¿Corazón y razón separados?
- Escrito por Luis Méndez
- Publicado en Opinión
El Titanic va directo contra el iceberg pero a los pasajeros solo les preocupa que el champán no está suficientemente frío. ¿Qué inquieta a nuestros políticos, y no nos referimos sólo a los funcionarios institucionales, sino a todo aquel que habla sustantivamente de política? ¿Tan subalternos se consideran que interpretan que los asuntos mundiales graves no les atañen?
La antítesis que plantea la UE es que su corazón está en el lado de la paz y la razón en el de la necesidad, lo cual imposibilita esa paz. Pero en esta postura hay un error inicial, el de confundir razón con verdad. La razón es la investigación de la verdad, no la verdad en sí misma. Que pueda basarse en una hipótesis axiomática es otra cosa, aunque no hay que olvidar que axioma y verdad tampoco son forzosamente sinónimos. El axioma surge como una verdad supuesta pero necesaria para avanzar en la investigación de la verdad. Hoy, esta última es unilateral y excluyente.
El filósofo del Occidente contemporáneo, Kant, afirmaba que «la verdadera razón nos exige buscar la paz, no la conveniencia». Pocos casos hay en los que la paz no sea lo más conveniente, añadimos nosotros. En "Hacia la paz perpetua" Kant establece las bases de la Sociedad de Naciones, de la Organización de las Naciones Unidas, de la Unión Europea, de los derechos humanos, que en la actualidad sólo son reconocidos de palabra. Irán, Palestina, Siria, Venezuela, entre otros, son una mínima muestra de tal olvido.
La Europa actual ya no se identifica con, por ejemplo, la Europa del Tribunal Bertrand Russell—Einstein. No decimos que esta fuera pacífica, pero, al menos dentro de sus fronteras, demostró que quedaba algo de memoria y que la razón seguía funcionando en su labor de búsqueda de la verdad. Pero, poco a poco, se fue marginando a todos aquellos pensadores que unieron corazón y cerebro, demostrando que las razones de Estado a veces son la mayor sinrazón. En Francia, De Gaulle, un militar de derechas, ¿a cuántos pensadores de corte humanista, patriota o progresista tuvo que rebatir para poder abandonar Argelia y demostrar que la testarudez no siempre es el mejor servicio a la patria? No obstante, 500.000 personas tuvieron que morir antes para poder demostrarlo.
No es cierto que la razón (la necesidad) esté a un lado y el corazón (la paz) al otro. Una cosa es atender la necesidad en última instancia, agotados los esfuerzos por la paz y otra trabajar para la victoria, envolviéndola en la justificación de la seguridad. Se ha olvidado el informe de 2019 de la Rand Corporation, más planificador que pronosticador. Todos estos documentos deberían repasarse para no perder la perspectiva. Basarse en un axioma falso, es decir, que la confrontación llevará a la seguridad es jugar a los dados, y cualquier cosa puede pasar.
Quizás se confía en que no se alcanzará el último escalón, el nuclear, pero es contradecirse. Si el sujeto a sujetar, valga la redundancia, es tan irracional, ¿por qué va a preferir morir solo? El camino a la paz son la negociación y la paz, tantas veces boicoteadas en todas las trincheras del pensamiento.
Otro problema de esta Europa es que se ha quedado reducida a los dirigentes de Gran Bretaña (que no es UE por el momento), Alemania y Francia. Muy subalternamente, Polonia y Bálticos. Lo demás es un tropel no totalmente dispuesto. Aún menos sus poblaciones. La alta abstención en los países orientales en las últimas elecciones al Parlamento Europeo es una prueba que se olvida. Quien está en consonancia con lo que se está decidiendo, vota.
Mil novecientos ochenta y nueve fue un momento de respiro para la mayoría de los que podían expresarse públicamente. El ministro de Asuntos Exteriores y los diplomáticos británicos defendieron —en contra de su primera ministra, Margaret Thatcher— que una Alemania unida, democrática y aliada reforzaría y cerraría definitivamente las heridas de la Guerra Fría. Baker —Secretario de Estado con Bush padre— aseguró por su parte que las fuerzas aliadas no avanzarían ni un centímetro hacia el Este. Era la aceptación doctrinal de que un colchón entre las potencias nucleares sería una garantía antinuclear.
