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¿Ajedrez con peones atómicos?


(Tiempo de lectura: 6 - 11 minutos)

Cuando se desmiente que el azúcar va a subir es que va a ocurrir todo lo contrario. Trump ha negado que pretenda una Arabia Saudí con armas nucleares; que lo firmado es un acuerdo de cooperación nuclear civil (lo que respecto a Irán sí es peligroso). No obstante, The Wall Street Journal (la "Biblia" para parte del mundo) ha señalado que el pacto facilita que Arabia Saudí pueda enriquecer uranio en el futuro. Se ha asegurado que tal acuerdo fomenta una nueva carrera de armamentos. ¿Significa que el conflicto con Irán puede extenderse más allá? ¿Qué dice de verdad Israel? ¿Se conformará con un simple reconocimiento?

En los tiempos que corren no estaría mal recordar obras que en su momento tuvieron un gran éxito, como “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”, de Blasco Ibáñez. Alegato contra la Gran Guerra y sus provocadores, tuvo en su momento un gran éxito, sobre todo en EE. UU., que había asistido al partido desde las gradas. Novecientos mil ejemplares vendidos en ese país. La segunda parte de la novela comienza describiendo las sorpresas que de un día para otro (tropas alemanas en territorio francés) causa la guerra: separaciones familiares, pérdida del medio de vida, de la vivienda, saqueos, confiscaciones, hambre (un bocadillo por una moneda de oro), fusilamientos, violencia sin límites. En definitiva, lo inimaginable si no nos informamos suficientemente.

Otro tanto ocurre con la historia. Ya no interesa encontrar la justicia y la veracidad mediante la secuencia de los hechos. Se prefiere leer sin conexión con el pasado, desvinculados los efectos de las causas, anuladas las sedimentaciones, aceptadas las incoherencias, indiferentes a sospechosos parcialismos o incongruencias. Sin embargo, habría que leerla o releerla para recuperar el camino perdido, sobre todo ahora que los poderes comienzan a mostrarse crudamente descarnados. Parece que, olvidados los horrores acontecidos, no se teme volver a ellos.

Las razones del poder mundial han cambiado tan poco que leer a Mackinder o a Spykman orienta adecuadamente sobre muchas oscuridades que apartan del sentimiento de paz. Dice el primero: "Quien gobierne el Heartland dominará la Isla-Mundial; quien gobierne la Isla-Mundial controlará el mundo" (1904). El Heartland es el territorio que va desde Europa Oriental hasta Asia central. Spykman, contradiciéndole (1944), afirma que "…quien controla el Rimland domina Eurasia; quien domina Eurasia controla los destinos del mundo". El Rimland son los países costeros y periféricos de Eurasia. ¿Elucubraciones intelectuales? No, así piensan los imperios… y no lo ocultan. Es decir, que textos del siglo XX (dos guerras mundiales, dos bombas atómicas, una guerra fría, un movimiento geoestratégico muy peligroso, más guerras que nunca) no parecen nada desfasados.

Junto a los teóricos citados tenemos al alemán Karl Haushofer que en su monumental obra Geopolítica del océano Pacífico (1924) plantea una relación continental entre Europa, toda, India, China y Japón. Frente al poder marítimo de Gran Bretaña (el mar, la talasocracia), el poder euroasiático (el continente, la telurocracia). Quizás esta visión se deba al tiempo en que fue concebida: la reciente derrota de su país, Alemania, y un conocimiento especial (era militar y geógrafo) sobre el extremo oriental. Un adelantado en su tiempo.

Como decíamos, no perder la secuencia es fundamental para comprender qué sucede; no hay que perder la concatenación entre 2026, 2022, 2014, 2004, 1991, 1962, 1949, 1945, 1941, 1939, 1938, 1933, 1918, 1914 y así sucesivamente. La IGM significó el ocaso del imperio británico y el comienzo de la ascensión norteamericana. Estados Unidos acaparaba en 1913 el 26% de las reservas mundiales de oro para fines monetarios; en 1918 (fin de la IGM) llegaba hasta el 39%. Este poder se consolidará en 1945 (fin de la IIGM) al haber salido indemnes de la guerra (400 mil muertos de sesenta millones, y su territorio intocado), al contrario de los demás contendientes con millones de muertos y cientos de miles de ciudades e industrias arrasadas. Se ha estimado que en 1950 Estados Unidos podría haber concentrado hasta el 45% (hay quienes sostienen que el 60%) de la producción manufacturera global. Por el contrario, no es de conocimiento general que China había tenido veinte millones de muertos.

