Incertidumbre. Partículas excitables. III
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Tribuna Libre
A Robert Brown le llamó la atención “el hecho tan inesperado de aparente vitalidad”, y no pudo evitar continuar investigando. Obtuvo polvo de muestras de plantas secas, algunas de más de un siglo de antigüedad. Rascó pequeños fragmentos de un trozo de madera petrificada. Todos esos minúsculos granos habían estado vivos en algún momento, pero ahora llevaban muertos bastante tiempo y, cualquier destello de vida se habría extinguido. Examinados al microscopio también se movían. Parra realizar una última comprobación, rascó polvo de un trozo de la Esfinge, a la que, como encargado del Museo Británico, tenía fácil acceso que presumiblemente consideraba como indiscutible e incuestionablemente muerta, teniendo en cuenta su procedencia.
Colocado en una gota de agua bajo la lente del microscopio, el ancestral polvo de la Esfinge bailoteó como todo lo demás.
Pero Brown, a través de una variedad de experimentos cuidadosos e ingeniosos, estableció que el movimiento incesante de todos estos diminutos fragmentos, no era ni el “movimiento animaculoso” que Leeuwenhoek y otros habían observado, ni un movimiento producido por la vibración o la turbulencia de suspensiones de fluidos, por acción del calor, o mediante influencias eléctricas o magnéticas.
Esto era contradictorio e incomprensible. Las partículas muertas de polvo no pueden obviamente moverse por voluntad propia, ni tampoco existía ninguna influencia externa que las empujara. Sin embargo, se movían con toda claridad. El propio Brown no hizo el menor intento de dar una explicación. Él era un escrupuloso botánico descriptivo, no un filósofo de la naturaleza y, como dijo Charles Darwin, “con él murieron muchas cosas, debido a su excesivo temor de no cometer nunca un error”.
Enfrentada a este dilema imposible, la ciencia tomó el camino de la prudencia e ignoró el “movimiento browniano” durante décadas. No había siquiera forma de imaginar qué significaba. Cualquiera que utilizara un microscopio conocía el movimiento browniano, al menos como una molestia de consideración, pero pocos leyeron con cuidado, lo que Brown había escrito sobre él.
A la muerte de Brown en 1858 unos cuantos científicos comenzaron a intuir, el camino hacia una comprensión del fenómeno. Como muchas veces sucede en la ciencia, las observaciones no se entendieron, hasta que una teoría arrojó cierta luz para comprenderlas. La teoría en este caso no era una idea nueva, sino una muy antigua que finalmente la ciencia halló la forma de comprender.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.