Desconexión democrática
- Escrito por Luis Méndez
- Publicado en Opinión
Decía Séneca que "ningún viento es favorable para quien no sabe a qué puerto se dirige". Quienes gobiernan en la cumbre administran muy útilmente esta reflexión: no hay nada como dirigir y apabullar a quienes han perdido el rumbo. La cuestión es saber hasta qué nivel llega la desorientación: no todo es poder; una cosa es detentarlo y otra muy distinta gestionarlo bajo las órdenes de otro. Es evidente que muchos de esos que creemos poderosos cada mañana han de tragar el sapo de la obediencia a lo que quizás no comparten. Seguramente conocen parte del plan, pero no su totalidad, lo que es no saber nada. No obstante, les basta para sortear su propio destino. Así, los dirigentes visibles que quedan carecen de una talla rememorable. La paradoja del esclavo de Hegel aquí no se da. Si pasan a la historia será por haber contribuido al desastre. Ojalá no quede memoria de ellos, por la cuenta que nos trae. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial la calidad de la cantera ha ido depauperándose. El poder de una nación anuló al de otras. Barcos dirigidos por un solo viento. De Gaulle, que no era nada modesto, dijo que con él acabaría la época de los grandes hombres.
La cuestión es que toda una serie de institutos aparentemente representativos de la democracia han perdido su poder o parte importante de él al haber sido desconectados de una autonomía realmente democrática. Presumimos de un jardín cuyas plantas y flores son de plástico. Que sus jardineros las rieguen añade ficción a la apariencia.
Montesquieu habló de la separación de poderes para contener al poder, y se admitió y repitió hasta la saciedad. Hoy, esos poderes no son tales, y no sabemos concretamente de dónde reciben el hálito que los impulsa. He ahí otra desconexión con la finalidad: no se trataba de desarticular al poder para entregarlo a cualquiera. Si la imposición es mala, peor si viene de afuera.
En tal desbarajuste, por mucho derecho que se estudie, pocos dejan de sorprenderse de la primacía que ha tomado el poder judicial, que hasta pretende la inmortalidad, dadas las dificultades que presenta para su renovación. ¿Querremos dar otra vuelta de tuerca al sistema e imitar eso de que los miembros del Tribunal Supremo sean vitalicios (artículo III de la Constitución norteamericana), irremovibles por el siguiente presidente de la nación?
Se habla de control de legalidad; de ámbito administrativo; de reglamentos (Romanones: que ellos hagan las leyes que nosotros haremos los reglamentos)… Sólo palabras. Cómo sea, afecta a lo político. Lo más sintomático es que estas cosas se producen de forma simultánea en distintos países. Demasiada sincronía para ser espontáneo. ¿Modos insuflados por la potencia hegemónica, ejemplar, en cuanto nunca se la sanciona porque nunca delinque o quizás mejor que nunca delinque porque nunca se la sanciona? Puede ser, allí ocurren cosas muy curiosas. Pero, ¿qué tiene que ver un sistema judicial de inspiración anglosajona con otro romanista? Mientras éste es legalista (impera la ley, es decir, en primera instancia el parlamento que la promulga) el otro se construye sobre los precedentes judiciales. Es decir, que han asumido la tradición sobre la innovación (lo que no significa que toda innovación sea forzosamente buena), la permanencia sobre la renovación. El pasado como anclaje. Una situación en la que el poder judicial puede desequilibrar, como poco, un sistema. El ambiente mundial no parece propiciar el imperio de la ley democráticamente establecida. Internacionalmente hablando, un sistema de tribunales ad hoc se va imponiendo sin protesta de nadie. Poco a poco el sistema basado en el derecho internacional público va despareciendo lo cual influye en el derecho interno. La ley privada (privi-legio) sobre la pública, sobre la comunidad,
La Constitución europea propuesta en 2005 no fue aprobada. Sin que se articulara un mecanismo legitimador se promulgó el Tratado de la UE, que sólo es un retoque de lo anteriormente fue rechazado. Vale, ¿pero qué mecanismo legal externo al TUE --que se autolegitimó sin mayor problema-- posibilita que sus mandatos primen sobre las Constituciones nacionales, que por el contrario sí fueron votadas? No planteamos preguntas jurídicas, sino democráticas. ¿Cómo un sistema que se precia de ser espejo democrático del mundo capitula ante una oscura ingeniería desconectada de los pueblos que la sustentan económicamente?
Si hablamos de control de la política ¿dónde dirigir la vista? ¿Cómo lograrlo sin sufrir vértigo ante tanta bandera? ¿De quién son las competencias esenciales? ¿De la Comisión Europea, del Gobierno nacional, de los gobiernos regionales (aquí juntas autonómicas)? ¿Se le ha aclarado al público de quién eran las competencias en los sucesos del COVID y de la DANA? En este oscuro sistema de gestión la responsabilidad política se diluye, siendo uno de los peores males aportados por la posmodernidad. ¿La oposición? Es el mejor cargo que hay, se cobra haciendo poco. Aparte de que sería difícil contrastar las diferencias. --¿Pueden los tribunales europeos anular lo que sentencian los tribunales nacionales? Volvemos a lo de antes. Si los tribunales nacionales ya tienen capacidad para hipotecar o desvirtuar las políticas del mismo ámbito ¿significa que los tribunales son más fiables que los gobiernos?. ¿El corporativismo sobre el sistema democrático? ¿Cómo aprovechar así los vientos, si nos presentan múltiples puertos llenos de bramas?
