Defensa del optimismo
“El optimismo, el alegre optimismo… ¿Y qué? ¿Se sabe de algún filósofo pesimista que haya hecho algo bueno? ¡Qué fácil es ponerle peros a las cosas y ser pesimista! El pesimismo es la brigada de obreros que derriba; el optimismo es la brigada que construye. La misma mano esgrime el pico o la paleta; pero el mismo espíritu, no. ¡El alegre crear! ¡El doloroso destruir! Cuando Dios hizo el mundo vió que era bueno; pero apenas lo concluyó empezó a ponerle peros: todo Dios que no tiene nada que hacer se dedica a poner peros a las cosas. ¿Quién engendra felizmente que lo haga con tristeza? ¿Y a quién le amarga la vida que no haga un gesto triste? El optimismo es acertar a ver cómo sonríe el horizonte; pura ser pesimista no hay que pensar siquiera con ser cazurro, basta. Y con no haber hecho nada. también; con no haber traído ni un ladrillo a la obra. Para ser optimista hay que estar sano, lo cual es, muchas veces, resultado de una perseverante voluntad; y el pesimismo radica casi siempre en el estómago o el hígado: pura tenerlos lesionados no hay que hacer nada; dejarse trabajar por cualquier vicio fácil, y es suficiente. El optimismo es inocente: he aquí su quiebra, a juicio de los experimentados. No es fácil tampoco ser inocente; bastante más difícil que ser un fracasado, que es lo que suelen ser el ochenta por ciento de los que presumen de experiencia. No nos sirve, pues, el pesimismo; no haremos nada práctico con pesimismo. Seamos optimistas, seamos inocentes, aunque nos motejen de ingenuos los avisados que se juzgan en todo al cabo de la calle.
- Publicado en Déjà Vu