El átomo. El cristianismo primitivo medieval. V
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Nos queda por ver un desacuerdo, a la vez muy particular y muy importante – para algunos el más importante – que separa a los cristianos de los atomistas. No referimos al problema de la Eucaristía. Podemos precisar de qué problema se trata citando, para empezar, lo que dice el Evangelio: “Mientras comían, Jesús cogió un trozo de pan y, después de dar las gracias, lo partió y se los dio, diciendo: ‘Tomad; este es mi cuerpo’. Cogiendo luego una copa y, después de darles las gracias se las dio y, todos bebieron de ella. Y les dijo. Y les dijo: ‘Esta es mi sangre, la sangre de la alianza, que será derramada por muchos”. “Cogió luego un trozo de pan y, después de darles las gracias, lo partió y se los dio, diciendo: ‘Este es mi cuerpo, que os es dado a vosotros; haced esto en memoria mía’. Y tomó la copa después de la cena diciendo: ‘Esta copa es la nueva alianza en mi sangre, derramada por vosotros”.
Son estas palabras, las que están en el origen, de uno de los aspectos, más espinosos y duraderos, del conflicto entre las enseñanzas de la Iglesia y, la de los atomistas. En efecto, la teoría atómica parecía estar en una contradicción insuperable, con la proposición filosófico-teológica, que introdujo la Iglesia, con vistas a interpretar el misterio eucarístico. El delicado problema, con el que se enfrentaba la Iglesia, era el de dar una explicación coherente, con la imagen del mundo físico que había adoptado, conservando al mismo tiempo, el carácter milagroso de la Eucaristía. El misterio, que consiste en la transformación del pan y del vino, en el cuerpo y la sangre de Cristo, recibió, en el Concilio de Letrán, en 1215, la denominación de “transubstanciación” y, fue proclamado como dogma, en el Concilio de Trento en 1563.
La interpretación apropiada, de la naturaleza de este misterio, debatida desde los tiempos de San Agustín, recibe su formulación más sofisticada, en los escritos de Tomás de Aquino, siete siglos más tarde. Se basa en la teoría del hilemorfismo de Aristóteles y, constituye un ejemplo, particularmente importante, del éxito que iba a tener la asociación doctrinal, entre las enseñanzas de la Iglesia y, el aristotelismo, operada por el Doctor Angélico.
¿Cuál es el fondo del problema? Según el autor de una obra, en la que se analiza en detalle el tema, “la transubstanciación, era el único dogma que convertía en flagrante, la antinomia entre el testimonio de los sentidos y, la afirmación de la fe doctrinal. El dogma arranca, en efecto, con unos fenómenos sensibles (color, sabor, olor) y unas propiedades mecánicas y químicas, idénticas a las de la experiencia de cada día, pero, más allá de esta similaridad de la experiencia, postula un cambio radical, de la sustancia del pan y del vino consagrados… No era, por tanto, difícil prever, que esto provocaría víctimas entre los filósofos y los científicos”. Y, efectivamente, hubo muchas víctimas.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.