Incertidumbe. Un enigma. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
En la primera mitad del siglo XX, sería más exacto decir, que la ciencia había acumulado una plétora de átomos, todo los cuales realizaban tareas diferentes y sin una distinción clara entre ellos. Y en 1896 una nueva tarea había ido a engrosar el ya sobrecargado átomo.
El descubrimiento de la radiactividad por Henri Becquerel, ofrece un testimonio elocuente del poder de la buena fortuna. El primer día de enero de 1896, un físico alemán llamado Wilhem Röntgen envió a sus colegas de toda Europa, detalles de una asombrosa observación. Para demostrar su argumento, incluyó una fotografía de su mano, o, más bien, una imagen con un espeluznante parecido a los huesos de sus manos. Esta fue la primera imagen de rayos X del mundo, y causó sensación so solo entre los científicos, sino también en los periódicos, que se apresuraron a imprimir fotos de huesos, uñas incrustadas accidentalmente en miembros y, deformidades esqueléticas interinas de un tipo u otro.
El descubrimiento de Röntgen fue puramente accidental. Había detectado un extraño brillo en una pantalla fosforescente, cerca de un tubo de descarga eléctrica en su laboratorio y, al investigarlo, observó que cuando colocaba la mano, entre el tubo y la pantalla, hacía su aparición una sombra huesuda. Resultó que los físicos habían estado haciendo rayos X durante años sin saberlo. Cuando se extendió la noticia, los laboratorios de todo el mundo comenzaron a investigar esos rayos penetrantes invisibles. Rápidamente quedó establecido que eran una especie de radiación electromagnética, de longitud de onda más corta que la luz visible y la ultravioleta.
Alver las imágenes de rayos X, en una reunión de la Academia Francesa de las Ciencias en París, a principios de 1896, Henri Becquerel tuvo una corazonada. Era hijo y nieto de físicos distinguidos, todos ellos graduados de la École Polytechnique, todos miembros de la Académie Française, y todos, unos tras otro, habían ocupado la cátedra de física del Musée d’Histoire Naturelle. A su debido tiempo, el hijo de Henri, Jean, seguiría el mismo camino. Los numerosos Becquerel investigaron la electricidad, la química y la luz solar, entre otras cosas, pero un interés en particular se había convertido en tradición familiar. Todos estudiaron la fluorescencia, el fenómeno por el cual algunos minerales, tras ser expuestos a una fuerte luz solar, emiten una débil luminosidad propia, cuando se colocan a oscuras.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.