Los griegos. Heráclito. XXIV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
No es de extrañar que Karl Jaspers, denominara a este fecundo periodo como “tiempo-eje” (Achsenzeit), en el que coinciden un conjunto de saberes, en distintos lugares del planeta, que han cimentado, el decurso posterior de la humanidad.
La novedad de esta época, estriba en que el ser humano – desde diversas culturas que confluyen, a pesar de estar alejadas unas de otras – se elevó a la conciencia de la totalidad de lo que hay, cuestionando el estatuto onto-epistémico, de cuanto le rodeaba
– amén del suyo propio – lo que le permitió tomar conciencia, tanto de lo que puede, como de lo que le sobrepasa.
“Nótese que en esa época, se constituyen las categorías fundamentales, con las cuales todavía pensamos y, se inician las religiones mundiales, de las cuales, todavía, viven los hombres. En todos los sentidos, se pone el pie en lo universal… Por primera vez hay filósofos. Los hombres se atreven a considerarse como individuos. Pensadores eremitas y trashumantes de China, ascetas en la India, filósofos en Grecia, profetas en Israel, se corresponden unos con otros, por mucho que se diferencien en creencias, contenido y constitución íntima”.
En nuestra cultura occidental, la impronta del tiempo-eje, aparece plasmada en la idea de λόỳос y, en la posibilidad que el hombre tiene, de participar de él. El λόỳос es razón del orden universal para los filósofos y, es el “Verbum”, Dios mismo, para los cristianos. La comunidad en el λόỳос, es aquello que hace al hombre “animal racional”, según Aristóteles. Se trata de algo que poseen todos los hombres, pero que los transciende a un tiempo, que no puede quedar apro-piado por una persona, ni tampoco por una ciudad-estado, puesto que corresponde a la totalidad, de los hombres que viven “despiertos”.
Ciertamente, hoy sabemos “más” que los griegos, pero esto se debe, a que nos hemos propuesto, saber “sobre menos”. La filosofía nació con una vocación sinóptica. Su cometido siempre ha sido, elaborar “mapas de la realidad”, como reconoce Salvador Pániker, lo que puede comprobarse desde Platón y Aristóteles en adelante. No debe tener miedo, por tanto, a la comunicación con otros saberes, siempre que esto no implique, una pérdida de su especificidad, ni la abjuración del uso de la estricta razón, por los sentidos apuntalada… Pero no se trata de buscar un principio unitario, de todos los conocimientos (que no es posible, ni acaso deseable), si no de aspirar a una comunicación en lo esencial, entre todos los saberes, entreverando los resultados de unos con los de otros, en las encrucijadas de la verdad, sobre la base de un “pensamiento complejo”.
Las grandes cuestiones, siempre se renuevan, sin dejar de ser las mismas; tampoco encuentran respuestas acabadas o tajantes.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.