Sobre el malogrado Nixon (doctrina Nixon o de Guam) cabe abrir un paréntesis en esta línea temporal. Posiblemente la ola de “ejemplaridad” desatada contra él (¿quién era Garganta profunda?) obedeció más bien a su pensamiento al afirmar que su país ya no se encontraba en una posición de supremacía absoluta, y que “enfrentaba una situación donde otros cuatro poderes tienen la habilidad de desafiarnos en cada frente” (1971). Los cuatro poderes eran Europa occidental, Japón, URSS y China. Añadiría: “Pienso que será un mundo más seguro y uno mejor si tenemos unos fuertes y saludables Estados Unidos, Europa, URSS, China y Japón, cada uno equilibrando al otro". Después Carter imprimió otro giro por el cual “Estados Unidos usaría la fuerza militar, de ser necesario, para defender sus intereses nacionales en (sic) el Golfo Pérsico”. Se abría el arco de culpabilidades ajenas y agresiones sospechadas.

Alcides Gómez Jiménez, con “China: la reconstrucción de una potencia”, nos orienta en esta senda y ofrece una perspectiva histórica poco conocida: "…el Reino Unido, cuna de la revolución industrial, que se diera a partir del segundo cuarto del siglo XVIII, tenía en 1820 una economía cuyo tamaño era apenas del 5.2% del PIB mundial y apenas representaba una sexta parte del PIB de China en ese año". Que este país sumara entonces más del 30% del PIB mundial, aparte de ocupar entre el siglo XVI y principios del XIX una posición central, nos suena a chino, pero no es lo mismo nacer que despertar.

Siguiendo con teorizaciones que luego se plasman en la realidad, sobresale Brzezinski con su conocido libro “El gran tablero mundial: La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos” (1997). El autor sitúa el eje de la geopolítica en la masa continental euroasiática, donde se concentra la mayor parte de los recursos naturales, de la actividad económica del planeta y de la población (puro Mackinder). Sostiene que "… las ampliaciones de Europa y de la OTAN servirán tanto a los objetivos a corto como a más largo plazo de la política americana. Una Europa más vasta permitiría reducir el alcance de la influencia americana sin crear al mismo tiempo una Europa tan integrada políticamente que pudiera competir con los EE UU en las regiones importantes para ellos". Un párrafo ambivalente que aconseja que los EE. UU. se alejen, pero con mecanismos que puedan reforzar o debilitar a Europa a conveniencia. Es decir, EE. UU. no mira hacia un único objetivo, su mirada es polivalente.

Frente a esta estrategia de control institucional, entre 2001 y 2005 sobresale Wolfowitz con su doctrina hegemonista, unilateralista —al punto de considerar sospechosos de rivalidad a aliados como Europa Occidental o Japón— y justificativa de las guerras preventivas contra potenciales amenazas. Criticado por radical en los noventa, este planteamiento fue resucitado tras el 11 de septiembre de 2001 para justificar la invasión de Irak al grito santo de “Conmoción y Pavor".

Naturalmente, los datos del pasado hay que equilibrarlos con los del presente (o casi) para no caer en mecanicismos históricos. James Wolfensohn, antiguo presidente del Banco Mundial, estimó en 2010 que para 2030, dos tercios de la clase media del mundo estarían en China. Un apetitoso mercado para quienes prefieren los beneficios de los negocios a los gastos de las guerras.

Hoy, China está a la cabeza si medimos su PIB PPA. Pero parece que hay quienes prefieren la hecatombe a aceptar pacíficamente la evidencia de los hechos, tal como se hizo con ellos en sus mejores momentos. ¿Hubiera tenido sentido un desastre nuclear para aguar la fiesta de los EE. UU.? El Economista, de 29 de mayo de 2023, advertía que “las probabilidades de que estalle una guerra entre Estados Unidos (EE. UU.) y China en torno a Taiwán crecen rápidamente".

