La reaparición de Zapatero y la instrucción que no cesa
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
La dimensión humana que presenta el caso Zapatero revela los altibajos del itinerario de la especie pensante en la defensa de las intimidades. El ex presidente está siendo investigado por los delitos de organización criminal, blanqueo de capitales, tráfico de influencias y falsedad documental, a lo que habría que añadir delito fiscal y contrabando por las concomitancias derivadas de las joyas extraídas de la caja fuerte de su despacho. El peso de todas esas acusaciones es el de una carga física y productora de una fatiga psicológica notables para una persona y su entorno más cercano, incluso para la influencia concéntrica de su corteza pública, que se puede ver afectada desde el más humilde seguidor de la trayectoria referencial del político ubicado en lo alto de la estima como al propio presidente de gobierno actual, con el que hasta hace poco compartía mesa en actos para la comunión de objetivos y metas que habrían de culminar en la continuidad de la labor de gobierno. El profesor italiano Nuccio Ordine citaba con frecuencia la obra de Shakespeare, “El mercader de Venecia”, para referir el oro como “pálida medianera común entre hombre y hombre”.
Esta definición reunida de tanta belleza señala la solución arquitectónica que divide las propiedades entre los seres humanos. Zapatero tenía 44 años cuando fue investido jefe del ejecutivo español y 51 cuando dejó aquella responsabilidad, guiado por la acuciante situación económica global y por la renuncia a ser candidato electoral del su partido en 2011. La misma edad, 51 años, tenía José María Aznar cuando cedió la jefatura del gobierno después de las elecciones de 2004. Felipe González tenía 56 al terminar su periplo de gobierno. Y Mariano Rajoy 63 años el día en que la moción de censura de Pedro Sánchez triunfó para inaugurar la situación presente. Zapatero, contrariamente a sus compañeros ex presidentes, siempre ganó las contiendas electorales a las que se presentó. Esa edad fronteriza entre la fracción de dos terceras partes y la mitad de la vida y su esperanza de cumplimiento, la de los 51 años, permite mirar hacia atrás pero también en la obligación de dirigir la mirada hacia adelante. La juventud se ha acabado pero la plenitud todavía no es lindante con la decadencia. Los hechos titulados como potenciales delictivos comienzan en 2020, cuando casualmente un desastre sanitario desvela todas y cada una de las corrosiones morales del ser humano, máxime cuando dispone de algún poder que ejercer en los circuitos de poder.
Ahora Zapatero ha declinado en su oropel y brillo por una investigación sobre la que están abiertas todas las posibilidades judiciales y sobre las que ejerce jerarquía una persona que es el instructor de la Audiencia Nacional. Sobre esos hombros pesa el conjunto de datos, pruebas, soportes, indicios, sospechas, declaraciones, silogismos, que conducen a una puerta o a otra, divididas entre sí por la verdad y sus autos. Se pone en juego la silueta de una actividad denominada “lobby”, del inglés vestíbulo, lugar donde en el siglo XVII en el parlamento anglosajón se dirimían los acuerdos en forma de presión para que una medida favoreciese en determinadas condiciones de empuje. Las diferencias entre la actividad de “lobby” entre los ya desprovistos de la condición de presidente Zapatero, González, Aznar, desclasificado Rajoy por su ejercicio profesional de siempre, el Registro y Notariado, de conocerse en grado de detalle, serían apenas perceptibles y solamente un especialista establecería rasgos disímiles entre unas y otras. La elección de Zapatero sobresale por su acción notoria y evidente en la órbita del régimen venezolano y por sus desvelos para el desarrollo y transformación desde dentro del sistema de acción de sus actuales gobernantes, y por su apoyo apenas condicional al ejecutivo de Pedro Sánchez.
La investigación del ex presidente supone naturalmente la contaminación de sus defendidos. Las prácticas comerciales de Rodríguez Zapatero pudieran desarrollarse de acuerdo con los cánones comúnmente aceptados con seguimiento de pautas mercantiles habituales con el debido complimiento con la normativa fiscal al uso, solo que la actividad de lobby y la del tráfico de influencias dependerá de apreciaciones del magistrado instructor que inclinarán hacia un lado u otro la clasificación de una actividad legal de otra que no lo es. Amén de la aparición en el curso de la investigación de la figura del arrepentido que tiene su origen en el derecho romano y que tanto cuesta entender en el juego de pesas y medidas de la justicia y su implantación, con el caso más reciente de participación en el engranaje del reparto de condenas el caso Ábalos, con el escaparate de Aldama, incurso en varios procedimientos, todos ellos con petición de penas para el ahora notorio arrepentido y beneficiado con absoluciones varias y sin necesidad de ingreso en prisión. En el caso Zapatero penden figuras no menos colaboradoras cuya participación tiene más que ver con la venganza que con la impartición de justicia. Para el redondeo de proporción de espectáculo de masas no podía faltar el alijo de joyas, cuya vinculación con el caso del rescate de la compañía Plus Ultra sigue sin resolverse.
El origen de las alhajas pende de la explicación del propio Zapatero pero la relación del conjunto de valor con el caso que se investiga queda pendiente de valoración por la instrucción. Entretanto, el vínculo emocional del Gobierno de Sánchez con el investigado no padece fisuras ni agotamiento en el idilio, por lo que todo apunta a la continuidad de la relación entre ambos aun cuando de ello se deriven estropicios y quebrantos para las opciones electorales del partido en el gobierno. Hasta el momento, existen notorias diferencias de apego y comprensión entre los asuntos que atañen a los secretarios de organización y el ex presidente, cuyo avance en la instrucción pudiera invadir la campaña electoral de las próximas elecciones generales.
Para entonces, o después de entonces, la fijación legal de las actividades de un ex presidente deberían ser una realidad, con o sin la condena de Zapatero. Y de este modo, quizá desaparecido Pedro Sánchez de la escena pública y relegada Delcy Rodríguez a otro papel histórico en Venezuela, el siempre vigilante pueblo español, con la ayuda de la Fiscalía Anticorrupción y la acción popular ejercida heroicamente por Manos Limpias y Hazte Oír, pudiera saber cuáles y en qué medida son remuneradas las actividades aproximadamente altruistas de José María Aznar y Felipe González, ahora lamentablemente huérfanos de la presencia de Zapatero en las comparecencias de alto contenido histórico de ex primeros mandatarios en foros y universidades de verano. El compañero de “running”, Julio Martínez, al parecer ha encargado el libro de Manuel Arroyo Stephens, “Pisando ceniza” (Turner, 2015), en que se cita a José Bergamín, “uno se puede desdecir de lo que ha dicho, lo que no se puede es deshacer lo que ha hecho”.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.