La hora de la verdad
¿De verdad nos están diciendo hoy los responsables de este procés que empezó hace cinco años que todo era una especie de juego de ilusionismo para llegar a no se sabe dónde?
- Publicado en Opinión
- Escrito por Pere Navarro
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¿De verdad nos están diciendo hoy los responsables de este procés que empezó hace cinco años que todo era una especie de juego de ilusionismo para llegar a no se sabe dónde?
En esta semana se conmemoran dos acontecimientos claves en el devenir de nuestra historia. Fueron días de proclamación y funeral. Muere Franco (20N) entubado en una cama del hospital La Paz y las Cortes proclaman jefe de Estado a título de rey a Juan Carlos de Borbón (22N). El dictador, en su atado y bien atado, impuso una «monarquía del Movimiento». El rey ni juró ni prometió la actual Constitución; solo la sancionó, porque su poder era previo a la democracia. Fueron días de preludio a la Transición.
Si algo caracteriza a esta sociedad es que vivimos en un mar de noticias. Cada día se producen decenas de ellas, lo que sucede es que unas tienen más importancia que otras, ¿por qué?, ¿quién hace la selección? Para encontrar la respuesta vamos a darle una vuelta al pasado reciente para ver qué es lo que ha estado en auge y qué no.
En los últimos años, el llamado “procés” ha impedido que en Cataluña la política sirviera para algo constructivo.
Nos es bien conocido aquello de que lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no termina de nacer. Y puede que sea la frase más acertada para describir lo que, en mi opinión, sucede en nuestra actualidad. La de una España que tiene un problema serio: porque el continente no tiene ya lugar para su contenido. Porque sus costuras está comenzando a estallar y deja así entrever sus carnes, sus débiles costuras.
Fue un 14 de noviembre de 1975, cuando el Estado español condenó a todo un pueblo al exilio, al refugio, a la ocupación y a la guerra. España abandonó al Sahara a su suerte. El conflicto, que surgió tras una descolonización precipitada, por las circunstancias de la política española del momento −una dictadura agonizante, desprestigio internacional y la llegada de la monarquía−, sigue teniendo difícil solución: por los intereses geoestratégicos, el poco interés de España, escasa o nula posición resolutiva de la ONU y los intereses de Marruecos, que los defiende sin concesiones.
En un momento excepcional de la política catalana, el PSC es el partido que está ofreciendo la única salida razonable al actual problema político en el que nos hallamos inmersos.
El nacionalismo no es lo que parece; no es lo que los nacionalistas catalanes se esfuerzan en hacernos creer. En origen, el nacionalismo no indica un conflicto entre territorios, sino que delata un problema dentro del territorio irredento, pues expresa un conflicto por el poder como el que puede existir en otros territorios, pero exacerbado hasta el fanatismo, conflicto que los partidos nacionalistas tratan de resolver al proyectarlo hacia el exterior y convertirlo en un problema con el resto del país y particularmente con el Estado.
«Si el estado democrático renuncia al sostenimiento de una legalidad igualadora los débiles se quedan a merced de los fuertes y los bárbaros o los brutos o los corruptos prevalecen sobre las personas honradas, las personas que por ser pacíficas carecen de recursos o de agresividad para defenderse por su cuenta.» (Antonio Muñoz Molina: Todo lo que era sólido).
«Persistiremos en la lucha antiimperialista, en defensa de nuestra independencia y guardaremos eterna lealtad al legado de José Martí y de Fidel Castro Ruz». Así defendía el canciller cubano Bruno Rodríguez, ante las Naciones Unidas, la presentación del proyecto anual sobre el bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por Estados Unidos contra la isla.
La Declaración de Granada, que elaboramos después de un intenso proceso de debate y responsabilidad, puede ser una valiosa aportación a ese nuevo espacio de consenso que hay que crear
Ya he escrito sobre aquel 28 de octubre de 1982; permítanme que vuelva a recordar el momento. Se celebraron elecciones generales anticipadas, las terceras desde el comienzo de la Transición. El Partido Socialista Obrero de España, liderado por Felipe González, consiguió la mayoría absoluta en el Congreso, con 202 escaños, el 48,11% de los votos y 134 senadores. El PSOE ya había ganado otras elecciones durante la Segunda República, pero esa es otra historia.
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