La búsqueda del pivote central se ha desarrollado sobre actores fijos pero equilibrios cambiantes: EE. UU. más China frente a la URSS (viaje de Nixon a Pekín en 1972). Más tarde, EE. UU. más Rusia frente a China (Clinton–Yeltsin en un primer momento). La ingenua pretensión de Gorbachov y Haushofer de una “casa común” europea tropezaría con los intereses de EE. UU. Europa sólo es concebible dividida en su totalidad y unida a trozos. Sería casual aquello de Bush de las dos Europas: la vieja y la nueva; la nórdica y la mediterránea; la oriental y la occidental; la laboriosa y la perezosa (en contra de todas las estadísticas honradas: a más retraso social y laboral, más horas de trabajo).Entre 1991 a 2023 se da la ampliación de la Alianza Atlántica, con varias levas: 1999, 2004, 2009, 2017, 2020, 2023, 2024, más los proyectos pendientes de Georgia y Ucrania. Estas incorporaciones más que un certificado de seguridad pueden ser una espoleta encendida.

En 2009 Obama llega a la presidencia de EE. UU. (dos mandatos). “Entre sus prioridades –según el Foro Económico Mundial– estaba la de dar un giro estratégico hacia Asia-Pacífico. Obama se proclama primer presidente de los Estados Unidos en el Pacífico... China se convierte en un factor directo... (hay que) contener el surgimiento de China…”. Biden, entre los dos Trumps, representó el regreso a las alianzas y al choque de bloques. Regresado Trump, el juego a tres pretende cambiar de signo: EE. UU. más Rusia frente a China. Su carácter es inicialmente comercial… hasta que se desdijo por antepenúltima vez. Hoy tenemos a Groenlandia, UE, Ucrania, Rusia, Palestina, Irán, Arabia Saudita, China, en el candelero. Todo el arco de Spykman queriendo contener la nueva Ruta de la Seda.

Hecho sorprendente es que frente a la actual sensación de un solo pensamiento, hubo y hay voces norteamericanas discrepantes que en nada representaron al sector paloma. Kennan, defensor de la política de contención durante la Guerra Fría, en 1997 escribía: "… expandir la OTAN sería el error más fatídico de la política estadounidense en toda la era posterior a la Guerra Fría. Se puede esperar que tal decisión inflame las tendencias nacionalistas, antioccidentales y militaristas en la opinión rusa… impulsar la política exterior rusa en direcciones que decididamente no son de nuestro agrado…". En 1998 añadiría: “Creo que es el comienzo de una nueva guerra fría… Creo que es un error trágico. No había ninguna razón para esto en absoluto. Nadie estaba amenazando a nadie más…”.El propio Brzezinski, más viejo, más experto, se contradice y poco antes de morir (2017) sostiene que "La solución definitiva para Ucrania sería convertirse en algo así como Finlandia con respecto a Rusia; es decir, mantener una relación en la que haya tanto relaciones económicas abiertas con Moscú como conexiones en expansión con la Unión Europea, pero sin participar en ninguna alianza militar". No imaginó que Finlandia abandonaría su segura neutralidad.

Por su parte, Kissinger escribió en The Spectator (1 de diciembre de 2022) que: “Es hora de negociaciones de paz en Ucrania para reducir el riesgo de otra guerra mundial devastadora, pues los sueños de desmantelar a Rusia podrían desencadenar un caos nuclear”.

Finalizando, de todas las reflexiones recogidas destacan por su gravedad dos: una de Kissinger: “sueños de desmantelar a Rusia”. La otra sobre las reuniones atlánticas, donde se acordó la idea de abrir un nuevo frente con China. ¿Es sensato pretender desmantelar una primera potencia nuclear y a la vez atacar a la primera o segunda potencia de la que de momento se depende económicamente? Esas interpretaciones a la luz del presente ¿no deberían llevarnos a la conclusión de que se pueden prever los movimientos telúricos, pero no alterar las placas tectónicas? Deberíamos ejercitarnos más en el pensamiento dialéctico. En “La nueva participación de China en el entorno global. Un ejercicio de soft power”, Pang Shongying recuerda los peligros que corre la UE junto a los principios de China de no liderazgo, no alineamiento, no interferencias. Este autor escribe en The National Interest, de Washington, y pertenece al comité editorial de Globalizations, de Londres. Es decir, nada sospechoso.

Dice un proverbio que mientras los hombres sabios construyen puentes, los necios, muros. Nosotros no sabemos si puentes o muros, pero sí que los oídos han de estar siempre limpios.


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