Lamentablemente, la mayoría de los historiadores calla. Hay antecedentes y causas que deberíamos recordar o conocer. Hay dos clases de historiadores, los que trocean la Historia hasta convertirla en historias inconexas, y los que narran los hechos retrocediendo y concatenando las causas. Indagar en el pasado ayuda a tener una sospecha sobre lo que puede suceder en el futuro. La Gran Guerra no sirvió para nada a quienes dos décadas después volvieron a las andadas, en primera instancia la Alemania del 39. Esto prueba que no hay que acorralar a nadie porque puede ser la más peligrosa decisión. El Tratado de Versalles fue un exceso que se pagó caro. Keynes, Lansing, Lloyd George, Foch, se opusieron a unas medidas que vaticinaron como destructivas para toda Europa. Pero no se aprende. Ya ocurrió cuando Atenas intentó acorralar a Sicilia (415-413 a.C.) y aquella fue destruida. Hablamos de la Expedición durante la Guerra del Peloponeso.
Un momento tan peligroso como el actual se produjo en Cuba en 1962. EEUU arguyó con aparente razón que no podía tolerar misiles a menos de cien kilómetros de sus fronteras, los cuales amenazaban su seguridad. No era un argumento legal —Cuba tenía derecho a su soberanía, sobre todo bajo amenaza de invasión— pero sí real. ¿Por qué aparente? Porque la misma regla valía para los misiles de EEUU en Turquía. Afortunadamente la razón, la comunicación, la necesidad, el cerebro, el corazón, la diplomacia regresaron, retirándose ambas partes. Ya entonces cabía hablar del último escalón: el destructivo y a la vez autodestructivo. Este suceso dio lugar al Teléfono Rojo. Hoy a ese teléfono y a todo lo demás les han cortado los cables. Interesante sería leer las insistentes advertencias de Jack Matlock, primero diplomático traductor de los intercambios epistolares entre las dos potencias nucleares en aquel momento y después embajador norteamericano en Moscú y figura clave en las negociaciones de desarme entre Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov al final de la Guerra Fría (1987-1991).
Bush, Clinton, Rumsfeld separaron el corazón y la razón. La Estrategia de Ampliación o Doctrina Clinton, redefinió las promesas de Baker. Se pasó de "ni una pulgada hacia el este" (sic) a "ni una sola pulgada de territorio europeo debe quedar fuera de los límites de la OTAN" (Mary Elise Sarotte).
Ucrania nació como país independiente por una serie de acuerdos o tratados basados en principios de neutralidad (ni OTAN ni acuerdos militares con Rusia) y no beligerancia: Declaración de Soberanía Estatal de Ucrania, de 16 de julio de 1990. Memorándum de Budapest sobre Garantías de Seguridad, de 5 de diciembre de 1994. Tratado de Amistad, Cooperación y Asociación entre la Federación de Rusia y Ucrania, de 31 de mayo de 1997. Ley sobre los Principios de la Política Interna y Exterior, de 1 de julio de 2010…, hasta que el Parlamento ucraniano revocó el estatus de no alineado y modificó la Constitución en 2019 para priorizar la integración en la OTAN y la UE.
Lo que sucedió en Ucrania desde 1991 hasta nuestros días es considerado irrelevante, pero es crucial. La libertad y la democracia han brillado por su ausencia y las actuaciones del CJI o TPI, como se prefiera, son lamentables. Se dirá, esto se rompió con la invasión de Crimea. Sí, pero hubo una ruptura previa: la del Euromaidan. Victoria Nuland reconoció públicamente que Washington había invertido más de 5.000 millones de dólares en Ucrania. Explicó que dichos fondos públicos se destinaron a lo largo de dos décadas para "apoyar las aspiraciones del pueblo ucraniano de tener un gobierno democrático más fuerte y próspero".
Más tarde Merkel reconoció que "el acuerdo de Minsk de 2014 fue un intento de darle tiempo a Ucrania. También utilizó este tiempo para hacerse más fuerte, como se puede ver hoy en día". Más tarde, Hollande ratificó sus palabras e incluso fue más explícito al explicar que Minsk fue una estrategia de distracción. Europa utilizó la diplomacia y las resoluciones de la ONU para ganar tiempo y preparar militarmente a Ucrania para una guerra futura, lo que implicaba asumir de antemano que la solución política prometida para los habitantes del Donbás nunca se iba a cumplir. Más tajante fue Petro Poroshenko, expresidente de Ucrania: "Los Acuerdos de Minsk no significaban nada, no teníamos intención de cumplirlos". Dos mil kilómetros más al este, en Irán, ha surgido otro foco que, como el de Ucrania, se va extendiendo por el mundo. Hace poco se han vuelto a reanudar las hostilidades entre Arabia Saudita y Yemen. ¿A nadie le preocupa que el incendio se extienda y focalizado en un punto incontrolado todo estalle o no se pueda apagar?
Estamos en unos momentos en los que no hay escusas para creer que cabe la inhibición. Primera Guerra, Segunda Guerra, Cuba, ¿no son suficientes advertencias para creer que nuestra responsabilidad no es delegable?