El átomo y los atomistas. X
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
Según Epicuro, los errores solamente se dan, al nivel de la interpretación, en el poder de discernimiento de la mente. Por ejemplo, la audición, se debe a unas partículas corporales, formadas por cierto número de átomos, que impactan en la oreja y, las variaciones sonoras se explican, por las diferencias de forma de los átomos, que constituyen estas partículas.
En este proceso interactivo, se atribuye un papel especialmente importante, a los “simulacros”, emanaciones materiales procedentes de la superficie de los objetos que son, de algún modo, como réplicas muy finas de los mismos y, que nos proporcionan información directa, sobre el aspecto externo de dichos objetos, de su forma y su contorno.
Particularmente interesante, es el rol conferido a los simulacros, en las visione mentales y en los sueños. En palabras de Lucrecio: “De entrada, digo esto: una miríada de simulacros de diferente tipo, yerran en todas direcciones, por todos lados, simulacros tenues que, cuando se encuentran, se fusionan en el aire sin dificultad, unos con otros, como las telas de araña u hojas de oro. Pues son, en efecto, de una textura mucho más fina, que los que golpean los ojos y, provocan la visión, cuando penetran a través de los poros del cuerpo, e impactan en la sustancia sutil del espíritu, cuya sensibilidad excitan. Es por ello que vemos centauros, monstruos marinos, cabezas de cerbero y, simulacros de muertos, cuyos huesos yacen sepultados bajo el suelo, porque toda clase de simulacros, son llevados de un lado a otro, por el aire. Ya que, por supuesto, no es de un ser vivo, de donde procede la imagen de un centauro, porque tal animal nunca ha existido, sino de la imagen de un caballo y la de un hombre, que se han encontrado por azar y, se ha fusionado una con otra, como ya hemos dicho antes, gracias a su naturaleza sutil y, a su fina textura. Todas las demás imágenes de este tipo, se forman de la misma manera y, como estas sutiles imágenes son llevadas, como ya he mostrado, con una movilidad y una ligereza extremas, cualquiera de ella es capaz, de afectar a nuestra mente, al menor choque, pues la propia mente es, en si misma, asombrosamente sutil y móvil.”
Las palabras de Lucrecio, en la cita precedente, sobre “la sustancia sutil de la mente”, nos llevan al concepto del alma, en la representación de los atomistas, esbozado por Demócrito y, sustancialmente desarrollado por Epicuro, para quien la idea de “clinamen”, desempeñará un papel particularmente importante y original, a la hora de introducir la posibilidad del libre arbitrio, en el comportamiento humano.
Al igual que en Demócrito, en Epicuro el alma es material, compuesta de los átomos más pequeños, lisos y redondos y, de una gran movilidad. Está “diseminada por todo el agregado que constituye nuestro cuerpo” y es, de hecho, lo que mantiene unidas entre sí, las diferentes partes de este cuerpo.
Pues eso.
(Continuará. )
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.