivan las Falkland. Lo de fusilar, tratado en la entrevista, olvidémoslo.

¿Todo esto es secundario? Difícilmente se amará lo que se desprecia (o nos incitan a despreciar). Lo preocupante es que ideas tan peregrinas recojan el aplauso de miles de españoles y seguramente hispanoamericanos, mientras a los que defienden lo que es (sólo eso) se los sitúa entre los cascarrabias y deslustrados. Donde haya un alef que se quite el Siglo de Oro. Nuestro autor dice que sólo recuerda a Cervantes (añade un desolador quizás). No nos extraña, los londinenses descubrieron a Lope de Vega en los setenta del siglo pasado. El susodicho, que editó a Cortázar, dice desconocerle. Por qué actitud tan inmadura?

Perspectiva

Volvamos a la autoflagelación. Otra de nuestras carencias es la incapacidad para cambiar de perspectiva. Churchill decía (sin practicarlo) que en ocasiones dejaba que sus pensamientos vagaran libremente contra sus propias creencias. Los españoles no gozamos con tales incertidumbres; menos cuanto más se sube en la (ranking) escala social. Si por un momento lográramos preguntarnos si vienen contra nosotros o por el contrario somos nosotros los que vamos contra ellos, muchas cosas se aclararían. Una nación incapaz de hablarse está a merced de otras capaces de escucharse (como las que nos han metido en la cabeza que sustituir nuestro idioma por el suyo nos reforzará). Deberíamos estudiarlas y aprender de ellas en eso. Quizás la entrevista comentada carece de entidad porque ambos personajes ofrecen una visión pobre y unilateral de las cosas. La manipulación, como los venenos, requiere de una sutil administración de las cantidades.

Imaginación

La falta de imaginación es un problema vital. No afecta sólo al área de lo lúdico. Basarse exclusivamente en lo tangible es no ver la realidad, sino sólo su apariencia. La realidad tiene presente y pasado, materia y espíritu, superficie y fondo. Limitarla a la capa exterior es lo que permite exclamar “¡soy feliz!”. El acervo popular lo definió muy bien: ojos que no ven, corazón que no siente. Un simple vuelo de dos, tres mil kilómetros nos podría situar en el horror. Y más cerca están Las Tres Mil Viviendas o los miles de mataderos ocultos para bien de la sensibilidad de los que la tengan (como Descartes, nos empeñamos en creer que los animales son autómatas y que sus gritos son producto del chirriar metálico).

Esa imaginación puede ayudarnos a desedulcorar este falso cuento de las maravillas. Cuando visitemos un castillo del medioevo sumerjámonos también en la historia que en profundidad guarda: la de aquella gente vertiendo brea ardiendo sobre los que trataban de escalar para simplemente degollarles. Estas ausencias no son casuales. No interesa meditar sobre la autocomplaciente condición humana, que se autoproclama a imagen y semejanza de dios. De entre esos pequeños dioses, cuidado, habrá alguno que querrá (who will want) imperar sobre nosotros.

Libertad material

Muchos escritores, principalmente norteamericanos e ingleses (Thoreau, Hemingway, Kerouac, Stevenson, Hazlitt), intentaron definir la libertad como la capacidad para desplazarse. Pero esta es una reducción material. También hay falta de libertad cuando no podemos desplazarnos en el tiempo (no estamos desvariando) para rememorar el pasado porque lo desconocemos. Obstruir su conocimiento es mermar esa libertad de movimiento mental, necesaria para conocer el qué del pasado, el porqué del presente y cómo podría ser el futuro.

Cien años no son nada, ochenta menos

Cien años de distancia temporal no son nada, pero la mayoría cree que son la prehistoria. Esa centuria sólo representa cuatro generaciones (nietos –nosotros--; abuelos, bisabuelos, tatarabuelos) que casi pueden cogerse de la mano. Mil ochocientos ochenta y ocho (“Año de los tiros”) es un año generacionalmente próximo. Por culpa de esa desconexión temporal podemos conmemorar en Huelva un supuesto legado inglés (bienes, valores, ideas, tradiciones, dicen) y olvidar las teleras, las teseras, la segregación urbanística, la venta de mineral a la Alemania del cuarenta, los asesinados por querer vivir, una especie de campo de trabajo con guardia privada, la traición del Estado, todo realizado por una compañía minera inglesa que imperaba en Riotinto. Si viviera aquella gente, casi contemporánea, ¿qué sentiría? ¿Pensaría que los traicionamos? Afortunadamente, otros municipios de la zona no han olvidado la Historia. Hay que tener cuidado, a veces la ignorancia lleva inconscientemente a la indignidad. No hay turismo que valga. Además, grandes propiedades (materiales o inmateriales) han desaparecido vendidas a trozos. Para el derecho romano dividir era destruir.

