Los griegos. Heráclito. IX
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
El estudio de la “naturaleza”, nos ha obligado a enfrentarnos, con un concepto extraordinariamente extenso y no menos intenso, en el que no sólo tiene cabida el mundo, sino también el hombre y lo divino, en relaciones fecundas de ida y vuelta. Para acometer esta empresa, nos hemos servido, como recurso hermeneútico, de las ideas de “oposición y relación”, que permiten trabar y explicar, todos los aspectos de la naturaleza, dentro de una perspectiva que llamamos “eco-enantio-lógica”, en sentido etimológico, por la importancia que tienen, tanto una como otra, dentro del pensamiento de Heráclito.
Aquí radica la especificidad de su filosofía, en el protagonismo que adquiere el plano lógico, pues no solo incide, sobre el plano físico, sino que además lo determina. La naturaleza, por tanto, se despliega fundamentalmente como “fuego” (plano físico) y como relación/oposición (plano lógico o “eco-enantio-lógico) en el horizonte del tiempo y el devenir, donde todas las cosas aparecen y desaparecen de un modo incesante, a la par que inocente y amoral.
Los primeros filósofos buscaron un primer principio, que fuera sumamente sutil (así, el “agua” de Tales, el “ápeiron” -principio u origen (arché) de todas las cosas -, de Anaximandro, o el “aire” de Anaxímenes). En este contexto suele situarse la filosofía de Heráclito: para el Efesio, la naturaleza es un proceso ígneo incesante pero estable, que da lugar a todas las cosas, sin perder por ello su “mismidad”, puesto que el fuego no desaparece en sus determinaciones, sino que simplemente se “oculta”, de suerte que permanece “invisible”, en cada una de ellas. Sólo así se comprende, que la unidad pueda ser, al mismo tiempo, multiplicidad y, al contrario. Ciertamente, nos encontramos, ante la misma intuición que tuvieron los milesios, pero entendemos que la potencia, de la filosofía heraclítea, no reside en su concepción del fuego.
Heráclito postuló un gran juego cosmológico, donde tanto el “orden” como el “desorden” (en ineludible interacción) son necesarios, para la organización del cosmos. Ahí radica la potencia de la “armonía” de los contrarios, como reconocieron Nicolas de Cusa, Hegel, o Marx, entre otros. A este respecto, Hegel merece una especial mención. Es sabido que concebía una razón, esencialmente contradictoria, como lo real mismo, que no existe ni es conocido por entero al mismo tiempo, sino a lo largo del tiempo, en un proceso “dialéctico”. No habrá pensamiento verdadero, que no sea dialéctico, esto es, que no asuma, “superando”, las contradicciones de lo real. En opinión de Hegel, Heráclito fue el primero en reconocer la dialéctica como principio. Aquí radica, también, la principal diferencia entre ambos: para Heráclito, las contradicciones de lo real, que ya es como tiene que ser, son insuperables; pero Heráclito atina, al romper el círculo del tiempo presocrático, por medio de una espiral que permite a lo real, asumir lo anterior, a la vez que transcenderlo. No se olvide, además, que Hegel es uno de los pensadores, que más ha contribuido, al estudio de los presocráticos, dotándoles de una actualidad que no han tenido antes, ni se ha perdido después.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.