Ayuso ante Vox, el riesgo de morir en el oficio de vivir
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
La vicepresidencia de Vox en el gobierno de la Junta de Andalucía, con sus variantes y vectores, en la persona de Manuel Gavira, que le convierte en clave de bóveda de toda la labor de gobierno, que mece la cuna con vaivén melódico de la prioridad nacional como himno y sinfonía de todas las músicas, contiene o puede contener un riesgo de mimetismo que pudiera ensancharse a otros niveles de representación. Sin ir más lejos, en la cercanía de la puerta del Sol, sede de la Comunidad de Madrid.
La adaptación al medio que viene enarbolando Feijóo, con esa normalización de la relación con Vox, emanada necesariamente de la virtud de las encuestas que no aciertan a ver otra alternativa al gobierno de coalición de Sánchez que la suma de los escaños de PP y Vox, es una consecuencia del volcado de la conjetura a la herramienta del cribado de la realidad. Máxime cuando el propio Moreno Bonilla, abofeteado por los números de Vox en Andalucía, no ha tenido más salida que la formación de un gobierno con presencia preeminente de la fuerza reaccionaria de Vox, final del largo capítulo de elecciones autonómicas convocadas por capricho de la dirección del PP o por obligación de calendario electoral, como en Andalucía. El caso es que, de diciembre a julio, Vox ha reafirmado sus siglas como una obligación contractual en la relación con el Partido Popular, uncidos ambos como carreta y bueyes a la función tractora de los ejecutivos de las autonomías, con proyección indiscutible hacia las elecciones generales sobre cuya celebración se barajan fechas antes o después de los comicios municipales y de autonomías, designados de largo en mayo de 2027.
En ese almanaque también tiene cabida la comunidad de Madrid, donde Ayuso ejerce no solo de ejecutante de designios de gobierno sobre los madrileños, sino que desde su concepción de distrito federal y rompeolas de todas las Españas, dirige su verbalidad de invectiva y artillería contra el gobierno de Sánchez como una de las primeras obligaciones de todas y cada una de sus consejerías. Pues bien, a tenor de las alboreadoras encuestas que se manejan en este muy previo verano hasta el próximo mayo la mayoría de Ayuso es una posibilidad que solamente maneja con criterio científico la propia Ayuso, lo que resta mucha verosimilitud al trance. De producirse en Madrid lo sucedido en el palacio de San Telmo sevillano, el gesto de contención profesional de Moreno Bonilla se podría convertir en el caso de Ayuso en contrariedad máxima con riesgo de explosión infartante para los futuros más o menos imperfectos de la presidenta madrileña.
Los planes de Ayuso, crecidos desde la foto de la ventanita de Génova en mayo de 2019 cuando CS y Vox alumbraron la estrella de aquella epifanía increíble, no son otros que la dominación de España, en la que caben también Madrid, Chamberí y Sotillo de la Adrada. Vox, con o sin la ayuda magnética de Trump y sus estelares apariciones en escena, identifica el descontento de un veinte por ciento de españoles cuya insatisfacción consiste en rechazar a Pedro Sánchez pero también a Feijóo. La traducción a las urnas de esos afectos a Santiago Abascal proporciona un poder en el juego de sumas y restas que perjudican y benefician. Lo segundo, en el caso de Madrid, podría ser la voluntad de poder en el gobierno autónomo. Lo primero, en línea con los perjucios, sería el descenso del nivel de efluvio de Ayuso a límites jamás conocidos por esta encarnación de la defensa de lo propio por encima de todo los demás.
Hasta el momento, ni Ayuso ni su capitán de estrategia Miguel Ángel Rodríguez conciben el préstamo de facultades algunas a nadie, ni siquiera a Vox, interpelado como fuerza advenediza en la supremacía de la libertad tal y como la entienden en la sede de la Puerta del Sol, como arma cargada de futuro, el mismo que pasa por la habitabilidad de la Moncloa por la actual presidenta de Madrid. El mapa electoral que venía en el vademécum de Moreno Bonilla en mayo no se parece en nada al de julio, pero el presidente andaluz, con formato express, ha tomado la decisión de gobernar con Vox de una manera prácticamente fraternal con la ayuda de la necesaria familiarización impuesta por esa asignatura inaprobable de la prioridad nacional a través de esa otra que pone arraigo en los libros.
La lideresa madrileña, muy encantada de atesorar el epígrafe de Esperanza Aguirre, ve la posibilidad de reojo de atender a dos némesis por el precio de uno, Sánchez y Abascal, tan querido este último por los electores venidos del Sur, pero de América, nada de nietos genealógicos, surgidos de la espontaneidad de Milei y sus bricolajes y habilidades políticas. Todavía en trance de sobrevivir con abundancia de votos, Ayuso podría verse en la situación enmarcada magistralmente por Claudio Magris, en “Instantáneas” (Anagrama, 2020), “morir forma parte de los obvios riesgos del oficio de vivir”.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.
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