Otro tanto ocurre con el año1939 alemán. Todo olvidado y deshistorizado. ¿Exageración? En 2015 Opel lanzó el modelo Adam, cuyas ruedas son (todavía ruedan) una inconfundible esvástica, simbología prohibida en Alemania desde 1945. La empresa recibió fuertes críticas y nadie creyó las excusas técnicas. Se reincidió en el escándalo en 2017 con el modelo Crossland X. Revistas o diarios como Auto Bild (importantísima en Alemania), Blick (Suiza), TZ - Tageszeitung (Alemania), Heute (Austria), Mimikama (organismo de verificación internacional), entre otros, expusieron alarmados estos reiterados errores de diseño. ¿Qué nos están diciendo subliminalmente? ¿Quizás se estaba pulsando a la nación?

Heidegger

Después de ver los giros contradictorios que dan las creencias, hemos llegado a la conclusión de que el nacionalsocialismo no era nada ideológicamente: simplemente la violencia y la brutalidad oportunamente justificadas con discursos altisonantes y marchas nocturnas con antorchas encendidas (como ahora en muchos lugares). Lo demás, una cobertura, porque no hay acción realizable sin teoría. Así de artificial es el entramado que nos sostiene y cubre. Apoyo de los partidos del centro al NSDAP, Comité de no intervención, Múnich, los espíritus tranquilos frente a los considerados alarmistas. La historia dirá. Dirá, pero inútilmente si no se tiene como algo vívido, repetible, incluso amenazante. ¿Cuántas veces han de demostrarnos que la humanidad puede desvariar? Empezando por los censores pusilánimes.

En este maremágnum, Heidegger se presentaba como el destructor de la metafísica, cuando fue el mayor metafísico que ha habido (quizás sólo superado por el “racionalista” Descartes). La mayor dilución de la realidad para volverla invisible. La crítica principal que Heidegger hizo a los filósofos occidentales fue que olvidaban el Ser y se dedicaban al estudio de los entes. Los entes eran la realidad. Es decir, no se metía sólo con sus contemporáneos, sino con quienes le precedieron en 2.300 años.

No es que creamos demasiado a los filósofos criticados por él, pero eso de que la “la nada nadea” (mejor "das Nichts nichtet"; tiene más entidad, la nada nihiliza) no cuadra con su biografía. Afiliándose al NSDAP, abrazó los entes con entusiasmo, y a todo lo que se presentara. ¿Fue castigado? Sí, gravemente (tenía 56 años; no era el caso del noruego Knut Hamsun, Premio Nobel, que escribió la necrología de Hitler y le entregó a Goebbels su medalla sueca, y que tenía 86). Tras la tortura de no poder dar clases fue rehabilitado en 1949, volviendo a dar lecciones magistrales a la humanidad. Su “Carta sobre el humanismo” volvió a embobar. ¿Estaba arrepentido? Veamos la frase escrita en 1949: "La agricultura es hoy una industria alimentaria mecanizada, en su esencia lo mismo que la fabricación de cadáveres en las cámaras de gas y en los campos de exterminio...”. Sus “Cuadernos negros”, descubiertos (dicen), en 2014 dejaron en evidencia a muchos componedores. Por eso nos preguntamos ¿qué quieren decir los doctos alemanes actuales cuando hablan de que “Alemania vuelva a ser una gran potencia”? Pero, nos viene una duda: ¿se puede hablar de esto, o han de pasar cien años más para que se tenga perspectiva? ¡Qué bueno el poema de León Felipe!: “Sé todos los cuentos”. Extraño que un cuentista como Borges no lo mencione, o conozca: “Yo no sé muchas cosas, es verdad, / pero me han dormido con todos los cuentos.../ y sé todos los cuentos.

La Historia privatizada

El otro día leíamos que estaban comprando millones de libros para alimentar la IA. Ya antes se había informado de la destrucción del 38 % de la información en internet. ¿Será que nos quieren sin pasado? La cuestión es que esos libros se convierten en pasta y desaparecen como testigos de la Historia y de la contradicción. Incluso será lamentable que se destruyan aquellos que mentían. No quedará prueba de ello. Sólo quedará una verdad o posverdad (personalmente no dominamos el término) en manos privadas. Cuando queramos hablar de las contradicciones de filósofos como Heidegger posiblemente no podamos documentarlo. El mal jamás habría existido, y lo que no toquemos, como Palestina, no existirá. Una límpida página en blanco.

Esta incapacidad para conjugar presente y pasado impide ver la profundidad de las cosas, es decir, qué son y porqué son, qué hay detrás, y a los lados. Un mundo sin causas (culpables) es un mundo sin responsabilidad; todo será aleatorio (un proceso permanente) y fortuito (un evento aislado); en definitiva, lo que tiene que ser, será. No habrá cambio posible. Todo será providencia de los dioses.

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