¿Hay conexión democrática entre los partidos y los ciudadanos? ¿Qué es un partido? Ya no es la conciencia que representa los intereses concretos de un sector de la población. Bloque de clases, decía el ínclito De la Borbolla (¿le recuerdan?). En una cuasi coalición social-liberal-conservadora es difícil saber qué es qué. ¿De qué hablan esos partidos? No del suelo que los sustenta electoral y económicamente, sino de mayorías, coaliciones, minorías pactantes u obstructivas, que se desenvuelven en otro mundo distinto del realmente existente. ¿De verdad que no hay modo de humanizar el sistema de vivienda? ¿Innecesario analizar que se afile cuchillo contra cuchillo? ¿Todo esto no desconecta al partido, al político, del ciudadano?
Se podría justificar todo esto afirmando que el militante o el afiliado es el nexo entre el ciudadano y las altas instancias. Que sus propias necesidades son las del ciudadano corriente, que ese militante realiza una labor de presión y de vigilancia. Fantasías. Lo que hay es una relación de subalternidad. Los políticos institucionales no pueden disimular que se sienten en una órbita superior, desconectada del vulgar mundo; que creen que a nadie han de rendir cuentas (¿cómo decía aquella: más tonto no se puede ser?). La virtud de la responsabilidad pesa bastante menos que el ego. En definitiva, no hay conexión. Vuelva Vd. dentro de cuatro años. Es una autoridad a la que le cuesta asimilar su función delegada. Si el juez debería ser el busto que lee la ley, el político debería ser el busto que lee a los electores. Pero, ¿cómo? Se les escribe y no contestan (comprobado). Aunque hay que reconocer que esto ocurre en todas las esferas de la sociedad: ya no hay clientes, sino vasallos necesitados; ya no hay pacientes sino enfermizas y costosas cargas. No son pensionistas que sostuvieron a los pensionistas del pasado, sino un problema al que hay que convencer (difícilmente, porque no es así) de que las subidas de las pensiones y de los precios son acordes. Habría sido milagroso que el índice de precios sólo hubiera subido un 2,8 por ciento. Somos electores que nada eligen. ¿Los programas? ni son exhaustivos ni se cumplen en su espíritu. ¿En qué se parece lo que votamos y luego se gestiona? ¿Parlamento, partidos, militantes, electores, instituciones, no deberían ser una cadena democrática en la que se transmiten necesidades ciudadanas y soluciones? Por el contrario son compartimentos estancos que, diluida su verdadera función, cultivan el autoservicio.
¿En qué se parece la realidad y lo que preocupa a la prensa oficialista, que mira por encima del hombro al resto de los medios? Realmente, sin serlo, han sustituido a los órganos de los distintos partidos en una relación cambiante de abajo arriba, arriba abajo. Sobre la ausencia de prensa partidaria, ya lo resolvió en su día Felipe González. ¿Para que un órgano de información (y formación, añadimos nosotros) del partido si se puede pagar un artículo en la prensa privada? Un artículo al año, no hace daño.
Desconexión histórica: Se habla de resucitar a la verdadera Europa. Es necesario, pero, cuidado, no a toda, sino a aquella que supo reaccionar contra sus excesos internos y externos como hoy no sabe hacer. Se puede admirar a la Ilustración y no aceptar frases como la del ilustrado escocés David Hume, que sostenía que "no es contrario a la razón el preferir la destrucción del mundo entero a tener un rasguño en mi dedo". ¿Transcripción extemporánea? No: no nos extrañaría que uno de estos días la repitiera el Sr. Trump. De entrada ya sabemos que se divierte con las guerras. No menos rancios son los argumentos del Sr. Marco Rubio con su neocolonialismo occidentalista. Dejemos a ambos con sus aventuras (siempre que no las paguen los demás). Ninguno aprendió de los consejos de Kennan a Clinton en su momento. De aquello deriva este caos. Si un grado de desviación es en mil kilómetros un vergonzoso error artillero, ¿qué será de 180 grados? Quizás el regreso por la retaguardia del propio proyectil?
Cada país de Europa debe enterrar los cadáveres de sus errores y mentiras históricas y hacer un análisis de lo que estuvo mal. Entre nosotros tenemos el problema de la desmemoria. Si no se conocen los males no se pueden remediar y entonces pueden reproducirse. Todavía no se afronta limpiamente nuestra historia. Demasiadas rémoras que impiden ver y mirar con transparencia. ¿Qué avance democrático es este en el que la legalidad aún está bajo sospecha y los que la golpearon levantan la voz y acusan? ¿Cómo tolerar que los rasguños de unos sean graves y la vida famélica de otros insignificante? ¿Cómo asumir las razones actualizadas de supuestos aliados que en el momento necesario entre legalidad y democracia y no intervención escogieron a esta? ¿Han cambiado? No, sus comités de no intervención, muy lejos de la justicia y de la legalidad, siguen intercambiado amigos y enemigos.
¿Tiene todo esto solución o habrá que esperar, como siempre, a que estalle, previa ruina (evitable) de la mayoría, que no de la totalidad? Nuestra impasibilidad, ¿no es suicida?