De un tiempo y un lugar
- Escrito por Juan Antonio Palacios Escobar
- Publicado en Opinión
Historias de la dictadura De personas olvidadas y vidas perdidas, sin presentes reales ni proyectos frustrados que la ausencia de libertades convirtieran en un camino de espinas, en el que no solo no se podía expresar lo que se creía sino que pretendían que no pensáramos. Pero eso no puede impedirlo ningún régimen autoritario, por muy sangriento que haya sido el franquismo.
Los personajes de esta historia eran Antonio y Lucía, dos niños de apenas seis años, cuando corría la década de los cincuenta del pasado siglo XX, cuyas familias habían sufrido desde la persecución hasta la pena de muerte, pasado por el exilio, y que sabían bien lo que era la falta de libertades y derechos.
Con sus juegos imaginaban otros mundos, y a pesar de que sus mayores guardaban silencio sobre cosas de las que no se podía hablar, mientras Antonio y Lucía hacían lo que querían y como querían, transgrediendo los límites de aquel tiempo, de aquel espacio, incluso de su propia identidad en un bonito y famoso pueblo de la sierra gaditana, llamado Ubrique.
En el portal de su casa, ubicada en el centro del pueblo, en una época que apenas circulaban coches, montaban su teatrillo, en el que imaginaban, realizaban, creaban e interpretaban sus deseos en un cambio papeles, que les hacia situarse continuamente en los distintos puntos, historias que podían tener un final feliz en lo imaginado pero negativo en lo real.
No entendían muy bien los prolongados silencios de sus mayores o las conversaciones apenas audibles, como si fueran un murmullo, o esa búsqueda en el dial de la radio de baquelita de una emisora que emitía bajo el nombre de Radio España Independiente, estación Pirenaica, en la que personajes políticos desde el exterior nos hablaban de las libertades que carecíamos y que estaba próxima nuestra liberación y el fin del dictador, que supondría la llegada de la democracia a España, aunque Franco finalmente murió en la cama de un hospital en 1975.
Durante el tiempo que fueron a la “aborrecida” escuela que retrataba en su poesía Antonio Machado, repetían una y otra vez aquellas tediosas cantinelas para, memorizar lo que nadie le había explicado y más tarde al Instituto, hasta que un día tras terminar el preuniversitario y gracias al trabajo de sus padres, fueron los primeros de sus familias que fueron a la Universidad y lograron licenciarse en Historia y Lengua y Literatura.
Antonio y Lucía habían tomado conciencia de la necesidad de que su País, España, tenía que cambiar, de alcanzar una democracia y un sistema de derechos y libertades, un día de Noviembre, el dictador se fue para siempre, pero ahora quedaba lo más difícil, había que construir una sociedad moderna e incorporarla al mundo.
Hoy Antonio y Lucía, son dos ancianos septuagenarios, que siguen con ganas de luchar, reclamando una pensión digna, reclamando unos servicios públicos decentes y que funcionen, y miran hacia atrás sin rencor, pero reclamando la justicia que supone que se cumplan los preceptos de la ley de Memoria democrática, tomando como referencia las luchas individuales y colectivas de los hombres y las mujeres de España por la conquista de los derechos y libertades.
Todavía, a pesar de sus años, guardan ilusiones para que sus hijos y nietos puedan realizarlos y sean protagonistas de un tiempo y un lugar, pero ellos ni quieren volverse invisibles y exigen todo el respeto y afecto que se han ganado.
Ya en 2023 , en pleno siglo XXI, algo estaba ocurriendo que les tenían preocupados, y en ocasiones indignados y rebelados, porque de nuevo aparecían en nuestra historia, la de España, los excluyentes, aquellos que creen que nuestro País es su patrimonio e ignoran y rechazan al diferente.