Gana la democracia
- Escrito por Josep Burgaya
- Publicado en Opinión
Que la extrema derecha avanza por todas partes es una evidencia. Los sistemas democráticos han perdido crédito entre una parte de la población que ha visto empeorar su situación económica, es víctima de todo tipo de temores, a menudo se ha sentido humillada y, además, tiene pocas expectativas de futuro. Aunque la causa de esto justamente no es el sistema democrático, en realidad expresa sus malestares por medio de un voto extremo que no le ayudará en nada, pero que nos provoca mucha preocupación a los demás. Gran parte de los ciudadanos de Europa Occidental nos quedamos perplejos ante una situación geopolítica que, como poco, resulta preocupante, unos dirigentes mundiales que se abonan a la estrategia del caos y la amenaza y una Unión Europea cada vez más debilitada y dividida, que no acaba de encontrar su sitio en este escenario de confusión y conflicto.
Las últimas elecciones alemanas del pasado eran muy preocupantes, puesto que, dependiendo del resultado, el futuro del europeísmo podía quedar puesto en duda. El ascenso de la AfD, que es la marca de la extrema derecha en ese país, se daba por descontada y con el peligro de que se diera o bien un pacto de la derecha tradicional con este sector extremo que los llevara al gobierno, o bien una situación de ingobernabilidad debido a la falta de una mayoría democrática clara y factible. Que esto ocurriera en el país que más conciencia tiene lo que ha significado el totalitarismo resulta especialmente preocupante, ya que significa que se ha perdido la memoria histórica de lo que fueron los crueles años treinta y apostar por liderazgos antidemocráticos y que se llamaban portadores de redención. Significativo, también, que esto se produzca en la principal economía europea y quien lidera de forma evidente la Unión Europea. Alemania es un país en declinación en los últimos años porque probablemente no optó por las políticas económicas más adecuadas y ha quedado relegada en las tecnologías digitales más vanguardistas. También, por una ruptura de la cohesión social que ha llevado a que una parte de la población acabe por culpar de su descontento a una inmigración convenientemente utilizada por la extrema derecha.
Pese a que en el resultado electoral la AfD ha obtenido un 20% de los votos, entiendo que no es pésimo ya que quien realmente ha ganado es el voto plenamente democrático, a pesar de ser esta la formación derechista la segunda fuerza en el Bundestag. En términos españoles sería más preocupante, dado que la derecha conservadora y la extrema se confunden manteniendo relaciones promiscuas que respaldan la agenda política de los más extremos. En el caso germánico, la democracia cristiana tiene, al menos hasta ahora, muy claro cuál es su alineamiento político y se mantiene lejos de tentaciones populistas, xenófobas o totalitarias. Ya en su día, la propia Angela Merkel les marcó el camino. Que la prioridad política de los ganadores sea pactar con los derrotados socialdemócratas y que éstos se presten de forma natural dice mucho en favor de la madurez institucional de este país. De ese pacto que allí es muy natural, depende no sólo el futuro de Alemania sino también de la Unión Europea que requiere elementos de cohesión y de liderazgo. Su debilidad es grande teniendo en cuenta que los populismos derechistas campan a sus anchas y se han hecho con países como Hungría e Italia, mientras Francia y España se encuentran en zona de riesgo.
Del resultado de las elecciones alemanas es destacable, también, que el apoyo explícito del trumpismo y de los medios de Elon Musk parecen no haber incidido, o quizás más bien en sentido contrario abonando el voto hacia la izquierda de la socialdemocracia, donde Die Linke ha subido hasta el 9% de los votos. No tengo claro que los medios ayuden demasiado a la moderación cuando destacan de forma casi exclusiva el ascenso del extremismo derechista. Ciertamente, un 20% del voto es mucho, pero lo que me parece remarcable es que, con todo el ambiente contrario, el voto plenamente democrático ha sido de un sólido 80%. Gran noticia en tiempos que las encuestas de opinión nos dicen que a las generaciones más jóvenes ya no les parece relevante vivir o no un sistema democrático y se muestran abiertos a formas totalitarias. De hecho, un 20% de populismo extremo también está en España donde la suerte es que no está concentrado en una misma formación. Como también en Cataluña, donde las extremas derechas contrapuestas por los considerantes nacionales e “identitarios” van bastante más allá de estas cifras y están presentes, como mínimo, en tres formaciones políticas.
Josep Burgaya
Josep Burgaya es doctor en Historia Contemporánea por la UAB y profesor titular de la Universidad de Vic (Uvic-UCC), donde es decano de la Facultad de Empresa y Comunicación. En este momento imparte docencia en el grado de Periodismo. Ha participado en numerosos congresos internacionales y habitualmente realiza estancias en universidades de América Latina. Articulista de prensa, participa en tertulias de radio y televisión, conferenciante y ensayista, sus últimos libros publicados han sido El Estado de bienestar y sus detractores. A propósito de los orígenes y el cruce del modelo social europeo en tiempos de crisis (Octaedro, 2013) y La Economía del Absurdo. Cuando comprar más barato contribuye a perder el trabajo (Deusto, 2015), galardonado este último con el Premio Joan Fuster de Ensayo. También ha publicado Adiós a la soberanía política. Los Tratados de nueva generación (TTP, TTIP, CETA, TISA...) y qué significan para nosotros (Ediciones Invisibles, 2017), y La política, malgrat tot. De consumidors a ciutadans (Eumo, 2019). Acaba de publicar, Populismo y relato independentista en Cataluña. ¿Un peronismo de clases medias? (El Viejo Topo, 2020). Colabora con Economistas Frente a la Crisis y con Federalistas de Izquierda.
Blog: jburgaya.es
Twitter: @JosepBurgayaR